social share buttons Caligari, Revista cultural

Diario del festival. Día 4. La ciénaga


La ciénaga, De Lucrecia Martel

Lo que nos dicen las pieles

 

No se puede hablar de una película de Lucrecia Martel, sin enfatizar en el sonido, un disparo o un trueno, el viento no deja diferenciarlo, las hojas en los árboles, el vino que cae al vaso, las copas que golpean, el vidrio suena muy particular, la vibración del canto de los grillos hace mover el vino en las copas, los hielos son campanas, las sillas son máquinas oxidadas en una coreografía que la vemos con los oídos, ya que no son muchas las películas que logran crear una atmósfera sonora y extrañar lo cotidiano. Se escucha una habitación y dos chicas acostadas en una cama, el viento en las cortinas y un sonido infantil, un susurro, Señor gracias por darme a Isabel... gracias por darme a Isabel, gracias por darme a Isabel, después afuera otra vez y el trueno otra vez o el disparo otra vez.

La ciénaga sucede en la provincia de Salta, dos familias, las mujeres son primas, fueron juntas a la universidad, en el pasado hubo traiciones que se convirtieron en un rechazo frío hacia una tercera, que fue amante del marido de Mecha y luego de su hijo, pero lo más duro es que se llaman de la misma manera: Mercedes.  En la ciénaga hay secretos que todo el tiempo se esconden en seducciones, el sonido de los roces de los cuerpos están cubiertos de una sensualidad sustantiva, ya que pocas películas nos dejan oír lo que dicen las pieles. El incesto implícito. Lo implícito está desde el principio, con esa copa que se rompe en pedacitos cuando Mecha se cae al piso. El sonido nos permite reconocer lo implícito de una manera diferente a la convencional, ya que La ciénaga no narra con acciones, sino con encuadres rarificados que encierran elementos implícitos, con susurros, con destellos cotidianos que nos ahoga en un universo particular, ese universo que Mecha no quiere mirar, por eso no se quita los anteojos de sol: una hija que desea a la sirvienta, una prima que espera un milagro de la virgen que aparece arriba de un techo, ya muchos fueron testigos de la aparición y la televisión cuenta a la religión como noticia popular. “La ciénaga” está repleta de elementos que extrañan la historia, un ritmo que varía sus duraciones en relación a la pequeña historia para contar, “La ciénaga” tiene eso increíble de las historias que al contarlas te sentís un idiota, porque no sabés cómo explicarla, pero es que película se ve con los oídos y se escucha con los ojos. Creo que las mejores historias, no pueden ser contadas tan fácilmente.


Juan Pablo Barbero

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