“Las películas se volvieron series”

Por Sofía Cazeres.

Claro ahora te quiere vender cable y realiza un spot comercial sobre cómo los consumos y productos culturales van cambiando y dice “la música se volvió streaming; el cine se volvió Netflix; las películas, series; la tele, YouTube”. Más allá de la confusión de conceptos – no queda claro si los publicistas no saben sobre lo que están hablando o si creen que su público es el ignorante – afirmar que “las películas se volvieron series” es cuanto menos polémico.

El spot enojó a los amigos productores y tienen razón. Primero, porque la afirmación es mentira, la gente sigue yendo al cine. En 2017 se vendieron 49.402.057 en Argentina, aunque solo 6.502.811 fueron para ver cine argentino. El top 3 de venta lo concentran dos películas infantiles: Mi villano favorito 3 y La bella y la bestia, la tercera es Rápidos y furiosos 8. Siguen It y Mamá se fue de viaje. Hay algo que es un poco lógico, a las películas infantiles va el niño y algún cuidador a cargo y, como todos sabemos, las infantiles se suelen estrenar para las vacaciones de invierno justo cuando los padres ya no saben dónde poner a sus hijos.

Entonces, si la gente sigue yendo al cine, ¿por qué vivimos hablando de la crisis del cine argentino? ¿Se soluciona pidiéndole al público que vaya a ver tu película la primera semana así te asegurás superar la media de continuidad? Efectivamente no. Los problemas del cine argentino son muchos. Voy a intentar explicar los que yo creo que son los más importantes.

En primer lugar, el INCAA no reconoce los costos de lanzamiento de una producción. Es decir, el INCAA apoya que vos produzcas tu película pero no el proceso (lleno de gastos) que implica ponerla en cartelera y seducir al público. Si yo soy una producción pequeña, independiente, que cuenta únicamente con el costo reconocido por el instituto, es imposible que llegue a competir con películas extranjeras que gastan un porcentaje alto (y esto significa varios millones de dólares) en el marketing de su película. Tampoco voy a poder competir con empresas como Patagonik (que es Disney) que cuenta con la “suerte” de tener su propia compañía de distribución. Yo, independiente, me tengo que encargar de intentar venderle a Disney mi película para que la distribuya también creyendo que va a generar una competencia honesta con una película suya que es su propia inversión. El problema no es que Disney sea productora, importadora y exportadora y distribuidora todo al mismo tiempo; sino que el Estado haga poco y nada para regular eso y generar un espacio de competencia en el que los films independientes que se financian tengan al menos una chance de competir.

Otra complicación es que el INCAA reclame las mismas condiciones para productoras como Patagonik y como sea la de Suar, que a una productora independiente (esto dicho más allá del “beneficio” de Opera Prima que también utilizan las empresas grandes. Por otra parte, las productoras de televisión son reacias a invertir dinero en películas de proyectos cinematográficos que no impliquen un éxito asegurado y no hay políticas de estado de ningún ente que las incentiven a hacerlo.

Mientras recomendamos al público que vaya al cine tenemos que admitir que no es la solución. La mayoría de la sociedad no va a ir una vez por semana al cine, sobre todo en este contexto de crisis en el que ir al cine es un lujo (no vale citar los casos como el Gaumont, que este país sigue luego de General Paz).  Y además, incluso si tuvieran esa conducta, con toda la oferta que hay ¿cómo atraerlo semana tras semanas? Un ensayo que resultó fue el mes del cine argentino del año pasado, que dejó a cuatro películas nacionales entre el top ten del mes. No fue sólo el 50% de descuento en cada entrada, sino la difusión pública: en medios se anunció la promoción, hubo cartelería en la calle a cargo del instituto, etcétera.

Los números del año pasado demuestran que la gente sí quiere ver cine argentino, más allá de la discusión sobre cuál elige. Los problemas son los mismos de siempre: los monopolios entramados y la falta de políticas de estado para defender la industria nacional⚫

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