Planta permanente (2019), de Ezequiel Radusky

“Un cine hecho a medida”

Por Sebastián Francisco Maydana

En una entrevista le preguntaron a Julio Cortázar cuál era la diferencia entre escribir literatura fantástica en Europa y en Argentina. Respondió que en Europa les costaba entenderla, ya que allí confiaban en las regularidades que gobiernan su día a día, mientras que aquí vivimos permanentemente en la incertidumbre. El europeo tiene la certeza de que el ómnibus que debe tomar para ir a trabajar pasará a la hora señalada, como todos los días. En Argentina, por el contrario, todo puede pasar y, de hecho, pasa. Por la misma razón sería irresponsable ofrecer algún vaticinio acerca de qué pasará con el cine argentino en el futuro, pero si la pregunta es qué es lo que necesita, Planta Permanente es el mejor ejemplo.

¿Por qué Planta Permanente? Porque parece un cine hecho a medida para los recursos con que contamos: un cine federal, bien escrito, comprometido con las problemáticas locales (no digo con la política local, digo con cuestiones que son auténticamente nuestras y que a un guionista sueco ni se le pasarían por la cabeza), sincero y… ¿ya dije bien escrito? Es que aquí es clave la colaboración entre Ezequiel Radusky (quien también dirige) y Diego Lerman para generar un ajustado guión que finalmente capitalice la enorme capacidad técnica que hay en el país. 

La dupla protagonista, ambas con antecedentes trabajando con Radusky, trabaja muy bien en conjunto. Liliana Juárez, premiada en Mar del Plata por su interpretación, se apropia del personaje y hace relucir a la incomparable Rosario Bléfari, que en la cuestión de patear el tablero y anunciar lo que se viene alguna experiencia tiene. Ellas son Lila y Marcela, dos artesanas del rebusque y empleadas de planta permanente en una dependencia estatal de la Provincia de Buenos Aires. Cuando asume la nueva gestión el delicado equilibrio de la repartición se quiebra, y la incertidumbre acerca de si podrán continuar administrando una precaria cantina para los trabajadores las lleva a tomar decisiones cada vez más jugadas y a enfrentarse con las autoridades y entre sí. 

El microcosmos de la administración pública está retratado a la perfección, y también lo están las preocupaciones de sus empleados durante los últimos años, que sin duda muchos espectadores también compartirán. Este hecho, sumado a lo creíble de los personajes y de la forma en que se relacionan, hace que la historia nos atrape y no nos deje ir hasta que no sepamos cómo se van a resolver sus problemas. Una musicalización medida, sutil es administrada inteligentemente para acompañar el ritmo de la película, demostrando que una historia cuando está bien contada no necesita explosiones y tiros para ser dinámica y absorbente. 

Lo que algunos llaman el “nuevo cine tucumano” es en realidad el producto de un proceso que lleva varios años en marcha, de capacitación y formación en todo el territorio de buenos técnicos en sonido, fotografía, montaje y producción. Quizás Lo realmente “nuevo” sea el aplicar esa capacidad muchas veces desperdiciada a contar historias que se lo merezcan, historias que nos interpelen desde un lugar que sólo un cine auténticamente nuestro puede hacerlo⚫

Titulo: Planta permanente

Año: 2019

País: Argentina

Directores: Ezequiel Radusky

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