Azul, el mar (2019), de Sabrina Moreno

“Camas separadas”

Por Lucila Da Col

¿Me queres todavía? Esa parece ser una pregunta sin final feliz ni cena de perdices. Todo eso que no nos narran los cuentos de hadas clásicos pero que se asemeja más a la vida real, una instancia más liberadora y con más posibilidades de una felicidad genuina que a veces parte de unx en contacto con unx. Así es como en  Azul, el mar la cineasta Sabrina Romero explora la agonía matrimonial en una viaje a la costa atlántica.

Mar del Plata, ícono histórico de las vacaciones familiares de la clase media argentina, es el escenario escogido para relatar lo que aparentan ser unas simples vacaciones para desencadenar en otros asuntos más personales. El puerto, sus lobos marinos, la Plaza Colón, la rambla, la escollera y la ruta 2, los famosos alfajores y todo ese folclore típico de la ciudad costera se prestan como rasgos identitarios de todo un estrato social relacionado a ese estilo de veraneo. Asimismo, el diseño de arte y vestuario resaltan el carácter de época que con objetos claves insertan al relato en la década de los 90. Sin dudas, una peculiaridad que soslaya otro tipo de relación con el film y de empatía no solo con la década sino también con el conflicto central, aunque funcione para aquellxs que atravesamos un similar proceso familiar en esos complicados años de pizza con champagne.

Lola, Ricardo y sus cuatro hijxs disfrutan del verano en un hotel con vista al mar y las tradicionales actividades que el verano ofrece, los días en la playa y las noches en la ciudad. Sin embargo, entre Lola y Ricardo se cuecen otras habas que en pocas frases y miradas delatan la desconexión del vínculo. Lola y Ricardo llegan a ese punto de no retorno del cual sólo se saldrá transformadx. La imposibilidad de ella de poner en palabras lo que siente realmente se convierte en introspección que en contacto con la naturaleza circundante liberará finalmente sus deseos verdaderos.

En Azul, el mar las decisiones laborales de Lola resaltan un eje visible del conflicto conyugal. No así todas esas tareas de cuidado de lxs hijxs y el hogar, como si de un modo natural su rol estuviera asignado de manera más prominente que el de él a esos asuntos. Pensar a la mujer por fuera del matrimonio y el núcleo familiar es una reflexión de no tan larga data. Si como escribió Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1956)mujer no se nace, sino que se hace”, con esta afirmación se pretende subrayar el carácter social, histórico y culturalmente construido de aquello que se entiende como mujer y de la desigualdad estructural que emana de las relaciones patriarcales. “¿Por qué es azul el mar?”, pregunta una de las hijas al padre. Lo mismo valdría esta pregunta con respecto al personaje de Lola ya que así como el mar no es azul sino que es sólo como lo percibimos, también la mujer no es madre y esposa para ser definida como tal sino tan solo un aspecto afectivo y social de ella.

Las camas separadas que lxs hijxs tratan de unir son la muestra evidente de algo que se enuncia con omisiones y silencios, reproches y distancia. En pocos minutos, una tosca metáfora se encargará de resolver todo ese espectro de lo que unx niega y otrx reclama y así las vacaciones tendrán otro color. Otra forma de disfrute se abre camino y así la vida va y viene, como el oleaje marino en constante movimiento.

Titulo: Azul el mar

Año: 2019

País: Argentina

Directores: Sabrina Moreno

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