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“Frank”

Por María Florencia Sosa


En estos días me acordé de “Frank”, película que vi el verano pasado después de que dos personas que no se conocen entre sí me la mencionaran con pocos días de diferencia. Lo tomé como una señal, la busqué y la vi sin leer nada de ella, el poster fue suficiente. Desde ese verano no volví a verla, pero algunas veces durante este año volvieron a mí ciertas sensaciones que me generó. El protagonista, Jon, es un músico joven, pero no tan joven como para no tener al menos un hit y ser un “artista consagrado”. Digamos que se pasea entre la crisis creativa y la preocupación por lograr cierto reconocimiento. Camina por las calles de su ciudad en busca de inspiración: la gente que pasa, fragmentos de sonidos, contemplar el océano. Pero nada. Nada que pueda percibirse trascendente. Sin falta, como parte de su rutina, comparte en las redes sociales alguna cosa que haga alusión al supuesto arduo trabajo creativo que lo envuelve. No se desanima, pero está convencido de que hay algo inherente a él que le hace la tarea más difícil: tiene una vida demasiado monótona, en una ciudad donde nunca pasa nada y su familia es extremadamente tradicional. Ningún trauma, ningún sufrimiento o pesar que lo acerque a la tan deseada inspiración. La rutina se quiebra cuando visitando el mar se topa con un incidente que envuelve a una banda local de cierto renombre. Y como no quiero contar la película, hago una elipsis y voy al momento en el que el joven músico reemplaza al antiguo tecladista de la banda liderada por Frank, que vive con una máscara/casco/cabeza falsa que cubre y duplica el tamaño de su real cabeza y jamás deja verla. Con los demás integrantes de la banda  se internan por algunos meses en una casa aislada para crear el próximo disco.

 

La excentricidad de Frank fascina y descoloca a Jon,y todo eso se intensifica por la naturalidad con la que todos los demás músicos se relacionan con Frank, potenciando su curiosidad. Frank es genial y a su modo un sabio. Todos los aceptan así. Para Jon es una incógnita, pero está seguro que su locura y genialidad se deben a una infancia difícil, relaciones tortuosas, una vida tormentosa. Y acá llego a las sensaciones que mencionaba más arriba, porque la excentricidad de Frank gira en torno a la creación y a la inspiración. Como Jon, a veces me siento tan lejos, tan bloqueada, sin saber cómo activar algún mecanismo que me permita volcar (en palabras,en un dibujo, en una foto, etc.) ideas espléndidas que no llegan. Es conocida la frase de Picasso: “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Ahora mismo, intentando darle forma a todo lo que venía pensando sobre esta película y lo que me disparó, me veo bastante limitada. Hay algo interesante en cómo se plantea a un personaje que es o pretende ser artista y su relación con las redes sociales. Para él es importante parecer y figurar. Pero artista ¿se hace o se nace?

 

 

No me gustaría revelar detalles de la trama, sugiero verla, creo que tiene una manera un poco excéntrica y tierna de hablar de la creación, y de reflexionar sobre los supuestos que pueden existir en torno a ello.

María Florencia Sosa

flososa@caligari.com

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