Se escuchan aullidos (2020), de Julio Hernández Cordón

“Fantasmas aztecas”

Por Lucila Da Col.

El pasado evocado por el presente, encarnado en los paseos de una adolescente que recorre los espacios de la infancia de su padre y los resignifica con una mirada nueva. Minimalista y personal es el relato elaborado en Se escuchan aullidos de Julio Hernández Cordón que nuevamente visita sus fetiches fílmicos como la existencia juvenil, el deambular de sus personajes y los espacios marginales envestidos de una historia añeja que sale a flote en una estructura poética y reflexiva. 

Teoxococo es la ciudad de infancia del cineasta y allí vuelve en busca de sus propios rastros para hallar su identidad. Ese deambular que evoca en sus personajes parece ser su propio recorrido audiovisual que desde Las marimbas del infierno (2010), una mixtura musical en Guatemala, pasando por Atrás hay relámpagos (2017) situada en Costa Rica hasta Cómprame un revólver (2018) en un México atemporal, una vez más vuelve al ruedo para seguir ahondando en sus obsesiones. 

Con planos generales que aprovechan la abundancia natural y los paisajes de la pequeña ciudad mejicana, Se escuchan aullidos se sumerge en la mitología y el legado ancestral de la zona para centrarse en las aventuras de una adolescente solitaria que guiada por el espíritu de su padre se embarca en la aventura de descubrir el lago perdido, oculto por las tramas de la privatización e inaccesible a sus lugareños. Nezahualcóyotl, monarca y poeta del imperio Azteca, transita la zona como un alma eterna que emana de esas tierras. Símbolo magnánimo de una cultura colonizada vigila las tierras. Su fantasma también acompaña y guía a la joven así como el abuelo y los antiguos amigos de su padre, todos personajes portadores de un halo fantasmagórico que los identifica por su registro actoral. 

Las sirenas, una mujer lobo y el Mohual, un personaje fantástico que robaba niñxs, son también protagonistas de esta fábula personal. Una ciudad fantasma de apariencia calma y aburrida se transforma en el escenario mágico donde hallar aquel tesoro tan preciado: la identidad, las raíces y la tierra que nos reclama como de su pertenencia.  “Los robots no escriben poesía” dice la protagonista. Y esta observación expone parte de lo que brinda una identidad particular al largometraje. Una película que en la austeridad productiva halla el pulso de su ímpetu creativo y expone historias e influencias del pasado para revitalizarlas con la frescura del presente. Filmada en una semana y con un equipo reducido, el film de Hernández Cordón se presta como una experiencia entre la ficción poetizada y el documental familiar que se sumerge en el mundo de la fantasía para rememorar esos años en que unx va abandonando la niñez para atravesar una etapa de incertidumbres y falta de respuestas ante lo que vendrá. Y ese es el momento de los aullidos, ya vendrán.

Titulo: Se escuchan aullidos

Año: 2020

País: México

Director: Julio Hernández Cordón

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