“Alma Har’el, el cine puede bailar”

Por Lucila Mariani

El cine se hace más fuerte cuando encuentra las grietas que tiene el mundo y explora que hay detrás, qué hay entre los huecos. Eso hace Alma Har’el, intentar atrapar esos instantes imperfectos, las cosas que constantemente intentamos ocultar sobre nosotros mismos, que son, paradójicamente, las cosas que nos hacen más humanos. De alguna forma logra, a partir de esos detalles, de dos manos tocándose, de una pareja bailando un tema de Dylan, de un nene jugando con una peluca rosada, expandir la realidad atravesando los sueños, los miedos, la esperanza de la gente. Encuentra la forma de que la realidad se vuelva surreal a partir de lo simple, que a veces se pierde (tanto en el cine como en la cotidianeidad).

Como personas maduramos hasta cierto punto y después nos disfrazamos de adultos, lo que hace Har’el es sacarle ese disfraz a sus personajes, desnudarlos, que se vuelvan personas ante la cámara, que sean sinceros ante su lente, ante sus ojos. Que vuelvan a esa cosa primitiva, audaz, inocente, de la infancia. Que todo lo que conocemos como belleza, se vea reemplazado por cosas que a simple vista no son bellas (o al menos no convencionalmente) pero enseñándonos a ver que eso es, en realidad, la vida. Que el dolor se vuelva vida, familias disfuncionales, la vejez, el paso del tiempo, separaciones.

En sus películas, todo es musicalidad. Sobre su propia obra, Alma dijo “los documentales también pueden bailar”, la narrativa fluye así, como compases. Alma empezó haciendo instalaciones visuales, después comerciales y videoclips. Hay algo de lo musical y lo corporal que atraviesa todo lo que hace. Sus documentales (tanto Bombay Beach como LoveTrue) están constantemente chocando con la ficción, sus personajes miran a cámara y bailan, inventan coreografías, juegan a ser otros, o quizás se vuelven un poco más como sí mismos. Como si a través del juego, de la imaginación, encontraran un escape a la realidad (o un refugio), no para dejarla de lado sino para encontrar herramientas para abordarla. Hay musicalidad, hay escape, hay verdad, es casi como si Ballet Mécanique hubiera sido filmada por Jean Rouch.

Har’el no busca darnos respuestas, busca meternos en la mente de las personas, que podamos sentir lo que sienten, que formemos parte de la experiencia cinematográfica de una forma mucho más cercana y activa, sus películas se construyen al ser vistas, toman vida, toman color.

La visión de Alma es única y hasta incatalogable, maneja un lenguaje propio que va desarrollando en toda su obra. Jean Vigo hablaba de «el punto de vista documental», haciendo referencia a la necesidad de hacer un cine que sirviera para documentar cosas. El cineasta que quisiera hacer un cine social, debería ser capaz de meterse en cualquier recoveco para captar esos instantes que solamente el cine puede capturar (y en consecuencia ninguna otra arte, ni la ciencia).

Vigo encuentra en Buñuel este cine, el cine que está liberado de pensamiento, el cine que deforma la razón, un cine que transforma. Cassavettes buscaba liberar al cine de sus límites, a los cuerpos de sus actores, buscaba trabajar con estados, no caracterizaciones. Creo que, más allá de la estilización que aparece en la forma de filmar de Har’el, en definitiva se vuelve a eso, liberar al cine. Alma filma una realidad más sincera, más auténtica, filma la libertad según su propia interpretación: expresada en movimiento, musicalmente, performáticamente, oníricamente. Jean Breschand sobre el documental dice “a partir del momento en que una película inventa su propia forma, no tiene sentido querer construir codificación alguna”, no tendría sentido alguno tratar de poner en palabras su trabajo audiovisual, porque la única forma de poder experimentar su obra, es sintiéndola⚫

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