Caligari, Revista cultural

Se hace camino al andar

Por María Florencia Sosa


Camino mucho. Desde que me mudé de Provincia a Capital, y a falta de bicicleta (la mía está en la bicicletería de mi papá; “en casa de herrero, cuchillo de palo”), voy a todos los lugares que puedo a pie. Muchas veces tengo suerte, y me cruzo con la mayoría de los semáforos a mi favor, entonces puedo llevar una marcha constante. Otras, no sólo el semáforo está en mi contra, si no que aparecen otros obstáculos urbanos: taxistas que se detienen sobre la línea peatonal para que suba algún pasajero, calles cerradas por arreglos, etc. Entonces doblo en una esquina, cruzo a otra vereda, todo para intentar no cortar el andar. Detenerme me hace pensar que estoy perdiendo un poco el tiempo. Y aunque soy muy veloz, desarrollé una gran capacidad para frenar a tiempo cuando alguien que camina delante mío se frena en seco o para esquivar personas que zigzaguean por ir mirando el celular mientras van por la calle.


Así es que aunque muchas veces voy a los mismos lugares, el camino que tomo no siempre es el mismo.

Noté que a veces sucede algo parecido con los proyectos que encaro. O el proyecto: hacer una película. Al proyectar, una se va armando un camino posible, se traza un intento de trayectoria para llegar a cierta meta. Y en realidad, la mayoría de los sucesos venideros son inciertos dentro del cine independiente nacional, entonces el camino se torna impredecible; fascinante; cansador; monótono; interminable; emocionante. Nunca igual, siempre mutando. En ese proceso, o en la instancia en la que estoy ahora la menos, parece inevitable detenerse también, o frenar un poquito la marcha. Entonces para no sentir que pierdo el tiempo, transito otros caminos: leo, miro películas, investigo, dibujo.


Y entiendo que cuando el objetivo es claro, tarde o temprano, habré de llegar.

María Florencia Sosa

flososa@caligari.com

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