Monologue (2020), de Maxim Eruzhenets

“Atractiva e hipnótica”

Por Sebastián Francisco Maydana.

En el centro de Veliki Nóvgorod, a doscientos kilómetros de San Petersburgo pero con una historia mil años más antigua, hay una pequeña iglesia de paredes blancas coronada por una de esas cúpulas en forma de cebolla características del país. Por dentro es tan discreta como por fuera, aunque aún conserva fragmentos de la obra pictórica de un Maestro bizantino, mudos testigos de bombardeos nazis y el saqueo de Iván el Terrible, entre otras tragedias. Otro Ivan, estudiante prodigio de la Academia Imperial de Artes de San Petersburgo, eligió pintar un momento de la historia de esta iglesia para su tesis de graduación, que pretende plasmar en un gigantesco lienzo de cinco metros de largo por dos de alto. Este documental introduce una cámara en su mundo/estudio para documentar de principio a fin el proceso.

Una tesis representa la culminación de un largo período preparatorio, en cambio una película documental es la promesa de mostrar algo que todavía no sucedió. Ambos son una especie de respuesta frente al tiempo, la película porque permite su repetición, la pintura porque lo congela y confina a un punto del espacio. El subtexto de Monologue es entonces la relación entre cine y arte plástico, mediada siempre por el inefable tiempo. El fast forward no es aquí un recurso para condensar en una hora un proceso de un año, para no aburrir al espectador; sino una declaración acerca del manejo que tiene el documentalista sobre el tiempo. Gracias a esta técnica aparecen en la película efectos insospechados, el lienzo parece latir, la obra pulsa con vida y con historia a medida que se va haciendo.

Alain Resnais comenzó su carrera documentando el proceso creativo de algunos pintores parisinos, buscando en el atelier la sustancia extática que da vida a las obras que exhiben, estáticas, los museos. Los directores de Monologue, Maxim Eruzhenets y Marina Kirakosyan, demuestran ser dignos herederos de esa tradición. Su película es una exploración profunda y pensada, y por ello no es un mero documento sino un verdadero documental, y uno que cumple su promesa. Es decir, muestra desde dentro el proceso creativo de una forma atractiva e hipnótica.

El mundo ampliado, lo que está más allá del pequeño estudio que le asignó la Academia y en el que apenas cabe el enorme lienzo, es traído con pinceladas precisas para completar el retrato de Ivan. Sus profesores y alumnos lo describen como talentoso y trabajador, con un futuro promisorio que todavía no empezó. Su familia y amigos fueron deliberadamente dejados fuera de la película. Incluso la palabra del pintor, sus reflexiones, son apenas salpicadas aquí y allá. Lo que importa es su monólogo interno, que es externalizado en su figuración de una revuelta histórica fuera de la iglesia de Veliki Nóvgorod, revelando mucho más de sí mismo que lo que podría hacer a través de una entrevista clásica y configurando un retrato documental que tiene poco de clásico.

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