Caligari, Revista cultural

Retazos

Por María Florencia Sosa


Después de muchos días, un Sábado que parece Domingo, retomo la escritura de un guión que dormía entre los archivos de la computadora. Escribir en la PC me asegura prolijidad, y la posibilidad de compartir, si es necesario, cómo viene la escritura. Pero inevitablemente, debo recurrir a los cuadernos. Son varios y siempre tengo cerca uno, al lado de la cama para las ideas que llegan antes, durante o después del sueño; y en la mochila o el morral al salir de casa. Los hay de todos los formatos, adaptándose cómodamente al bolso que lo contendrá. Sé dónde pueden estar los apuntes que me sirven para seguir escribiendo la película en la que trabajo ahora, porque a pesar de la cantidad, responden a un caos que conozco bien y en el que me puedo desenvolver tranquila. Así me reencuentro con ideas adoradas primero, descartadas luego, y que se podrían volver a tener en cuenta, reformuladas (¿para de nuevo descartar?). Veo frases escritas con la letra movida de ir en colectivo. Leo cosas y no me reconozco, o al contrario, me topo con ideas recurrentes que quizá algún día tomarán forma de algo: de personaje, de escena, de diálogo.
Son más cuadernos que ideas, pero con todos esos retazos de información, se teje una red que me contiene. Estoy en esas páginas, hablándome a mí misma desde otros tiempos, con otros estados de ánimo, otras inquietudes, queriendo llamarme la atención sobre algo, recordándome cosas que sé que olvido, e incitándome a investigar.

Abro el cuaderno azul a lunares y encuentro la primera frase que escribí hace años sobre el personaje que es la protagonista de la película que intento escribir hoy. Lara se llama. Ella me habla desde hace tiempo atrás y me recuerda por qué quiero contar algunas cosas sobre ella. Y espero que pueda seguir viviendo entre esas hojas del cuaderno, moverse en las páginas del archivo del guión en mi computadora para pronto hacerse cuerpo y alma en una actriz,  poder reconocerla a través de mi mente, corazón, ojo y cámara y habitar entonces una pantalla cinematográfica.

 

María Florencia Sosa

flososa@caligari.com

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