social share buttons Caligari, Revista cultural

Diario del festival. Día 3. Quizás hoy


Quizás hoy, De Sergio Corach

“Quizás Hoy”, película que está en competencia argentina es una historia que dialoga con muchas otras películas, dialoga con tantas que se vuelve interesante el reconocimiento de las referencias y te lleva a otro lado, lejos de la película. ¿Pero cuál es la película? Quizás son muchas, pero no, porque “Quizás hoy” se vuelve tediosa en cierto punto cuando uno se harta del personaje que no deja de nadar en un torbellino de otras ideas. Quizás esa sea una buena analogía, la del remolino, quizás, porque la película tiene esa forma, la de agotar sus recursos con el diálogo o la escritura, ya que el personaje todo lo que piensa lo escribe o lo dice en cierta manera y todo se ahoga en un final cercano al final de “El eclipse” de Antonioni, o quizás no, pero ya que la película se pasa todo el tiempo insegura, nombrando citas y autores por necesidad de un sostén en donde agarrarse.

En pocas películas me pasó que no podía unir al actor con el personaje, en esta sucedió. Un supuesto gusano que no se veía gusano. Un supuesto escritor que fingía ser escritor. La evidencia de la actuación se presentó ante mis ojos y no pude hacer otra cosa que entretenerme uniendo las referencias, en vez de concentrarme en la película en sí. Pero quizás es otra cosa, quizás sólo se trate de las demás películas y eso le devuelve lo interesante, ya que se demuestra, hasta se exagera, que es una película compuesta por muchos otros pedazos, y lo divertido de esa disociación entre personaje y actor es su artificialidad, no digo que el papel está mal, sino que me pareció equivocado, ya que no llegó a romper la barrera que te deja meterte en la película, quizás fui al cine y vi la película con las luces prendidas, ya que en ningún momento me logré hundir completamente en ese remolino. Cuando más te quiere acercar, te aleja, porque el personaje no dejó de darme rechazo, y no lograba comprender si era una parodia o qué era lo que realmente importaba, ya que lo que más entendí, son los guiños de las otras películas, pero nada propio, sólo el uso exagerado de nombres. La canción que canta al principio en bicicleta es graciosa, pero luego cansa, el uso de repeticiones se vuelve absurdo, pero sin dialogar con el absurdo, porque si por lo menos intentara eso, la historia tomaría otro rumbo y esto es un ejemplo para ver como la película se ahoga en sí misma, pero quizás sólo es eso, un remolino, con forma de embudo, que en un momento va a estallar y quizás sólo en ese silencio final la crisis existencial de su personaje tome fuerza, porque es en el único momento que los diálogos no me molestaron de verdad. Quizás la tenga que volver a ver. Quizás mañana…


Juan Pablo Barbero

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