Pola (2020), de Anitx Scheimberg

“La intimidad de las tardes”

Por Rolando Gallego

Espero que al momento de escribir estas palabras sobre Pola, cortometraje de Anitx Scheimberg, la protagonista del relato, su abuela Pola esté con nosotros. Es probable, por lo evocativo, aún en la presencia de ambas, que esto no sea así. Y duele. Porque la mayor virtud de una narración como ésta es su capacidad por construir personajes tridimensionales que atraviesan la pantalla y que en su particularidad radica su potente mensaje de amor vincular. 

Una casa, una abuela, su nietx, el Scrabble, los mates, el perro, las fotos, las anécdotas, las preguntas indiscretas, el aseo, el arreglarse incluso para estar dentro de la casa, toda esa cotidianeidad es capturada con amorosidad en cada escena de Pola

A Pola la amamos desde la primera escena, en la que Scheimberg decide mostrarla con una puesta de escena en la que se destacan sus manos y sus labios formando palabras en el aire. Anitx se corre, se transforma en una sombra, porque sabe que la atención del espectador, claro, no estará ahí, como tampoco lo estará cuando Pola no sea parte del encuadre. 

“No levantes la persiana porque todavía hay demasiado sol y los muebles se resecan”, dice Pola. Al rato, se acerca a la ventana y comienza a bajarla. Anitx le pide que no lo haga. “Se van a resecar las plantas”, dice y se va. 

Comenzamos el camino con ambxs en el comedor de la vivienda, pasamos a la cocina, al pasillo, al baño, al dormitorio, nuevamente al comedor, y al dormitorio otra vez. La rutina de las tardes, con siestas y canciones incluidas entre abrazos y juegos, se hacen película, y nuestra atención busca, en cada momento, más de esa entrañable relación. 

Después de algunos reproches, una mala cara y un mensaje en el cual le plantea a sus cuatro hijos su verdadera enfermedad: “Mi enfermedad es la soledad”. Todxs entendemos de qué habla, y Anitx también. Y esta película, filmada con pocos recursos, pero con mucha inteligencia y, principalmente, mucho amor, desarrolla una fuerte idea sobre la vejez y la soledad, sin patetismos ni subrayados, solo con buenas decisiones. 

Tal vez sea por eso que la película es el registro de los días con su abuela, de su íntima conexión, de ese poder romper barreras y preguntarle si, antes de casarse, había hecho “algo” con su abuelo. Complicidad y amor: la cámara registra todo. Y nosotrxs queremos, como espectadorxs, saber más de Pola, conocer cada uno de sus secretos, poder levantar cada uno de los cientos de adornos que descansan en sus muebles y llevarnos alguno a casa.

Fragmentos de la intimidad de ambxs son expuestos en escena y, si hay una parte de ficción, no importa ya saberlo. Porque nos atrapa el amor que Anitx tiene por Pola, y cuánto quiere que Pola lx abrace, que le cante, que duerma la siesta a su lado y que puedan jugar al Scrabble para que, cuando ella ya no esté, todos esos recuerdos lx acompañen por siempre, como esta hermosa película de la cual nunca nos desprenderemos.

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