La distancia (2019), de Franco Palazzo

“Una crónica de nuestra generación”

Por Sebastián Francisco Maydana.

Hay películas que pertenecen distintivamente a la época en que fueron creadas. No son precisamente las que uno recuerda como íconos de aquella época, como podría ser Pulp Fiction (1994) un ícono de los años 90. Porque mientras que esta película remite indefectiblemente a la década del 90, Clueless (1995) tiene una relación definitivamente simbiótica con los 90s, no sólo es impensable fuera de esa época sino que encarna su estética como ninguna otra. La Distancia (2019) es distintiva no sólo de una época, llamémosla fines de los 2010s, sino de un sector social de chicas rubias urbanas de ojos celestes con flequillo y que juegan al ping pong en el quincho de una quinta que es de la familia de alguna del grupo. Además, tienen una banda de indie rock y se critican las parejas (heterosexuales). También toman cerveza en vaso plástico de medio litro en un centro cultural que era un caserón antiguo reciclado. Y andan en bicicleta. Nacieron entre fines de los 80 y principios de los 90. Fuman marihuana en el parque enfundadas en parkas verde militar. Es una palabra, son nuestra generación. La mía y, sospecho, la del grueso de lectores de Caligari. 

De hecho, la película es consciente de esto y adopta inteligentemente la forma de una crónica de nuestro tiempo y nuestra generación, con muchísimos planos subjetivos que imitan las viejas películas caseras en Super 8, pero filmadas con cámaras que se mandaron a traer de Miami. Están hábilmente entrelazados los fragmentos de registros caseros con las escenas más clásicamente ficcionales. La obra se convierte así en un perfecto dispositivo generador de nostalgia futura. Me corrijo, está a mitad de camino entre una crónica y un videoclip. Es una película musical. Porque La Plata es tradicionalmente una ciudad musical. Antes de nuestra generación nacieron allá Los Redondos y Virus. Cuando era más chico estaba Embajada Boliviana y de más grande apareció El Mató un Policía Motorizado y tras ellos una multitud de bandas indie como 107 Faunos y otras. La Distancia logra captar la herencia de esta genealogía y condensarla en un producto de época que es a la vez histórico y actual. Y como decía, es una crónica. De una ciudad, de una época, de una generación. 

La película transcurre en dos tiempos. Antes y después. El parteaguas: la muerte de Camila, sospechada de suicidio. Camila se sentía fuera de lugar en la banda, sus audios cargados de angustia y alienación así lo demostraban, pero su desaparición llega a revelar hasta qué punto era una pieza clave en la trama de amistad del grupo. Pasado y presente se intercalan de una forma natural y entre ambos van construyendo una historia coral sin una clara protagonista (a menos que consideremos como tal a La Plata).

Un documento de época como una carta de San Martín, La Distancia es un fragmento precioso de esta época que nos toca vivir y una fotografía de la subcultura urbana clasemedista que supimos construir; y tal como los temas indie que la ilustran presenta atmósferas construidas con paciencia, bellas y estáticas (casi extáticas) imágenes y un endulzado y nostálgico optimismo. Todo un manifiesto estético/cultural⚫

Titulo: La distancia

Año: 2019

País: Argentina

Director: Franco Palazzo

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