La virgen de agosto (2019), de Jonás Trueba

“El Edén será madrileño”

Por Rocío Molina Biasone.

 Después de habernos deleitado, tres años atrás, con la historia de un sencillo y excepcional reencuentro amoroso que transcurre a lo largo de una noche y un día que relata La reconquista (2016), Trueba regresa para invitarnos a compartir dos semanas con Eva (Itsaso Arana), una mujer que está en proceso de.

No, no me comí una palabra. A lo largo de la mayor parte de la película, no sabemos mucho sobre qué está pasando por la mente de la protagonista. Nos podemos imaginar, claro, pero la información que nos da Eva es poca. Solo sabemos que está en un proceso, que ese proceso tuvo un inicio, y tendrá un fin. Esto se nos advierte en el preámbulo que aparece al comienzo, ya que nos explica que esta es la historia de un verano.

Y no cualquier verano, pero el verano madrileño, con su calor desesperante. Y no cualquier momento del verano madrileño, sino las primeras dos semanas de agosto: días que están marcados por la sucesión de las verbenas más populares de España, y particularmente de Madrid. Y por supuesto, por si el título no nos había avivado, se trata de dos semanas en las que abundan las imágenes y discursos religiosos, el culto a lxs santxs y a lo sagrado.

Eva —supongo que a esta altura del texto ya les habrán surgido sospechas en torno al nombre de la protagonista— decide aprovechar aquellas semanas en las que todx madrileñx con dinero suficiente ha abandonado temporariamente la capital española para hacerse un chequeo espiritual. Que el disparador de esto nos sea desconocido en un inicio es uno de los inteligentes detalles que destacan la labor de Trueba y de Itsaso Arana —sí, la mismísima protagonista— al coescribir el guión.

Y es que esta falta de información habilita al espectador a poner allí, en esa reconstrucción, en esa búsqueda interior, en esa deriva, algo del conflicto interno propio, y hace que casi cualquiera logre sentir una empatía instantánea hacia esa mujer madrileña de 33 años con una manera torpe y excepcionalmente sincera de vincularse con otrxs. La mayoría de quienes vamos al cine y consumimos y/o vivimos alguna forma de arte, en algún momento u otro, probablemente hayamos tenido algún momento de desconexión con quienes somos, con lo que hacemos, con lo que queremos. Y sabemos que hay unas pocas maneras de aplacar o intentar solucionar este angst posmoderno: la parálisis, el suicidio, la religión, el amor, o mantenernos ocupadxs.

El otro punto clave que hace que este film se destaque es la construcción de la voz y perspectiva femenina que atraviesa toda la trama. El personaje de Eva, y el del resto de las mujeres que componen esta historia, logran en pocas escenas y diálogos lo que muchos personajes femeninos a veces no alcanzan en monólogos larguísimos y escenas profundamente dramáticas: constituirse y sentirse como mujeres tridimensionales, que podrían existir, sobre todo en un momento histórico que está viviendo la reconquista de la diversidad y la subjetividad en lo femenino, y el cuestionamiento de qué carajo es lo femenino al fin y al cabo.

Justo cuando tememos que la película caiga en un lugar común, la escena siguiente viene a sorprendernos con su astucia. Arana y Trueba juegan con nosotrxs y con la memoria audiovisual que desarrolló toda mujer a partir de vivencias personales y de verse constituidas en el cine como objetos, y no sujetos, de interés en la mayoría de las narraciones cinematográficas. Por acá ya no va más.

Y puede que el mayor engaño y “juego” de todos es aquel del que nos hacen inconscientemente partícipes a lo largo de toda la película, en repetidas instancias, volviendo al mismo tópico una y otra vez, sin que sospechemos la relevancia que esto tiene para el final.

Sentimos mucha satisfacción cuando llegan personajes como Eva, que no es la primera mujer de la Historia, pero que está renaciendo en su propia historia; que va a cumplir 33, pero lejos está de querer que termine su vida; que no es virgen, y que ciertamente no va a dejar que lo que le pasa adentro lo dicte una paloma, o un hombre, o el mandato social⚫

Titulo: La virgen de agosto

Año: 2019

País: España

Director: Jonás Trueba

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