Les enfants d’Isadora (2019), de Damien Manivel

“La suavidad del tiempo”

Por Nicolás Noviello.

¿Es posible capturar el momento donde las manos alcanzan por un instante acariciar lo intangible? 

Les enfants d’Isadora es la nueva película de Damien Manivel, estructurada en tres partes atraviesa la interpretación de la obra Mother de Isadora Duncan, yendo desde el proceso creativo de la obra, el ensayo y ejecución y finalmente el encuentro con una espectadora. El film esta protagonizado por cuatro actrices completamente diferentes tanto en lo físico como en sus motivaciones. Atravesadas por la misma obra Menivel homenajea a Duncan permitiendo que cada cuerpo se apropie de la danza para poder así, y solo así, encontrar la esencia de su arte. La obra Mother fue creada tras la trágica muerte de los hijos de la bailarina, este hecho que si bien a casi nadie le resultara indiferente puede sin embargo escapar a la comprensión de quien no haya vivido una situación similar. Les enfants d’Isadora, trabaja principalmente sobre este terreno, la transformación de un hecho real en una obra artística que permita comunicar lo que excede al lenguaje de las palabras. 

El arte de Duncan en su danza parece conjurar el tiempo, suspenderlo con suavidad, porque su búsqueda es la trascendencia. Manivel trabaja esto con el ritmo del film de manera magistral, el montaje coreografía los planos y cada sonido compone la melodía que armoniza el film.  Si bien la película está dividida narrativamente en tres partes hay dos imágenes fundamentales en las que reposa cinematográficamente y puede pensarse: la caricia y la lagrima. 

1-Hay algo representativo en las manos acariciando las hojas de un libro, el tocar sin tocar. Quien tiene en sus manos un libro sabe que lo posee, que está tocando lo que quiere alcanzar, sin embargo cuando se lo propone se encuentra con que es insuficiente, necesita abrirlo, pasar las hojas, deslizar el dedo sobre las palabras, volver a ellas. Las manos no alcanzan para adquirir el conocimiento, dejan de tocar y comienzan a acariciar porque saben que no lo poseen, el tocar, tan inmanente, se vuelve su sinónimo intrascendente. La caricia, en cambio, trasciende. En su búsqueda la caricia sabe que lo que toca es inaccesible pero está allí, donde la yema de sus dedos finaliza se encuentra lo otro. Les enfants d’Isadora es una constante caricia, una extensión de brazos que busca despedirse por ultima vez de lo que físicamente ya no está. 

2- Hay algo representativo en las lágrimas de desahogo sobre el rostro, ojos que ven llorar. Hay algo magnifico en esa escena (tal vez observable en otros tantos planos de la historia del cine) Manivel no muestra la ejecución final de la obra, elije mostrar a les espectadores y se detiene en la espectadora que llora, se detiene en los ojos que expresa un sentimiento y no en los que solo observan. En esta escena, al ponernos frente a otres espectadores, se logra observar el momento de la trascendencia, el momento que tal vez se esta duplicando en quienes observamos, el momento en que la caricia se convierte en lagrima. La manos ya no tocan y los ojos ya no observan, las otredades se encuentran pero no se apropian, la soledad y el dolor se transforman así en alivio y en desahogo. 

Aunque entender la transformación de algo tan doloroso en algo bello pueda ser una forma de comprender el arte, tal vez la trascendencia del mismo se de en la sensación que provoca dejar de sentirse solx en el dolor. El arte está (o incluso es) la caricia que viaja entre artistas y quienes la necesitan, el arte llena vacíos que ni la solidaridad ni la empatía pueden alcanzar. Quizá, piezas artísticas como Les enfants d’Isadora sean la forma de comunicación de sentimientos más cercana a lo absoluto y, por lo tanto, una caricia y una lagrima entre tanto cine de manoseo y voyeurismo⚫

Titulo: Les enfants d’Isadora

Año: 2019

País: Francia

Director: Damien Manivel

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