Yo, adolescente (2020), de Lucas Santa Ana

“Oda a la generación millenial”

Por Rocío Rivera

Si te ves, sentirás

Que no siempre es fácil respirar 

Morirá, si cedés

Lo que siempre vos quisiste ser

Moriré, con la paz

Porque al mundo lo intenten cambiar

Como ves, sigue igual

Pero no me resigne a soñar…

a soñar…

Si no hay solución, no voy a llorar

No creas por eso que me puedo olvidar

Que no es fácil vivir si ellos nos viven así

¡Qué asco que me dan!

Si me ves (Cadena Perpetua, 2000)

Voy a empezar diciendo que acá, en este artículo, las medias tintas serán dejadas de lado conscientemente, porque si algo nos atrae de Yo adolescente, la nueva ficción de Lucas Santa Ana, es empatía y nostalgia. Y quien no tenga nostalgia -para bien o para mal- por su yo del pasado, que tire la primera piedra. Basada en el libro homónimo de Nicolás Zamorano (Zabo), este film cala en los huesos treintañerxs de quienes hemos sido adolescentes allá por los inicios de los 2000. Somos la generación de la explosión millenial de las redes sociales por doquier, del under rockero, vimos cerrar Cemento y abrir Cromañón, tragedia que nos pasó por la carne y catapultó la vida de casi 200 jóvenes, así como también la aventura de quienes recién comenzábamos a transitar el mundo de la cultura nocturna. Muchxs fuimos también, la generación de la tragedia de Once, aquellxs conurbanxs que debíamos migrar de nuestros barrios a capital para acceder a ciertas oportunidades laborales y culturales. 

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Yo adolescente trata de la historia de un Zabo de apenas 16 años quien, a pesar de su corta edad, ya ha tenido vivencias que lo han marcado. Muchas son esas experiencias comunes que todxs pasamos y que nos ayudaron a formar a nuestrxs adultxs del futuro: que nos rompan el corazón, que no seamos correspondidxs, la explosión del deseo hacia personas y géneros diversxs, la incomprensión familiar, la ansiedad por crecer, el dolor de dejar la niñez atrás y avanzar por el camino de la responsabilidad de la vida de unx mismx. Este Zabo ebullese, le arden las manos y las ganas por compartir lo que le sucede porque “alguien en alguna parte debe estar pasando por lo mismo” (sic). Sí, es verdad Zabo, muchxs estábamos pasando por lo mismo y hoy lo recordamos casi de la misma manera. Vos lo dijiste con esa frase -alguien debe estar pasando por lo mismo- allá por el 2005, Lena Dunham lo dijo casi 6 años después “podría ser la voz de mi generación”. Y también, de cierta forma, lo era. Es casi imperante que, en la adolescencia, en esa etapa tan agitada, cambiante, contradictoria, dolorosa y cansadora, necesitemos sentir la empatía y la conexión con otrxs -otrxs como yo- que nos acompañen en el camino de descubrimiento del mundo (casi) sin adultxs que se nos abre cuando soltamos la mano de nuestrs xadres y comenzamos a pautar nuestras propias reglas en nuestro propio mundo. El fotolog Yo adolencente, en parte, fue eso, empatía a través de una pantalla, el leer que alguien también la estaba pasando tan bien, tan mal o tan confundidx como unx. Fue pertenencia y resistencia.

“Todo adolescente es punk o debería serlo”, “somos la urgencia en carne viva” (sic)… así comienza explicitando Zabo, en el inicio de la película, el periplo experiencial en el cual lo acompañaremos a lo largo de todo el film. Zabo siente y hace. Zabo duda y hace. Zabo se tienta y hace. Zabo se decide y hace. Zabo goza y quiere más. Zabo está confundido y también hace.  El adolescente es la energía en potencia por cambiarlo todo, lxs adultxs, aquellxs quienes siempre señalan y condenan el accionar adolescente, no pueden entender la necesidad de vivir, de cambiar, de evolucionar que este grupo etario, en general, representa. Lxs adultxs se basan en las reglas que socialmente estructuran la vida en sociedad y la ordenan. ¿Pero es ese orden, siempre el correcto? No, por eso las nuevas generaciones traen los vientos de cambio que tanto miedo e incomprensión generan. A lxs adolescentes del 2005 nos tocó transitar las tribus urbanas, la ilegalidad de habitar la noche como un lugar de resistencia y liberación de las reglas de comportamiento que el hogar familiar y la escuela representaban e impartían. Emprendimos el camino sexual sin tantas vueltas, pero con muy poca información. Hoy les pibes, la generación adolescente actual, nos pasa el trapo en cuestiones de derechos por la diversidad y el goce, así como también en la confrontación del orden patriarcal opresor y censurador. Pero paso a paso. A nosotrxs nos tocó recuperar la calle, la cultura y la libertad de habitar la noche. Ellxs conquistan lo que nosotrxs, quizá, ni hablábamos ni problematizábamos. Pero eso es la adolescencia, cada generación, supera a la anterior.

Zabo experimenta, goza y se reprocha. Zabo pregunta, responde y busca. Investiga con la palabra y el cuerpo. Y quien mejor, para representar el camino del descubrimiento, la empatía y la sensibilidad de un grupo particular que el director Lucas Santa Ana, quien se encargó con gran habilidad de hacerles conocer a toda una generación ávida de información e historización del movimiento LGBTIQ+, la figura de Carlos Jauregui, pionero en la lucha por los derechos de la comunidad homosexual en el documental El Puto Inolvidable. Vida de Carlos Jauregui (2016). Santa Ana se encarga en Yo adolescente de traer a la pantalla el espíritu de la época de una generación a la cual se nos tildó de todos los males del mundo: las redes sociales, la individualidad, la meritocracia, la inoperancia, etc., etc… Y así se logra de forma lúdica, visualmente atrayente y con la frescura que la adolescencia necesita, representar en fílmico la poética de Yo Adolescente: la vivencia, por momentos alegre, por momentos sombría, de una generación que sufrió -casi- desde su propio nacimiento: Cromañón.

Con varios escenarios -el barrio, el parque, la charla en el pasto, la escuela, el bulo de ranchada amiguera, las fiestas fisuras, la casa familiar- y con lxs acompañantes adolescentes por excelencia -la vieja, el viejo, lx hermanx, lxs amigxs del barrio, lxs amigxs de la escuela- Yo adolescente se imprime naturalmente de la cotidianeidad del 2005. La música del under con Fun People, Boom Boom Kid y Árbol como representantes de ese semillero de bandas que lo daban todo en los antros más antros de capital y conurbano, es la encargada de otorgarle la atmosfera perfecta al melodrama juvenil que la adolescencia de Zabo, en representación de la de todxs, transita: el amor imposible, el amor encontrado, el amor que surgió para dar una mano, el amor compañero, la incomprensión, la empatía, la hipocresía, la experimentación, la contradicción, el pasaje del amor al odio, la soledad, las ganas de vivir y pasar por todo al palo, las ganas de no vivir más y apagar la tele. Ese aluvión de sensaciones es Yo Adolescente y más. Véanla, sean felices y revivan la adolescencia. Ojalá su yo de 16 años, este orgullosx de su adulte del 2020.

Yo les advertí, las medias tintas acá se dejaron de lado porque, a quien escribe, Yo adolescente me retrotrajo al mundillo de Alternativa, Locomodo, Carajo y El Otro Yo. La nostalgia de ir a comprar cds re mil pirateados a Parque Rivadavia. Escuchar The Cure y sufrir por una vida que casi aún no había empezado a vivir. La nostalgia ardiente del deseo de ver pelis todo el día. La emoción ingenua de conocer a Stanley Kubrick. Comprar suplementos y revistas culturales y compartirlas entre amigues. Ir a fiestas re mil clandestinas. La locura y apertura de bocho de conocer a Lucrecia Martel y Agnes Varda. Sí, mi adolescente del 2005 estaría orgullosa de mí. Espero que ustedes también.

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Titulo: Yo, adolescente

Año: 2020

País: Argentina

Directores: Lucas Santa Ana

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