Fish Eye (2020), de Amin Behroozzadeh

“Formas de ser otros”

Por Martín Haczek

A veces tengo la sensación de algunas situaciones pierden una magia que les es inherente cuando intentamos explicarlas. Como si la voluntad de rodearlas de significado, de darles contexto y justificación, fuera redundante; como si ellas contuvieran en algún lugar su propio peso y toda intervención ajena las volviera menos interesantes. Por supuesto que el cine ha construido toda una tradición sustentada en una idea más o menos similar: el documental observacional que pretende sólo mostrar el estado de cosas. Bajo esta premisa parece estar hecho Fish eye (2020) de Amin Behroozzadeh. Cuando decimos “sólo mostrar” a veces estamos tentados en continuar la frase: “sin la intervención del realizador”. Por suerte lo pensamos dos veces; escribimos y borramos. Sería un error algo zonzo, ya que prescindir de una voz en off, de entrevistas a los protagonistas del film y del pasado y la historia de cada uno de los participantes de las acciones es una forma de intervención. Forma: en el sentido más estricto de la palabra; es una decisión formal. Y es también una decisión política. 

Fish eye trascurre enteramente en el barco factoría iraní Parsian Shila. Del mismo origen es Behroozzadeh y los oficiales de a bordo que ofician de patrones. Pero los personajes principales de la película son un nutrido grupo de africanos, quienes manipulan las máquinas que pescan el atún y realizan todas las tareas en medio de un viaje algo demencial al interior de océano Índico. Y esa fuerza de trabajo es a la vez una otredad en términos culturales, lingüísticos y religiosos, tanto para el realizador como para la mayoría de los espectadores del film. Por eso las decisiones formales se vuelven políticas: dónde ubicar la cámara significa también cómo posicionarse ante aquello que resulta ajeno, impropio, extraño. En este sentido, la decisión de Behroozzadeh se hace cargo de esta cuestión: asume (y nos hace asumir) el punto de vista de los trabajadores. Nos propone viajar con ellos en el barco, al mismo tiempo que ingresamos en su forma de vivir el día a día desde adentro. Durante sus setenta minutos, la película nos ubica en la ronda de sus ceremonias religiosas; en la mesa en la que celebran el año nuevo; en el pasillo por el que caminan antes de ir a sus camarotes a descansar; en la cubierta tirando cuerdas, haciendo nudos, manteniendo el barco.

Quizás lo más interesante del film sea ese trabajo formal para posicionarnos en la vista de los africanos. Pero hay otra cosa que no dejó de llamarme la atención. Fish eye tiene todos los elementos necesarios para ser un documental de denuncia: la explotación laboral a los trabajadores, los avances del capital sobre la naturaleza, las diferencias étnicas y culturales teniendo un correlato en la estructura jerárquica de a bordo. En algún punto claro que lo es. Pero es, al mismo tiempo, una celebración de la camaradería, de la felicidad, de los intentos por generar momentos placenteros en contextos totalmente adversos. Y esos momentos siempre son en comunidad, se construyen en las relaciones que establecen los personajes entre sí, como si toda diversión legítima tuviera que ser colectiva. Dos lindos recuerdos para los tiempos que corren: exhibir la alegría es una forma de denuncia, y ésta, un modo de relacionarnos con lxs otrxs, no un estado individual⚫

Titulo: Fish eye

Año: 2020

País: Iran

Director: Amin Behroozzadeh

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