El otro (2020), de Francisco Bermejo

“Cuarentena permanente”

Por Nicolás Noviello

[…]Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro paredes de la alcoba hay un espejo, ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo que arma en el alba un sigiloso teatro.

[…] J.L.B.

Una de esas cualidades tan bellas que tiene el cine es la resignificación permanente que cada espectador dará al film. Si una persona, por ejemplo, estuviese visitando la obra de Borges por aquellos días en los que viese el film de Bermejo podría detenerse a pensar particularmente la manera con la que el director filma las sombras, los reflejos y los espejos en la película, no tanto así en su título; por otro lado si el espectador es alguien que vio la reciente Joker podría comparar y poner a discutir como Bermejo y Philips trabajan sobre los cuerpos de sus protagonistas. Esto es lo que hace diferente cada mirada, lo que hace interesante a la crítica y lo que hace importante la discusión sobre las obras de arte. No obstante esto en absoluto indica que en el arte todo se trate de un completo relativismo, hay ciertas pautas y códigos que permiten la identificación de una forma, un conflicto, una problemática, etc. Es decir: no, y definitivamente no, El otro no vaticinó el presente pandémico, no anticipó la cuarentena y no podrá sumarse a alguna de esas listas que circulan con películas “proféticas”. Extraña necesidad la de ir a buscar respuestas en el arte. No obstante el film presenta una situación de aislamiento que en cualquier otro momento para muchxs resultaría ajena y hoy, quizá, no lo sea de esa manera. 

Francisco Bermejo es un fotógrafo que un día, en el que salió a bucear, conoció a Oscar Garrido Bastías (O.G.B.) quien vive hace 45 años aislado del resto de las personas en su casa costera. Con su permiso, Francisco comenzó a visitarlo e inició un registro de su cotidianeidad. Con el tiempo Bermejo descubrió que para lograr su empresa lo más efectivo era realizar un film y así se “encontró” con El otro. La película nace entonces más ligada a las convenciones documentales, pero entre el director y O.G.B. fueron construyendo una entrañable ficción donde el relato, poco a poco, va ganando densidad a medida que el sonido, el espacio, la luz y la naturaleza se apropian de él. La estructura narrativa del film se transformó, entonces, en una densidad corpórea. El film, que documentalmente registra la vida de Oscar, trabaja sobre un otro que es cuerpo. 

El aislamiento no es sinónimo de encierro. Lo que en cuarentena sufre la mayoría de la población está delimitado por paredes, ventanas y puertas. Sin embargo, el detenerse a pensar en estas delimitaciones, nuestra libertad se ve cuestionada. Más allá de las obligaciones sociales que pueden desobedecerse, hay algo que no se puede burlar y a ese algo O.G.B. lo tiene muy en claro: el cuerpo. Unx no manda al cuerpo, el cuerpo lo manda a unx, al menos en ciertas cosas. Si ese cuerpo tiene necesidades y demandas que obliga a cumplir, la libertad, al menos para el ser humano, tiene un claro límite que es la piel. Según Solari lo mejor de ella es que no nos deja huir. El estilo de vida de Oscar no parece ser similar a la del cantante (al menos no en términos materiales), mucho menos podrá coincidir con el de un funcionario del estado ruso como Goliadkin, sin embargo sus preocupaciones son las mismas: las demandas del cuerpo y la convivencia con el mismo. 

Bermejo deja explicita la pregnancia de la literatura de Dostoievski, Melville y Hemingway y allí es donde se encuentra el núcleo de El otro que es contenido por una hermosa fotografía y un sonido que atiende a las circunstancias, que entiende su importancia y que trabaja principalmente sobre los títulos de esos autores haciendo que resuenen durante todo el film. Los títulos más allá de su contenido, porque si tomamos El doble, El viejo y el mar y Moby-Dick hallamos una constante con el título del film: la otredad. El otro no es el coprotagonista que aparece durante el relato. El otro es el film y es inalcanzable, solo puede aceptarse como otro. Hay, en el cine, una preponderancia a la hora de pensar un film y es en consecuencia de la empatía que se dé con los personajes. Bermejo no permite esto, al menos del todo, pero definitivamente no es esa su búsqueda. Respeta la intimidad de Oscar y la reviste con esa forma corpórea, con esa piel cinematográfica, una piel que no deja huir pero tampoco penetrar, invita a ver pero no a “contaminar”. 

Es cierto que existen diferencias filosóficas al plantear a la piel como la cárcel del alma (como lo hace en realidad Solari), discusiones sobre la realización del alma o la imperturbabilidad de la misma. Pero hay algo en lo que el film no presenta dudas, y ese algo es donde resulta conveniente comenzar a repensar y cuestionar: no hay una división del individuo (lo que sería en principio una contradicción) lo que hay es una duplicación y en ella una consecuente relación con un “otro”, allí nace una convivencia y en esa convivencia comienza una política. El otro puede pensarse como una forma de filmar la política del cuerpo, la política primera de cada unx y ¿Por qué no? nuestra cuarentena permanente⚫

Titulo: El otro

Año: 2020

País: Chile

Directores: Francisco Bermejo

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