Entrevista a Amparo Aguilar, directora de Malamadre

Por Mauro Lukasievicz

¿Qué fue lo que te llevó a hacer Malamadre, en un intento de explicar qué es ser buena madre o por qué se es madre hoy en día?

Con la maternidad, la mía, mi propia experiencia, me pasó que me fui encontrando en situaciones y momentos en los que tuve que tomar decisiones particulares, como por ejemplo, poder estar con los chicos o ver películas. En la industria del cine está muy poco previsto que las mujeres técnicas o directoras tengan hijos. Me pareció una buena oportunidad para problematizar esto, me producía mucha frustración y esa frustración repercute en el vínculo. Eso es una parte importante de lo que plantea la película: sea lo que sea que le pase a cada mujer madre, al estar tan poco contenidas socialmente se genera una frustración tal que, como dice una de las entrevistadas, los pibes son el fusible. Yo me daba cuenta de que nadie podía hacerse cargo, por ejemplo, de una situación totalmente normal para quienes tienen hijos, que es brotarse y sacarse con los chicos, porque te llaman del trabajo o lo que sea. Son situaciones que no se terminan de combatir y no se puede aliviar la carga. Entonces me planteé: ¿qué pasa si llevamos esto al terreno público?

Hay una gran variedad de entrevistadas y todas tienen testimonios muy distintos entre sí. ¿Cómo llegaste a ellas? 

Todo gracias al esfuerzo de producción, como siempre (Risas), la búsqueda fue poder cruzar tres parámetros: experiencias maternales diversas, mujeres que estuvieran acompañadas de parejas varones y mujeres que hubieran tenido hijos de formas menos convencionales, como una mamá que adoptó. Y luego, lo que queríamos era que no estuvieran todas atravesando la etapa de los primeros años de los chicos. Hay una problemática que es muy especifica de ese momento, pero los conflictos que surgen a través de la maternidad no se terminan ahí. Y lo último que buscamos es la cuestión de clase, que estuvieran representadas circunstancias sociales más allá de la mía que, en un punto, es una situación de privilegios.

En las entrevistas evitaste victimizarlas, es decir, cuentan situaciones y cosas que les pasan, pero no desde un lugar de víctima. ¿Hiciste un trabajo consciente para evitar eso?

Sí, lo trabajamos con Lautaro, el montajista. Pero de cualquier forma no era ese el terreno que se ofrecía en la entrevista, no iba por ahí, era más bien elaborar lo otro, lo que nos cuesta tanto. El planteo no era el de «pobres de nosotras». La idea era compartir situaciones sociales. Buscamos ser muy cuidadosos en no editar los disgustos de las madres por dirigirlas hacia donde nos convenía a nosotros. Queríamos mostrar lo que la experiencia de cada una de las madres tenía para dar, creo que algo de eso quedó.

Utilizaste mucho humor entre las entrevistas, y creo que para los hombres, que solemos estar por fuera de estos conflictos, nos sirvió para poder entender todo mucho mejor, sobre todo con el uso de la animación. ¿Cuándo decidiste encarar la película de esa forma y utilizar la animación?

El recurso de la animación llegó en el montaje. El teatro de sombras sí estaba previsto, pero la animación, que es espectacular, es obra de Macarena Campos, y surgió más adelante, cuando conseguimos a Ibermedia y pudimos terminar de financiar y hacer crecer la película. Los momentos de humor venían solos, es algo de la maternidad misma: es todo agridulce, no es todo un bajón, ni tampoco es todo espectacular. Hay muchos momentos en que estás desbordada, pero si te mirás de afuera te morís de la risa. Sos un ser humano que, de golpe, se da cuenta de que tiene el pijama puesto y está en cualquier lado (Risas).

Después de todas las entrevistas, de editarlas, y verlas muchas veces, ¿llegaste a algún tipo de conclusión?

En la película no se cierra. Como mujer y activista, pienso que hemos confirmado que hay un problema social y político alrededor de esto, que la maternidad sigue sin estar pensada, contenida, ni elaborada. Hay un problema en lo que representa económicamente tener hijos y tener que mantener un hogar en el capitalismo. Las mujeres madres cobramos menos que antes. Hay problemas serios en cómo nos contiene el estado. La conclusión es, por un lado, que hacía falta hacer una película como Malamadre, pero a la vez falta un montón. Y la otra conclusión es que no hay una verdad absoluta, y que deberíamos podernos soltar para que cada una críe a sus hijos de la manera que crea mejor. Por suerte, no hay una respuesta para ser una buena madre.

Título: Malamadre

Año: 2019

País: Argentina

Director: Amparo Aguilar

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