Matar al dragón (2019), de Jimena Monteoliva

“Acerca del feminismo de lo fantástico”

Por Rocío Rivera.

Si unx tuviera que pensar en qué géneros se pueden ver de forma más asidua en las producciones argentinas, ¿qué tipo de películas se nos viene a la cabeza? A quien escribe enseguida se le aparecen los documentales y los dramas, como géneros paradigmáticos de Argentina y de la cinematografía latinoamericana en general. Si unx busca terror o ciencia ficción enseguida hay que explorar en Hollywood, claramente, o en otras cinematografías, europeas o asiáticas por ejemplo. Pero no, he aquí que llega Jimena Monteoliva con su flamante Matar al Dragón para decir que en Argentina también se produce cine fantástico… y uno intersante.

La película comienza con una animación que introduce la historia de La Hilandera, una bruja que ha azotado a un pueblo por varios años, pero que desde hace unas décadas ha dejado en paz a lxs habitantxs del mismo. A esta bruja, al mejor estilo Hansel y Gretel, le gusta adueñarse de lxs más pequeñxs del lugar, especialmente de las niñas, a las cuales no se las vuelve a ver, una vez que La Hilandera, posa sus ojos en ellas. Pero la historia de Matar al Dragón inicia, justamente, con la niña que volvió. Ella es Elena y será tarea del film desarrollar de donde volvió, como volvió y que fue lo que allí vivió.

Elena, de pocas palabras y corporalmente traumatizada, es acobijada por su hermano y la familia de éste, quienes la reciben y ayudan a volver, literalmente, a la vida. Sin embargo, aunque todo esto parezca sereno, Monteoliva no deja de crear, hasta en los ambientes mas bellos y tranquilos, un clima de tensión latente y constante, llenando todas y cada una de las atmósferas del film de un peligro inminente. Con una temporalidad indescifrable pero vintage al mismo tiempo y en una zona casi inubicable pero también familiar, el film construye una narrativa sin datos exactos pero encuadrable a cualquier tiempo y lugar que le espectadore le quiere otorgar. 

Además de la tensión constante que se palpita en el nuevo hogar de Elena, Matar al dragón se permite jugar con una doble espacialidad que marca la dicotomía del conflicto, una clásica y conocida fórmula que sigue vigente: el bien, representado por la familia y la casa, y el mal, representado por un submundo que se irá dando a conocer a lo largo del desarrollo de la historia. Es interesante pensar, y sin intenciones de spoiler el film, una lectura que vaya más allá de lo obvio, que es lo que parece presentar el film, y que quien escribe, no quiere comprar. ¿Por qué? Porque el film esta basado en una pesadilla que el guionista había tenido. Pero esta pesadilla estaba protagonizado por dos hermanos varones, no por una mujer, como es el caso de la cinta. Con un cambio sutil, como es el género que vive en peligro, en este caso niñas y mujeres, el film permite una lectura más sugerente y en relación con el ánimo de denuncia de las injusticias hacia las mujeres en todos los ámbitos sociales, y también claro, en el cine. Y dentro del cine, también claro, en el género fantástico. Por que más allá de esta personalísima lectura de Matar al dragón, es valido explicitar que el film cuenta también con una producción destacable (con efectos visuales, explosiones, etc), con un maquillaje sobresaliente y un tratamiento de la imagen, digno de subrayar.

Porque lo personal es político, grita la calle a los cuatro vientos, y lo fantástico… también

Titulo: Matar al dragón

Año: 2019

País: Argentina

Director: Jimena Monteoliva

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *