“Manual de supervivencia cinematográfica argentina”

A propósito del día tan especial transcurrido el último domingo, quiero entregar por escrito las mejores clases de supervivencia cinematográfica que me ha dado mi madre.

Acostúmbrese a perder: Hace ya más de quince años, me encontré con ella en una de sus visitas a Capital. Me vio llegar con los ojos llorosos y me preguntó qué me pasaba. Le comenté que era la quinta vez que perdía un concurso de contenidos. Le dije que estaba exhausta de tanto esfuerzo, que era muy difícil mi carrera, y me seguí lamentando con angustia y cansancio. Ella me miró seria, muy seria, con sus ojos verdes, y me dijo: “¿Vos viniste acá a pedir compasión, piedad? ¿Vos sabés la cantidad de veces que yo perdí en el CONICET? Levantate ya mismo y persistí, porque vas a perder muchas veces más. Que se cansen de hacerte perder, hija, que no te importe… Y cuando ya no te importe, va a ganar la insistencia. Tu talento no se mide por las derrotas que tengas”.

No sabía en ese momento que perdería muchas veces más. Y cuando hablo de muchas me refiero a que —me he dedicado a hacer cálculos— entre concursos, festivales y fondos puedo contar más de quinientas derrotas.

Al estado se le gana con insistencia: Una tarde de verano, hace aproximadamente tres años —cuando comenzaron los severos atrasos de las cuotas y subsidios del INCAA— yo estaba en la puerta del Instituto teniendo una gran crisis: me debían un pago y tenía cartas documento de tres sindicatos, además de una fabulosa intimación de la AFIP.

Mi vieja, que siempre fue más que bruja, me llamó. La atendí, le dije “Hola” y ella simplemente me preguntó “¿Qué pasa?”. Le dije “Mamá, no me pagan”. Le conté mi desgracia financiera y el estado atrasado de mi expediente. Me dijo: “Andá a la oficina correspondiente y plantate ahí. NO TE VAS HASTA QUE NO TE PAGUEN”.

Transpirada, con el maquillaje corrido y los ojos extraviados, fui a la oficina de administración (me mandó mi mamá, pensaba) y pedí hablar con el gerente. Expliqué que no tenía forma de trabajar a menos que me pagaran, así que tenía todo el tiempo del mundo para esperar. Hasta me ofrecí a dejar de ser productora ese mismo día para ser empleada del INCAA, con tal de hacer avanzar mi expediente. Estaban todos algo incómodos con mi sudada presencia, que duró tres horas o un poco más. Me recibió el gerente y hablé un rato con él. Volví a explicar que no tenía apuro, que podía esperar… A los dos días me pagaron.

Mi mamá y mi papá coinciden en esta frase: “Al Estado se le gana con insistencia”.

Estrés acotado: Un día me encontré con ella y me dijo algo que me decía muy seguido: “Estás verde, hija”. Le dije que estaba cansada, le conté de mis múltiples obligaciones laborales y de mis meses venideros. Ella, científica especialista en estrés y HIV me dijo: “La salud de los cineastas es muy mala, tenés que programar en un calendario el comienzo y fin de los períodos de máxima exigencia y estrés. Si vas a a estar tres meses sin poder parar, le avisás a tu organismo, con fechas claras, que hasta esa fecha no parás. Y pase lo que pase, le cumplís al cuerpo: cuando llega esa fecha, descansás los días que programaste descansar. Nunca estafes al organismo: nunca menos, pero siempre pueden ser más. Y después volvés a programar otro período de estrés y descanso, de tal manera que tu sistema inmunológico se prepara para la exigencia, y resiste porque sabe que luego tendrá un descanso.

Para siempre: Me enseñó también, desde muy pequeña, que el mundo no estaba hecho para las mujeres. Que todo me iba a costar el doble, y que resistir, de una forma u otra, me haría más fuerte. Me dijo: “Lo único que nadie te puede quitar es lo que sabés”. Y para un cumpleaños mío, me escribió lo siguiente: “Acordate que aunque yo ya no este para escribirte, seguiré contigo para siempre, por el principio físico impreso en el Universo de la Conservación de la masa y la energía, se interconvierten pero no se pierden, estarán en otra parte. Tu mama”

Ahora yo inspiro tu poder en el aire, pensando que las moléculas de oxigeno que entran en mi cuerpo, son tu fuerza tu fuego y tu risa.

Gracias, vieja, a la científica grosa y la bailarina sexy y valiente que fuiste; a tus tacos, siempre altos, y a tus últimos pasos cortos; a los masajes en la cabeza y las papas fritas que me hacías cuando me veías triste; a vos, que me enseñaste a siempre reírme de mí misma y a ser indomable. Por el Día de la Madre, quiero regalarle tus enseñanzas a quien las lea, y felicitarnos a los realizadores por haber hecho cine en estos tiempos que corren, contando con los dientes las monedas, los efectos, los elementos de utilería y las horas de rodaje. ¡Salud cineastas! Hemos hecho nuestro arte a pesar de todo y, por resistir, hemos vencido ⚫

CHAYA 20/10/2019

 

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