El precio de la verdad (Dark Waters , 2019), de Todd Haynes

“Volverse en contra”

Por Mateo Matarasso.

Como la comedia, el terror o el musical, las películas basadas en hechos reales nos proponen una serie de expectativas muy particulares. Si bien hay casos singulares, suelen presentar un tono narrativo serio y frío. Casi como si hubieran tomado el lugar de “fragmento de la realidad” que antes se le adjudicaba al documental, formato que cada vez presenta exponentes más disruptivos. Y esta impresión de realidad que tienen obras como El precio de la verdad: Dark Waters se basa en determinados recursos audiovisuales que construyen un tono solemne. 

Todo en esta película es correcto. La dirección de fotografía, la construcción de personajes, el diseño de producción, la estructura de guion, hasta el corte de cada toma está en función de elaborar ese tono parco. El tema es serio, claro está, pero esta falta de compromiso narrativo sobresale continuamente. La recreación de imágenes de archivo que utiliza, simulando la televisión de principios de siglo XXI, es un claro ejemplo de la necesidad de subrayar continuamente que se trata de un hecho real. 

Muchos consideran que las temáticas tan dolorosas y trágicas deben ser abordadas con esta distancia. Es comprensible la búsqueda por no herir la sensibilidad de nadie. Sin embargo, no nos encontramos ante una crónica periodística ni una investigación científica. Su carácter de película, con todas las pertinencias afectivas y discursivas que esto implica, no tienen por qué quedar de lado en función de relatar los hechos que sucedieron de la manera más “objetiva” posible. 

Más allá de esta corrección política traducida en una dirección “correcta”, la película no deja de ser eficaz en lo que busca. Adentrarse en la vida de Robert Bilott. Preguntarse cómo un abogado de corporaciones se vuelve en contra de una de las más grandes empresas de Estados Unidos de América por sus grandes impactos ambientales y en la salud de la comunidad. Este drama legal ambientalista no deja de ser una mirada intimista de un personaje. Sin mucho desarrollo de conflictos secundarios más que algunas escenas de tensión dramática con la esposa, que no llegan a desarrollarse fuertemente, concentra toda su narración en las acciones que van guiando a este “buen abogado” durante más de quince años de su vida. 

Quizás los elementos más interesantes de la obra sean dos. Por un lado, las actuaciones de Mark Ruffalo y Anne Hathaway. Es notorio como logran construir representaciones interesantes a partir de personajes relativamente unidimensionales. A través de detalles en el cuerpo, miradas y pulsos rítmicos pueden otorgarle cierta profundidad a la narración. Por otro lado, la dirección de fotografía elabora un espacio de ensimismamiento y encierro aún en los exteriores. Entre la nieve, los colores fríos y los interiores lúgubres con ratios de iluminación altos, llega a expresar la sensación de claustrofobia que Robert va adquiriendo mientras se adentra en la batalla legal con la enorme corporación. 

Esta obra no deja de otorgar elementos interesantes y una buena comprensión de los hechos. Todos los elementos audiovisuales están dirigidos hacia la emotividad que se busca. Tan solo cabe decir que no explora su propia potencia narrativa en post de presentarse en clave solemne para abordar un hecho real. Si esto es necesario o no, depende de cada espectador⚫

Titulo: Dark Waters

Año: 2019

País: Estados Unidos

Director: Todd Haynes

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *