social share buttons Caligari, Revista cultural

Diario del festival. Día 7. El vecino (Un etaj mai jos) 


El pozo en la escalera. El vecino (Un etaj mai jos), de Radu Muntean

¿Cómo esquivar la suerte cuando se choca con uno en las escaleras de su propio edificio? ¿Cómo no meterse de a poco en ese pozo que hizo la suerte en la escalera? ¿Cómo no hundirse  en lo más profundo del pozo? Está prohibido en el planeta intentar esquivar lo que no se sabe que va a suceder. Es como querer encontrarse a alguien por azar. El absurdo lo prohíbe. Son estos golpes de suerte que funcionan como núcleo, golpes fuertes que direccionan un par de ojos a un solo camino: es el tesoro de Cornliu Porumboiu, el vecino de Radu Muntean. Desde el título nos lo dicen, es la obsesión rumana a través de un par de ojos, ese punto de vista inamovible que no le da lugar al paralelismo ajeno. La historia de un personaje que vio y no vio, pero este personaje no le deja lugar a las sospechas internas, sino que el problema planteado en “El vecino”, esta vez es literalmente el silencio. Radu Muntean supo literalizar su forma cinematográfica, ya que una de las características primordiales del cine rumano es ese silencio que abre puertas a lo que no se dice, el desamor aquel martes después de navidad; hoy el silencio para no hundirse en el pozo lleno de mierda del otro.

El vecino cuenta la historia de un asesinato que se expande y se acerca pero siempre siguiendo al hombre que vio y no vio: el vio la puerta desde afuera y al vecino verlo, vio a la policía en un papel ajeno al que le corresponde,  vio a su familia acercarse a su vecino y al vecino ya tan cerca suyo. Vio el asesinato funcionar como muro que tapa el partido de fútbol en la televisión. Es “El vecino” y no “La muerta”. Ya que lo importante es encontrar el pozo sin cavarlo. Siempre uno. La unidad rumana. El señor Lazarescu. El policía-adjetivo. Aurora, aquel asesino escondido. La frialdad con que tratan la cotidianeidad los rumanos es fría porque es distante. Son unos ojos que duran y no una mirada en realidad. Ojos que juzgan sin decir de más. Callan y esperan. Esperan la muerte del viejo. Esperan a que las leyes cambien. Esperan a que llegue ese momento preciso de actuar. Esperan afuera de una puerta para escuchar de más.  

Creo que una persona que calla queda siempre marcada, inclusive más aún cuando a esta le hacen una pregunta y finge ingenuidad. La ingenuidad cae al pozo en la escalera. Quedan las certezas que no se dicen como estandarte. Descubrir un asesinato y encubrir al asesino, intentando actuar como un vecino correcto al ayudarlo con sus problemas burocráticos. Son dos pares de ojos que se dicen mucho más que sus bocas. Las palabras sobre el tema caen al pozo en la escalera y son tapadas por conversaciones cotidianas pero ambientadas a un tema totalmente extraordinario, descubrir un asesinato y callar. Pero cuando las bocas no hablan, hablan las demás cosas y vemos el tiempo marcado en la puerta del vecino, siempre desde afuera, y en esa puerta se ven pasar los días,      ya que primero es una puerta común y corriente con gritos en su interior, luego es una puerta con una cinta policial, luego es una puerta con unas velas y flores afuera. Las flores se mueren como mueren las personas. Las flores y las personas caen al pozo en la escalera.

Juan Pablo Barbero

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