Deja que las luces se alejen (2020), de Javier Favot

“Un sentir primitivo”

Por Agustina Osorio.

Sierras boscosas, ruidos de la naturaleza y un gato hipnótico que invita que lo sigamos para llevarnos hasta, Rapa, el protagonista, quien forma parte de ese entorno bucólico. 

El camino que propone Javier Favot en Deja que las luces se alejen, película de la cual la distribuidora Santa Cine recientemente adquirió los derechos para su distribución internacional mediante su Área de Ventas Internacionales, es el de envolvernos en la frondosidad del lugar y sus sonidos, para que, a medida que la historia avance, no logremos recordar si estamos frente a un documental o una ficción. 

Poco importará, ya que, a esa altura, la intensidad de lo que sucede no dará lugar al raciocinio. Solo quedarán los sentidos. Definitivamente, ésta es una película que, principalmente, se percibe. 

1.

La cámara se posa en un cuadro perfecto, compuesto por la naturaleza propia de las sierras de Córdoba, con otro elemento extraño, introducido que se elige para contar algo. Se queda, esperando a que los sucesos se den, tal como la rutina del lugar propone. La historia se irá narrando a partir del montaje de cada uno de estos planos fijos, llevándonos por caminos poco predecibles. 

Desde un pastizal en el que reposa un gato, un bosque en el que camina un hombre a lo lejos, las brasas de alguna fogata, Rapa hachando leña, una ventana que habla de un mundo interior al cual no llegamos a acceder del todo (por ahora); un incendio en el bosque, una coctelera de bomberos. Cada escena se termina de componer con un sonido fuera de cámara que, lejos de confundir, nos atrapa y hechiza. 

Esto ayuda a crear un ambiente especial de misterio y suspenso que se irá resolviendo a medida que la cámara nos devele aún más elementos de la vida del protagonista que evidencian un pasado en comunidad que hoy vuelve, solo por momentos. Risas y sonrisas cómplices, un grupo que hoy se ve en la lejanía y ajeno a Rapa. Sin rupturas, vamos entrando en otra  historia o quizás sea la misma que va descubriendo capas de intimidad. De a poco van apareciendo algunas voces, pocas… estamos ante otras presencias que se han ido asomando. ¿Acaso son parte de la naturaleza pura que se mostraba? ¿Acaso existe todavía esa naturaleza sin intervención humana? 

2. 

Si al comienzo primaron las imágenes y sonidos naturales, la presencia humana fue escalando y generando suspenso. La irrupción de la tranquilidad por el sonido  y estela de un avión con toda la fuerza de una máquina, anticipan las consecuencias de la mano humana en ese universo intacto. 

La respuesta vendrá con vigor y quizás incluso crueldad para quienes osen intervenir. 

Deja que las luces se alejen es una película sensorial, en la que priman los sonidos, las texturas, las emociones. Una historia para dejarse llevar que despierta nuestro costado más primitivo; en especial durante los primeros dos tercios de la película ya que, entrando hacia el final, la intensidad se modifica, dando lugar a nuevas sensaciones, más cercanas a lo conocido. 

La cámara modifica el entorno y viceversa, tal como la presencia de Rapa lo hace en el bosque; el cual no será el mismo de antes una vez que él lo haya pisado. 

3. 

Esta opera prima de Javier Favot logra transmitir su evidente sensibilidad tanto por los entornos naturales como por los vínculos del pasado, que se muestran con algo de nostalgia pero sin  caer en sentimentalismos. Su mayor logro sigue siendo la  habilidad para narrar a través del montaje, a partir de escenas puras con poco o un casi imperceptible artificio. 

Una mención aparte merece el trabajo de sonido de Nahuel Palenque quien, con una amplia trayectoria, logra dar una nueva vida a cada cuadro que presenta Favot. Un diálogo entre artistas impecable que, puede generar disturbio sin dejar de ser armonioso.

Titulo: Deja que las luces se alejen

Año: 2020

País: Argentina

Director: Javier Favot

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