Caligari, Revista cultural

Algo que está ahí pero dónde, cómo...

Por María Florencia Sosa


“(...) de manera que lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se avergüenza de respirar o de ponerse los zapatos; son cosas que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro... Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago.”
Del cuento “Las babas del diablo” en el libro “Las armas secretas” de Julio Cortázar.

 

A veces cuando las cosas parecen ponerse más difíciles y siento que la hoja en blanco se me va transformando en un abismo, me pongo a pensar en el origen, en por qué elegí hacer lo que hago. No sé por qué. Por ahí volver al germen nos hace acordar por qué nos enamoramos de ciertas cosas. Probablemente, lo más justo es decir que no se puede hablar de ese “origen” como un sólo momento, sino más bien por la suma de varios. Y ahí reconozco con claridad una influencia fuerte y el punto en el que comenzó a transformarme, en generarme una curiosidad que me movió a ir como Alicia tras el conejo blanco: Julio Cortázar. Cuando tenía 17 años, leímos en el colegio “Casa tomada”. Lo extraño que hay ahí, en esa historia, no sé con certeza si lo entendí esa primera vez. Pero me acuerdo en qué lugar del aula me sentaba yo en ese momento, y la sensación de que algo fuerte me apartaba del entorno en el que estaba para recorrer esa casa. Sé que desde ese día me volví cada vez más lectora. Y fui accediendo a un universo de rarezas, de un cotidiano pintado de singularidad y de personajes que aunque muchas veces son desgraciados, son descritos y puestos a andar en esos mundos con tanto amor, que leyendo y releyendo varias veces redescubro su profundidad y sus aristas.

Para ese entonces ya se perfilaba mi camino hacia el cine como modo de contar, mi forma de “quitarme esa cosquilla molesta del estómago”. Y como somos el compendio de cosas que leemos, de música que escuchamos, de películas que vemos, de gente con la quien charlamos, de calles que caminamos, de lugares que visitamos; Cortázar es para mí, una especie de amigo referente (apuesto que de haber sido contemporáneos, hubiéramos sido amigos. Que nunca falte mi confesión ñoña).

Al que no lo leyó, le cuento que tiene dedicatorias magníficas del tipo “A la que un día lo leerá, ya tarde como siempre”. Hay quienes intentan de entrada con “Rayuela” sin preámbulo, y no es ese libro el primero que hay que leer de él, entonces se ofuscan y lo tildan de pedante. Me tomo el atrevimiento, entonces, de recomendar algunos cuentos breves, a modo de introducción:

  1. Las armas secretas
  2. Las caras de la medalla
  3. Cambio de luces
  4. Manuscrito hallado en un bolsillo
  5. Bestiario
  6. Segunda vez
  7. Usted se tendió a tu lado
  8. No se culpe a nadie

 

María Florencia Sosa

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