Viñas de Ira (The Grapes of Wrath, 1940), de John Ford

“80 años después todo sigue igual de bien

Por Rocío Rivera.

Revisitar los denominados clásicos siempre es un ejercicio lúdico para entender como las sociedades fueron cambiando, evolucionando o empeorando en las distintas aristas que componen el entramado social: cuestiones económicas, sociales, de género, culturales, entre otras. Unx ve hoy Que el cielo la juzgue (Stahl, 1945) y puede evidenciar el machismo reinante de las sociedades de mediados del siglo XX, donde aún persistía el mito de la Medea malvada, asesina de sus propixs hijxs despechada por el abandono de su marido, cuando sabemos que mundialmente el femicidio es pandemia y los infanticidios en manos de hombres son más que los perpetrados por mujeres. Pero bueno, el cine siempre ha sabido vender la historia que sirve para mantener el status quo y enquistar estereotipos. 

Eso es lo que sorprende cuando se revisita Viñas de Ira (1940), film del legendario John Ford protagonizado por Henry Fonda y por la gran Jane Darwell. El film, como puede ser presentado 80 años después de su estreno, parece ser un melodrama clásico, donde un grupo familiar no para de ser víctima de las injusticias de la vida. Pero en una mirada más profunda Viñas de Ira sigue siendo un retrato real y doloroso de lo inescrupuloso que pueden ser las personas y de las desigualdades e injusticias de la estructura capitalista que organiza e imparte las reglas del juego social en el que vivimos. 

La película retrata la historia de una familia de Oklahoma que debe dejar su trabajo y su casa  ya que el hambre y el desempleo se apoderó de sus días, además de que su tierra dejó de ser suya ya que una empresa petrolera compró todas las hectáreas del pueblo en el que vivían. Por esta situación deciden movilizarse con sus últimos ahorros hasta California, tierra que promete trabajo y prosperidad. Dejar la casa y la tierra que trabajó durante varias décadas la familia Joad es símbolo de desarraigo e impotencia ante el avance aniquilador de la avaricia humana que no teme hacer negocios y sacar ganancia a costa de la crisis de lxs otrxs. Esta ruptura con el pasado y tradición familiar es representada por lxs abuelxs de este clan familiar, quienes no pueden soportar que todo por lo que trabajaron es arrebatado y tirado (literalmente) abajo. 

Todo este drama familiar es matizado por la llegada del hijo pródigo, John, quien vuelve al núcleo familiar tras estar preso cuatro años y haber conseguido “la libertad condicional”. John mató y por eso fue condenado, sin embargo, en la construcción de personaje se puede apreciar que no es en absoluto un psicópata homicida violento, sino que lo que le sucede a John es que no puede tolerar la injusticia y el abuso de poder, esas situaciones son la que lo llevan a perder el control de sus acciones y no medir las consecuencias de sus actos. Pero el film nos deja bien en claro -en dos situaciones puntuales- que John no pierde la cabeza por nada, sino que siempre ha sido violentado anteriormente por sujetos que en realidad deberían ser garantías institucionales del bienestar colectivo. Viñas de Ira claramente demuestra que la realidad es mucho más dura y diferente a la que muestran los acuerdos constitucionales y códigos civiles: la policía no cuida, sino que abusa de su poder y de su fuerza, y “los patrones” no pregonan la libre competencia del mercado y la consolidación de trabajos rentables y seguros, sino que realizan jugarretas tramposas como pedir más trabajadorxs de lxs que necesitan para pagar menos por igual tarea. ¿Sólo a mi me suena neoliberalismo salvaje, injusto y eterno? ¿O acaso Uber no hace lo mismo aumentando los precios cuando tiene mayor demanda?  Siempre el sistema en pos de la especulación con la necesidad de la gente para sacar más ganancia. 

Además, Ford se encarga no solo de criticar instituciones como «La Policía» o «El Trabajo» sino que también critica a La Iglesia. En la figura del ex predicador devenido a sindicalista -quien expresa que no tenía el poder de saber pero que ahora al entender la injusticia y avaricia del accionar humano está aprendiendo y entendiendo el mundo- Viñas de Ira nos deja en claro donde tiene que estar la lucidez del pensamiento: en poder observar, identificar y combatir la explotación del hombre por el hombre. 

Pero 80 años después no parece haber cambiado mucho el accionar social de las personas que vivimos en las sociedades actuales. 80 años después de ese fenómeno que fue  Dust Bowl, que sumado a la crisis económico social que dejo el crack del 29 reforzó el malestar económico social de los estadounidenses, el planeta se encuentra hoy día en medio de una pandemia mundial que azota a todas las clases sociales por igual, luego de haber pasado crisis económico sociales a lo largo de más de 10 años. Y sin embargo, el mundo se encuentra luchando exactamente igual que en aquellos caminos secos de Oklahoma o California de 1940 de Viñas de Ira. La gran mayoría de la población mundial está pasando hambre, frío y el abandono total del Estado, siendo que menos del 2% de la población manejan los hilos de la economía y las finanzas. 80 años después a pesar de todo el avance tecnológico, a pesar de que “el hombre llegó a la luna”, a pesar de poder gravitar alrededor de la Tierra, a pesar de poder gastar miles de millones de dólares en pruebas nucleares en el medio del océano, a pesar de todo “ese avance” aún viene la naturaleza en forma de polvo o en forma de virus a demostrarnos que todos “esos avances” son espejitos de colores de la grandeza e impunidad que el ser humano cree que tiene. La realidad es que ¿ somos más finitos, más pequeños y más débiles que todo aquello que creemos dominar. 80 años después esos patrones de estancia que en la película contrataban más para pagar menos, son lxs mismxs que hoy en día te especulan con los precios de los productos de primera necesidad ante una solicitada demanda… 

Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé, en 506 y en el 2000 también decía Discépolo en 190… y más razón que Nostradamus tenía. Pero cuidado, no todo es oscuro y malvado en la naturaleza humana, sino que también existe la empatía, divino tesoro que el film también nos muestra que se cruza en el camino de la familia Joad, ya sea en forma de cocinero que les regala pan o en forma de policía que los ayuda en la inspección de tránsito. Eso sí, todxs aquellxs que lxs ayudan son sujetxs de su misma clase social, la trabajadora. Actualmente también hay empatía y solidaridad ante los momentos de crisis y sobreviene la esperanza en que todo sea por algo mejor, como el gran y sorpresivamente positivo filósofo esloveno Slavoj Zizek, quien postula que la pandemia coronavirus puede ser la forma de terminar con el capitalismo salvaje que deja en manos del mercado lo que debería ser garantizado por el estado… ¿tendrá razón? Solo el tiempo lo dirá⚫

Titulo: The Grapes of Wrath

Año: 1940

País: EEUU

Director: John Ford

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