Venezia (2019), de Rodrigo Guerrero

Cuando hablan los ojos

Por Rocío Rivera.

Todos pueden controlar un duelo excepto el que lo tiene.

William Shakespeare

Venecia es conocida por sus canales de agua, excusa de encuentros románticos, festejos amorosos y lugares afrodisiacos para las parejas que visitan el lugar. Elegida comúnmente como el sitio ideal para celebrar las lunas de miel de recién casadxs, no parecería ser un lugar donde el dolor y el sufrimiento se apoderen de alguien, sin embargo, la nueva película del director cordobés Rodrigo Guerrero, Venezia da por tierra la imagen del amor veneciano para dar lugar a esta ciudad como el espacio de duelo de Sofía, una recién casada. Discutiendo el tópico de más de un imaginario colectivo, Venezia, a través de una cámara voyeur, invita a un viaje distinto al que planificaron sus protagonistas. 

En una tonalidad cromática triste y grisácea, el film, en primera instancia, introduce a quien sostendrá la narración: Sofía, una mujer que se encuentra en Venecia. Se evidencia que algo no esa bien pero no hay explicitación ni verbal ni visual de porqué esta muchacha se encuentra sola en la romántica ciudad: toma café sola, va al teatro sola, deambula sola por las estrechas calles italianas. La cámara la sigue, la espía, la acompaña en su soledad y tristeza. Hasta que un encuentro con la policía y un diálogo en italiano que se entiende a la perfección, se confirma la sospecha: su flamante esposo murió de un paro cardíaco apenas arribaron a Italia. 

A raíz de esta revelación, el viaje toma otra dinámica: Sofía no solo deambula, sino que intenta retrasar el momento de enfrentar la realidad de su perdida, perdiéndose en las calles venecianas, acompañada de personas random que comprenden su desesperación y su estado de shock. Al mismo tiempo, los diálogos en tres idiomas distintos (español, italiano e inglés) comprueban lo perdida y desconcertada que se encuentra la protagonista. Con una actuación minimalista pero muy potente, este casi monologo visual compuesto por Paula Lussi, no necesita más explicación que los buenos recursos de los que se vale el director: primeros y primerísimos primeros planos de su rostro triste y desencontrado, exaltando la mirada afligida y perdida, el lenguaje corporal -lento y con poca coordinación- el caminar taciturno -casi de unx zombie- que deambula buscando la respuesta de quien no entiende por qué la vida le ha jugado esa mala pasada… innecesaria e injusta. No hay palabras que puedan caracterizar lo que esta flamante casada y -casi instantáneamente- viuda está viviendo  y es por eso que no las utiliza: si Sofía expresa veinte líneas de dialogo en todo el film, es mucho decir. Y es que no lo necesita, ya con solo ver ese cuerpo triste recorriendo calles y lugares en los dos días que necesita esperar para transportar el cuerpo, se entiende todo. Prácticamente no hay diálogos, ni hay expresiones de dolor apoteósicas ni música diegética… porque es eso lo que nos trae Venezia, esas circunstancias de la vida donde todo se detiene y nada acompaña ni alivia el dolor.

Esta solitaria y solemne composición de Lussi, se complementa con las locaciones elegidas para llevar a cabo la inscripción de la historia: callejones y correderos estrechos en días grises o en la oscuridad de la noche, no hay sol en esta historia. También vale destacar las composiciones y tomas pictóricas de la ciudad, estética y artísticamente elegidas y filmadas. Además, la cámara como inquisidora de la situación de Sofía establece el rol de lxs espectadorxs en esta historia, contemplamos el periplo de una desgracia personal, pasando por la sorpresa, el dolor, la resignación, la sensación de perdida y búsqueda que, vale aclarar, se destacan pro los múltiples planos secuencias empleados a lo largo del film⚫

Titulo: Venezia

Año: 2019

País: Argentina

Director: Rodrigo Guerrero

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