social share buttons Caligari, Revista cultural

“Lapicera de pluma y borratinta”

Por María Florencia Sosa


“Beniamino Malasangüe -capitán Ben lo llamaban- se dedicó a la piratería en 1848. O sea que ya era tarde.
Casi ningún ladrón o príncipe de los mares navegaba entonces por el Mar de la Malasia ni por ningún otro mar. Sólo su sed de aventuras y su cabeza perfectamente hueca podían haberlo lanzado a ese oficio tan a destiempo.”

 

Cuando estaba en 6° en la primaria, la maestra de Lengua empezó a leernos una novela infantil breve: ”La sonada aventura de Ben Malasangüe” de Ema Wolf. Era un momento que con mis compañeros disfrutábamos un montón. La verdad, yo era (soy) de las ñoñas que podía divertirse en silencio con una lectura, pero mientras la “señorita Norma” nos leía algún capítulo, hasta los más revoltosos del aula se calmaban y todos saboreábamos la historia con devoción. Era un gran momento de comunión infantil, nos reíamos, estábamos intrigados con la trama y pedíamos más capítulos enardecidos siempre, pero la seño sabía mantener nuestra atención y generar suspenso dosificando la novela.

 

Desde el principio de mi vida escolar las materias de Lengua, y luego las de literatura fueron de mis favoritas, quizá porque de a poco afloraba el germen de parte de lo que hago ahora. Para cuando en el grado terminamos de leerlo, tal era mi entusiasmo quemador de cabezas incluso fuera del colegio, que mi abuela terminó comprándomelo y volví a leerlo de corrido.  

La actividad final en el curso en base a la novela, fue escribir un pequeño relato en el que el Capitán Ben viajaba en el tiempo y llegaba a nuestros días (aquellos días, los de 1997). Mi pequeño cuentito se basaba en que un ser del 1800 que cae en 1997, podía maravillarse, asustarse, desubicarse con la tecnología, y a mi versión del Capitán Ben le pasaba todo eso al toparse con un aparato telefónico que sonaba y ante el cual no sabía cómo responder, a la vez que se encontraba en una ciudad con colectivos y semáforos y gente que le hablaba en castellano mientras él hablaba en italiano. Desopilante. Flashee Ciencia Ficción. Pero al llegar a clase y antes de la hora de Lengua comparar mi tarea con las de mis compañeras, que las había aún más ñoñas que yo, me sentí decepcionada de mi misma y sospeché que algo estaba mal en lo que había hecho. Una gran parte de los otros relatos coincidían en que el Capitán Ben al viajar en el tiempo, se casaba con su gran amor (creo que era Floriana, otro personaje de la novela, que me copaba por la similitud con mi nombre). Estaba descolocada, ¿era que había entendido mal la tarea? Me avergonzó mi cuento y mi imaginación fuera de lugar que no encajaba con lo que las otras chicas habían pensado y quise esconder mi escritura. Y lo hice, como usaba lapicera de pluma en ese entonces, con mi borratinta hice desaparecer mi cuento y lo corregí con una versión almibarada que incluyera amor con un final feliz. Éxito asegurado.

 

Por suerte, a medida que fui creciendo me volví menos influenciable, aprendí a ser receptiva cuando expongo mis ideas, pero intentando siempre ser sensible y fiel a mi creatividad e imaginación. Así que, ya puedo flashear ciencia ficción un poco más tranquila.

María Florencia Sosa

flososa@caligari.com

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