499 (2020), de Rodrigo Reyes

Cruel paralelismo

Por Mauro Lukasievicz

Hace unos años nos llegaba, desde Alemania, Ha vuelto (Er ist wieder da, 2015) una película en donde su director, David Wnendt, introducía un personaje histórico en la sociedad actual. El personaje era nada menos que Adolf Hitler, y si bien todo era en clave de comedia y sátira política, nos dejaba la reflexión sobre el miedo latente de que el nazismo sigue viviendo en una parte de los habitantes de dicho país y solo se encuentra dormida. Ahora, en 499, se nos presenta otra inmersión de un personaje histórico en la sociedad actual, pero quedando muy lejos de ser una comedia o sátira política.  

El director Rodrigo Reyes utiliza y mezcla ficción con documental para pasear a un conquistador del siglo XVI y que llega 500 años después al México contemporáneo y así brillantemente logra establecer un paralelismo entre el saqueo de la ciudad de Tenochtitlan y la realidad de muchos mexicanos modernos, cruel y dura realidad moderna. 

En el fantasmagórico clima de la película un llamado a la reflexión avanza acompañado por el uso de la narración en off, al igual que el conquistador quien se va acercando al centro de la ciudad mientras deja en el camino zonas montañosas, zonas desiertas y hasta clubes de striptease, e interactúa con los pobladores, inmigrantes y madres dolidas por los asesinatos de sus hijos, quienes dan testimonios de la violencia reinante, entre otros motivos por la llamada guerra contra las drogas.   

La utilización de una potente fotografía de ensueño, con aires de realismo mágico, nos permite vincular los signos de otros tiempos y sus cicatrices que ya deberían haber sanado, pero que tal vez solo se han olvidado o que al igual que en Ha vuelto solo se encuentran dormidos. Lo que logramos recoger de testimonios e historia es la incertidumbre de si estamos ante una población con deseos de paz, venganza o simplemente con ganas de olvidar y poder seguir adelante

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