Nunca subí el Provincia (2019), de Ignacio Agüero

“La importancia del ocio”

Por Nicolás Noviello.

¿Cuál es el deber de un cineasta? Para poder intentar responder a semejante pregunta muchas otras afirmaciones tendrían que estar claras ¿Qué es el deber? ¿Qué es un cineasta? ¿Qué es el cine? ¿Es el cine un arte? ¿Qué es el arte? En un presente latinoamericano de avance de fascismo, golpes de estados consumados y una explosión revolucionaria chilena sin magnitud, Nunca subí el provincia se detiene a filmar una panadería, dos viejitos que cargan con unas pesadas bolsas, un cerro visto desde su casa, aves comiendo en su jardín y, entre otras cosas más, niñes viendo Chaplin por primera vez.

Tal vez, en un principio, les cineastas hayan sentido la responsabilidad de filmar; más adelante, con la televisión, de “salir a filmar”. Tras la llegada de las cámaras digitales y celulares ¿Cuál es entonces la responsabilidad? Agüero en un momento de la presentación de la película utilizó la siguiente palabra: descansar. El cineasta puede descansar, ya no hay necesidad de salir filmar lo que está pasando, en cuestión de segundos disponemos de millones de ópticas distintas. Pero, ¿es descansar un ejercicio pasivo? Si hay algo que las películas de puro “realismo” y espectáculo no permiten (tanto a sus espectadores como a su producción) es el descanso, ¿acaso no hay cine allí? Cuando una obra carece de arte, muchas veces, se utiliza la palabra “negocio” para encasillarla peyorativamente. Lo interesante en esto no está en que ese arte solo busque una recompensa monetaria, sino que en su etimología el negocio (nec – otium) es una negación del ocio. Esa clase de films son los que no exigen más que su consumo, como pastillas que hacen efecto en un espectador pasivo que luego podrá hablar e interpretar lo que vio.

Hay en Nunca subí el Provincia, una insistencia en poner algo en donde no va, donde no estaba, una vez que eso se pone allí toma forma, pero esta forma desconocida no tiene nombre y quien debe nombrarla son les espectadores. Curiosamente, la película investiga sobre los antiguos dueños de una panadería donde ahora hay un edificio. Un edificio que antes no estaba allí y que al obstaculizar la vista que antes tenía Agüero desde su casa al cerro Provincia, fue puesto donde no va.

Entre los tantos pasajes de la película, uno es el de unas cartas que el director envía sin recibir respuesta, en una de ellas dice que no puede dejar de escribir, porque el ejercicio de escribir le genera imágenes. Sin embargo seria valido pensar aquí que Agüero utiliza la cámara como usaría un pincel si fuese pintor, como usara el cuerpo si fuese bailarín, como usa la birome para escribir esas cartas. Es entonces la mano quien guía secretamente la estructura narrativa de Nunca subí el Provincia trabajando como el pensamiento, se desliza entre imágenes generadoras de ideas.

Agüero captura su divagación y, como solo sucede con las buenas películas, permite a quien observa divagar junto a él. Nunca subí el Provincia, al igual que el resto del cine de Agüero, es un generador de pensamiento, quizá es allí donde esté el deber de un cineasta y que sin dudas hoy es un acto revolucionario.

Titulo: Nunca subí el Provincia

Año: 2019

País: Chile

Director: Ignacio Agüero

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *