Sirena (2019), de Carlos Piñeiro

“La poética de la vida y de la muerte”

Por Rocío Rivera.

“Una buena fotografía es aquella que comunica un hecho, alcanza el corazón, y deja al espectador como una persona cambiada tras haberla visto. Es, en una palabra, efectiva” (Irving Penn)

Se puede hablar del fluir vital desde múltiples lugares, algunos más poéticos, otros más cruentos, pero siempre hablar del inicio y del fin de lo vital conlleva un grado de responsabilidad que puede ensalzar o hundir a quien se emprenda en tamaña empresa. Este es el caso de la ópera prima del director boliviano Carlos Piñera Sirena, quien logra de forma poética, sigilosa, implícita plasmar de forma visualmente bella lo que implica la vida pero también la muerte cuando lo cultural, lo religioso y lo inconmensurable se prestan en un juego rico en metáforas y referencias.

La historia se ancla en el año 1984 cuando, sin explicar mucho fuera de la diégesis de la historia que nos presenta el film, una comitiva emprende la repatriación de un cuerpo. Un ingeniero, un oficial y un tal Diego, van a la búsqueda de un compañero al cual se le ha perdido el rastro. Pero esto no es explicitado de forma convencional por la cinta, sino que de a poco se irá construyendo el suspense de buscar y no encontrar a quien se espera. Toda esta aventura, repleta de silencios ensordecedores, paisajes oníricos y la inmensidad de la aridez boliviana, consagran a Sirena en un ejercicio autoral desde el lenguaje y la composición cinematográfica, ya que la excelente fotografía del film permite construir desde las imágenes, las secuencias y las tomas visuales la historia a narrar. Lo verbal es casi dejado de lado, solo se consagra como un elemento que confirma la inconmensurabilidad de quienes llegan y de quienes están ya allí.

El choque cultural, idiomático y religioso se convierte entonces, hacia mitad del film, en el conflicto a resolver: hay un cuerpo (casi no mostrado), vedado pero sugerido por el ruido de las moscas que acompañan el proceso natural de putrefacción, y están quienes quieren regresarlo a su lugar de origen y quienes lo creen una señal de los dioses y una evidencia de prosperidad para los tiempos venideros. Es interesante en este punto cómo se construye la otredad, aquella que es la que no deja, en principio, negociar la transacción del cadáver. Nadie quiere ultrajarlo, solo que las diferentes culturas tramitan la muerte de maneras diferentes. Abundan aquí las discordantes conversaciones mediadas por un traductor aymara, quien intentará dar cuenta de ambas concepciones vitales: la de honrar la vida desde la muerte y la de llorar la muerte desde la vida.

Todo este relato existencialista es bellamente retratado por planos detalles de diferentes partes de cuerpos y objetos, todos con una calidad de imagen digna de destacar y apreciar, ya que toma hasta el más mínimo detalle en una resolución excelente, además de tener unas hermosas tomas de los paisajes del lago Titicaca como escenario principal del rodaje,las poblaciones de Santiago de Okola y la Isla de la Luna así como también de Copacabana, el mirador de Lloko-lloko y la ciudad de La Paz. Es quizá el mejor homenaje a grandes genios de la fotografía en blanco y negro como fue Ansel Adams, con la máxima explotación de la escala de grises en cada imagen, así como también, del gran fotógrafo brasileño, Sebastião Salgado, con igual sensibilidad visual desde el blanco y negro.

Sirena es la producción del colectivo Socavón Cine, grupo de cineastas que devino como el referente del nuevo cine boliviano actual para el mundo, quienes han tomado notoriedad internacional gracias a las múltiples y premiadas presentaciones en los festivales más importantes del mundo. Así que sí producciones como éstas son representación del cine que podemos hacer en la parte sur del mundo, y particularmente del cine boliviano que se abre al mundo en estos difíciles momentos de la región – en términos políticos, económicos y sociales – bienvenido sea⚫

Titulo: Sirena

Año: 2019

País: Bolivia

Director: Carlos Piñeiro

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