Parasite (2019), de Bong Joon-ho

“¿Quién vive de quién?”

Por Rocío Molina Biasone.

Más de una década después de haberse consagrado como autor de cine de terror con The Host (2006), y luego de que sus últimos dos films —Snowpiercer (2013) y Okja (2017)— tomaran distancia de este género, mas no dejaran de ser megaproducciones con una fuerte dependencia en los efectos especiales para crear mundos distópicos y fantasiosos, Bong Joon-ho vuelve con una película que mantiene su estilo autoral, pero que a la vez se siente más pequeña y menos extravagante en los recursos que emplea. Y este pareciera ser uno de esos casos en los cuales, efectivamente, menos es más.

Más allá del gusto propio, hay que destacar la habilidad con la que el director se propone esconder la idea detrás del film a lo largo de toda la primera mitad: mientras que en Snowpiercer la crítica social se vuelve evidente y obvia desde el momento en que se nos presenta ese mundo distópico, y esta obviedad a mi criterio termina quitándole fuerza a la denuncia, en Parasite las intenciones del autor, al contarnos la historia y las ocurrencias de la familia Kim, no son transparentes. Lo que inicialmente pareciera ser una trama superficial de enredos y situaciones de humor negro instigadas por el ingenio —y más tarde, por la ignorancia— del joven Ki-taek, quien aprovecha la invitación de un amigo adinerado para hacerse pasar por un estudiante universitario y darle clases de apoyo a una adolescente de una familia rica, va poco a poco revelando qué hay detrás de escena: una guerra entre clases.

Una guerra fría, al principio. Una guerra que comienza como supervivencia, como una necesidad surgida del desempleo, malas condiciones de vida y un deseo de ascenso social. Lxs pobres penetran en el territorio de lxs ricxs, a fuerza de astucia, sí, pero también de entrenamiento y esfuerzo. Después de todo, la actuación, como todo trabajo, requiere disciplina; y para destacarte como estratega, no necesitás un título universitario.

No obstante, sin darse cuenta, en su búsqueda de introducirse en la vida de ese hogar y esa familia millonaria, los Kim terminan haciendo una guerra no solo contra lxs que están arriba, sino también con lxs que se encuentran, junto a ellxs, abajo, en todo sentido. Pues para entrar, estos “parásitos” tuvieron que hacerse camino sacándole el trabajo a quienes también necesitan sobrevivir sirviéndole a lxs pudientes. Y la guerra fría empieza a calentarse, precisamente, cuando el parásito choca con otro parásito.

De la conquista silenciosa a la lucha feroz, y de esa violencia horizontal a una auténtica, aunque pequeña, revolución. Con imágenes visualmente impactantes por su desconcertante simpleza, porque nos hacen temblar sin necesidad de acudir a lo ultimísimo del CGI, Bong Joon-ho logra construir una trama muy diferente respecto a la de sus films anteriores, pero manteniendo el punto de vista ideológico que lo caracteriza (por más que haya que tener en cuenta que sigue siendo un director que trabaja dentro de un aparato más bien industrial, habiendo producido su anterior película, Okja, para estrenarse en Netflix de forma exclusiva).

¿Quiénes son los parásitos? Bong Joon-ho nos incita a hacernos esa pregunta. ¿Son parásitos las personas que quieren hacer lo posible para salir de condiciones de vida deplorables?¿O son parásitos quienes deciden no ver al otro más que como a un cuerpo del cual vivir, un cuerpo listo a darle precisamente lo que necesitan, y desecharlo o abandonarlo al momento en que no es más útil o deseable?

Exceptuando algunos momentos, más hacia el final, en los que el guión peca de querer explicarse a sí mismo, y que las situaciones se tornan inverosímiles, las escenas resultan poco esperadas e inquietantes, y el suspenso se mantiene a lo largo de una narración que no sabemos a dónde nos llevará

Titulo: Parasite

Año: 2019

País: Corea Del Sur

Director: Bong Joon-ho

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