Carta 12, Praga


Conversamos con Vera Czemerinski. Nació en Buenos Aires en 1972, y es actriz. Es egresada de la Escuela de Dramaturgia de la EAD. Actualmente trabaja en producción, periodismo, como actriz y cantante.


 

 

 

Entrevista a Vera Czemerinski, directora de Carta 12, Praga


 

Sabemos que “Carta 12, Praga” es la primera pieza de un proyecto audiovisual que abarcara más ciudades, ¿porque la elegiste para empezar?


Tengo cartas escritas desde varias ciudades, pero Praga es la única ciudad de la que tenía material filmado de buena calidad. Tengo filmadas varias ciudades -aproveché cada viaje que hice para tomar imágenes- pero la única vez que pude hacerlo con un equipo adecuado, que fuera calidad de imagen profesional y resistiera una ampliación, fue cuando le propuse a Robert Newald (un fotógrafo vienés amigo con quién nos conocemos hace varios años) irnos allá a tomar imágenes no sólo de la ciudad, sino de mí, disfrazada como Isabella, casi reproducir algo del cuento. La idea era delirante, y de hecho las imágenes (las que no quedaron en el corto) lo son también. Finalmente, en edición, me pareció que para un primer capítulo, rendía mucho más que la escucháramos y no que la viéramos.   

 

¿Cómo surge la idea de este proyecto sobre ciudades?

Porque tuve la fortuna, por diversas circunstancias –azarosas algunas, y otras no tanto- de tener un trabajo en Viena, que me lleva de viaje una vez por año. Ya en el primer viaje comencé a escribir, mandaba mails a mis amigos, poniendo el foco en las sensaciones, en la subjetiva… muy a la manera cómo se hacía antes, un diario de viaje de antaño. Me portaba como si no hubiera internet: en general no mandaba fotos: quería que las palabras fueran las que dieran lugar para la creación de imágenes. Fue una rutina que continué año a año, hasta que una vuelta, en vez de firmar con mi nombre, aparece Isabella, este alter-ego que desde entonces me acompaña adonde vaya, y escribe por mí.

Pero volviendo a tu pregunta, es de la oportunidad de viajar que surge la idea de hacer un proyecto sobre ciudades, aunque en realidad no esté tan centrado en las ciudades en sí, sino en la experiencia de quién las conoce, las atraviesa, las vive. Algo así como que aquel que “las descubre”, en el camino “se descubre”.

¿Qué parámetros utilizaste para la selección de las imágenes que terminamos viendo en el corto y que tanto material quedo afuera?

Quedaron afuera todas las imágenes en las que yo estaba caracterizada de Isabella (me había mandado a hacer un vestuario especialmente), y empecé a seleccionar de los planos restantes. Y de ahí, la selección fue simplemente las que me resultaban más sugerentes y concordantes con el texto. Para quién conoce Praga, la sensación que deja el corto contrasta mucho con la experiencia de vivir esa ciudad. Es una de las más transitadas por turistas en Europa, no hay manera de verla vacía. Y el corto llena ese vacío pero no de turistas, sino de palabras que se valen de la historia de esa ciudad. Robert, el cameraman – un tipo de otra época- conoció Praga en su época comunista, me decía que lo que se ve ahora parece Disneylandia, iluminada, atestada de gente. Durante los 44 años de régimen comunista, el Puente Carlos IV estaba vacío. Hoy eso es inimaginable.

 

En el medio de la carta incluiste una buena cantidad de muy interesantes y pequeñas historias, ¿cómo las elegiste?

La base del texto son las cartas que yo mandaba. Y cada carta, está escrita con el material propio que fui recolectando en cada ciudad. En el caso particular de Praga, esas historias (salvo tal vez la del mito de la fundación, con la princesa del Monte Prah) no son ficción, son verdad, es lo que esa ciudad - tan sufrida y oscura como atestada de belleza - atravesó a lo largo de su historia. Obviamente las historias que están ahí son un recorte sintético y tal vez demasiado estético del desastre que pudo haber sido habitarla en sus diferentes épocas.

 

¿Qué sensaciones te dejaron las proyecciones de Carta 12, Praga en el Bafici?    

Alegría. No comencé el proyecto con la idea de llevarlo a una pantalla grande. Originalmente iba a ser una obra de teatro, que incluía material audiovisual. Por esas cosas de la vida, terminó siendo un cortometraje cinematográfico, y a la vez el primer paso de algo más grande. En el cine todo es enorme. Creo que pasó algo del orden de lo imaginado muy fuerte inconscientemente, hecho realidad. Eso es muy bello.

 

¿Te encontras trabajando en otro proyecto?

En la próxima carta, o sea, el próximo corto. Estoy en etapa de preproducción, con todas las dificultades que implica. Veremos si lo logro. El proyecto tiene algo pequeño, pero a la vez es ambicioso: es filmar afuera, con recursos caseros pero con la idea de un acabado con un estándar alto de terminación. Todo un desafío.

 

Mauro Lukasievicz

mlukasievicz@caligari.com.ar

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