social share buttons Caligari, Revista cultural

Diario del festival. Día 9. La Organización Negra


Ruinas de cemento. La Organización Negra, de Julieta Rocco

 Sinceramente no sabía nada sobre “La organización negra”, admito mi poco conocimiento sobre el tema antes de ver el documental. Entre tantos títulos en la grilla del festival me fijé en su nombre gracias a una publicación de Tomás Nochteff. No soy un espectador teatral, pero el documental de Julieta Rocco me hizo dar ganas de ver más, y esa impotencia de haber querido estar ahí. Al salir del cine un amigo me dice algo así como: estar ahí viendo a la organización negra en vivo es también haber vivido la dictadura.

Claro… pensé.

Yo soy de una generación después, cuando yo nací, la organización negra murió. Pero no murió de una manera íntegra, sino que la muerte de la vanguardia nunca es una muerte verdadera. Porque la organización negra tiene una tumba ramificada en otros puntos, pero lo que a mí más me cautivó fue aquel momento que yo no viví y todo acto de rebeldía juvenil era necesario para destruir y crecer en las ruinas de cemento. Yo ni siquiera conocí Cromañón por ser de un pueblo del interior, pero reconozco y admiro la importancia de Omar Chabán para el underground argentino ya que fue una persona que le abrió las puertas a todos los que querían hacer algo para aquella nueva cultura que se estaba formando con la vuelta de la democracia.

La organización negra es un grupo que lleva a cabo las enseñanzas de Artaud. Rompen con el teatro clásico y lo llevan a sus paroxismos. La interacción del espectador es imprescindible por eso lo mejor era salirse de los escenarios tablados para ir a la calle Florida: Queremos ser más vistos que las vidrieras. El material de archivo que muestra el documental es formidable, porque ves a la organización negra rodeada de diferentes emociones que le pertenecen al público que está en todas partes porque los actores están en todas partes, corriendo alrededor del público, como también llegaron tras mucho entrenamiento y cambios, hasta el punto más alto del ícono porteño, en las imágenes ves el asombro del público, el susto, la adrenalina; oís los gritos y esa música industrial con tachos de basura. Tomás Nochteff y Marcelo Pocavida en una foto observando a la Organización Negra, varios años después son testimonios de lo que fue esa nueva explosión artística para Buenos Aires. El documental te atrapa tanto en lo que ves como en lo que escuchás, porque las imágenes en color te llevan a esos años de lucha artística después de la dictadura, la estética de la organización negra era fundamental, se pintaban todo el cuerpo, se disfrazaban, utilizaban animales en sus números que eso les traía problemas después, pero lo importante era el shock, ese impacto evanescente como un vómito que cae del cielo, para devolverte un presente en blanco y negro. Las imágenes alteradas de Buenos Aires, la música experimental, la revolución electrónica. El documental le da forma cinematográfica a un lenguaje teatral que rompe las tablas del escenario, que rompe el muro hecho de cajas, que rompe algo para empezar de nuevo en sus ruinas de cemento. 

Fue a la única función del festival que fui donde tuvieron que pedirle a las personas que se vayan de la sala porque tenía que empezar otra película, ya que en el momento de hacer las preguntas, empezaron a levantarse las manos del público para hablar con la directora, luego ella dice que en el público está Pichón de “La organización negra” y su director, Julian Howard. Ellos reciben un fuerte aplauso y lo que más me asombró fue ver lágrimas en los ojos de algunos espectadores. Un público mayor que yo, que fueron partícipes de aquella organización que le devolvió las fuerzas al arte, una fuerza nueva y diferente, ellos contaron lo difícil que fue en sus comienzos hacerse entender pero la reflexión da cuenta que en aquel tiempo había cosas que no se podían pensar. Me fui de la sala con el comentario de una mujer en mi cabeza: Nunca pensé que después de tanto tiempo iba a poder volver a encontrarlos, les agradezco por aquella noche que me pareció impresionante. Pichón le responde: Nunca pensé que después de tanto tiempo alguien me iba a agradecer. Me fui de la sala pensando en todo lo que no viví por no haber nacido. Cuando pasé por el obelisco miré para arriba y sonreí.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

Contacto