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Diario del festival. Día 10. La calle de la amargura


La calle de la amargura, de Arturo Ripstein

Mi experiencia al entrar al cine a ver “La calle de la amargura” del director mexicano Arturo Ripstein fue extraña, porque la única de sus películas que había visto fue su primer trabajo cinematográfico “Tiempo de morir” del año 1966, y no porque este fuera el único, sino porque lo vi para la materia “Historia del cine argentino y latinoamericano”; lo que me resultó interesante de esto fue que estaba viendo a alguien que una vez lo pensé clásico y ahora contemporáneo. Eso loco que tiene el tiempo. Fue bueno para mí pensarla así porque me ayudaba a ver cómo un viejo director veía el mundo moderno. En el caso de Ripstein parece que el mundo no cambió en valores y el dolor siempre va a existir. La realidad social ahogada en pobreza y religión.


La película cuenta dos historias en paralelo, por un lado dos prostitutas viejas que lamentan su amargura en la calle al no conseguir trabajo ya que la experiencia no cuenta; por otro lado, dos enanos que practican lucha enmascarados. Estos personajes nunca se sacan la máscara y eso ya da mucho que pensar, pero sin entrar en signos, sino manteniéndome intacto en el clima que tiene la historia, me dejé llevar más por su lado poético: un México blanco y negro lleno de nostalgia, de soledad, de miedos, pero también de lucha, tanto los enanos como las prostitutas luchan de diferente manera frente a la vida, para luego cruzar sus amarguras lejos de los mariachis y todo aquel color mexicano, para converger en un crimen accidental, pero al fin y al cabo asesinato.
Ripstein tiene una larga trayectoria cinematográfica por recorrer. La calle de la amargura quizás sea el nombre de todo ese camino.


Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

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