La chancha (2020), de Franco Verdoia

“El retorno de lo reprimido”

Por Rocío Rivera

Viaje familiar, sierras llenas de hierba verde y fresca, cielos azules, risas, rutas, “viernes santo” ¿qué puede salir mal? Todo y más puede salir mal en un viaje que del disfrute pasó a la desesperación y la opresión dolorosa de la herida más atroz que se puede cargar en el cuerpo y en el espíritu. Del retorno de lo reprimido nos habla La Chancha la nueva película de Franco Verdoia.

Pablo es un hombre cálido y amoroso que se encuentra en la búsqueda de formar una familia junto a Queli y su hijo Joao. Lxs tres se llevan muy bien, constituyéndose entre ellxs un vinculo que se evidencia fuerte, sereno y lleno de amor y cuidado por lxs otrxs. Esto se exhibe en las primeras secuencias de La Chancha, pero en cuanto la familia se instala en un hotelcito pequeño pero familiar en el medio de las cumbres, y comienzan a conocer el lugar y a sus lugareños locales y turistas, no todo es tan sereno y feliz para esta familia. Se inician allí una serie de sutilizas que cobrarán sentido a lo largo de la construcción de la trama, pero una en especial, toma vital importancia en el inicio del film: en el corral del hotel, hay una chancha encerrada porque se come a los cachorros, los mata. Y de golpe, se topan con una pareja, una extraña pareja de personas mayores, demasiado buenxs, demasiado simpáticxs, demasiado divertidxs… La secuencia de presentación de esta pareja, Miguel y su esposa, tiene un ritmo de montaje que ya nos va a dejar planteado el conflicto del film: algo no está bien con esa pareja. Y así es como Pablo, sin palabras de por medio, va mutando de un ser protector y cálido, a un hombre perturbado y angustiado.

A medida que avanza la narración, el film nos seguirá develando pequeños indicios que nos permiten evidenciar que algo se esconde detrás de estos dos hombres que se han topado en un hotel en el medio de la nada, algo une a Miguel y a Pablo, algo que sus respectivas parejas, desconocen. Con un gran manejo del suspenso creado por los cuerpos y las miradas de y entre los personajes, entendemos que algo huele a podrido… y lo huele desde hace mucho tiempo. Y de repente se nombra, “¿Te acordás de la chancha, Miguel? Miguelote”. Y en ese momento Miguel también se transforma: la sombra del pasado aparentemente enterrado, de repente se vino a luz de las vacaciones familiares. Pero en esa misma conversación se liga a Miguel con lo religioso, respetando las reglas y costumbres de la semana santa, en donde no se come carne, al mismo tiempo que también se lo relaciona con lo folclórico y la cultura más conservadora de nuestro más. La ecuación deviene sutil pero terriblemente efectiva: religión, conservadurismo y secretos… nada de ese rejunte puede ser bueno. Es por eso que no es inocente el nombre que relaciona en primera instancia a los dos hombres “la chancha”, como tampoco lo es, esa cámara que lo atosiga a Pablo siempre desde atrás, siempre en la nuca… el pasado persigue cuando las heridas no se sanan. Menos aun cuando unx ha sido víctima de una de las injusticias y vejaciones más graves que se le puede hacer a alguien. Pueblo chico infierno grande, eso representa para Pablo, “Las Varillas”, su pueblo natal, aquel que lo une a Miguel.

Miguel no se acuerda de la chancha, pero cuando se emborra sí la puede recordar con una sonrisa burlona y desagradable en su rostro. De golpe ese hombre callado y de semblante tímido, se vuelve, por revés minutos, siniestro. Pablo no habla de lo que le sucede, pero hace una regresión orinando la cama la noche que la chancha se nombra en voz alta. Las palabras no son precisamente lo que sobran en esta película, porque la construcción de los personajes – con un trabajo sobresaliente de Esteban Meloni principalmente, pero también de Goity-, la psicología perturbada de ambos protagonistas, las tomas, de gran calidad y composición autoral y estética, junto con el ritmo de montaje de la película en general, son mas que suficiente para inferir lo que sucede, y sufrir a la par que lo hace Pablo. Y cuando al fin, el pasado se pone en palabras en La Chancha, es para que se accione sobre él, se lo enfrente y se lo comience a trabajar. Nombrar las cosas por su nombre libera, el silencio no es salud, el silencio es opresión y dolor callado. Ya no tendrán más la comodidad de nuestro silencio, ya no tendrán más el silencio de lxs sin voz⚫

Titulo: La chancha

Año: 2020

País: Argentina

Directores: Franco Verdoia

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