"Me parece que el desafío es durar y no bajarse del barco". Entrevista a Pilar Gamboa


 

Confesa aficionada al trabajo en equipo, la actriz Pilar Gamboa habla acerca de su vínculo histórico con Esteban Lamothe, la hermandad que la une a sus compañeras del grupo de investigación teatral Piel de lava, Valeria Correa, Laura Paredes y Elisa Carricajo, sus temores y su pasión por la actuación y el teatro. 

 

Me encuentro con Pilar en el coqueto café del Teatro Picadero, donde los martes sube a escena con Vigilia de noche, bajo la dirección de Daniel Veronese. Cálida y locuaz, esta joven actriz de primera línea no rehuye a ningún tema. 

 

 

Contame un poco sobre tu grupo Piel de lava y el rodaje de 6 años de La flor, de Mariano Llinás.
Casi 7 años duró el rodaje. Nosotras tenemos ese grupo, Piel de lava, hace mucho, que ahora editamos el libro. Entropía nos publicó las cuatro obras la Editorial Entropía, que es re linda. Nosotras escribimos, actuamos y dirigimos las obras, las cuatro. Es un grupo que yo tengo hace casi 13 años.

 

¿Cuando empezabas en esta profesión?
Casi en los comienzos. Yo terminé la escuela y me anoté en el Conservatorio de arte dramático y no entré. Me fui a anotar al Rojas con Cristian Drut, hice primero con él entrenamiento y después me fui a lo de Bartís y después a lo de Catalán, que había sido docente mío en lo de Bartís. Ahí la conocí a Elisa Carricajo y ahí entre las dos montamos una escena que se llamaba Deja el río correr. Después la obra se llamó Colores verdaderos. Yo tenía 22 años.  Y eso fue lo primero que hicimos con Valeria Correa y Laura Paredes, que era nuestra asistente. Valeria Correa la dirigía. Después queríamos actuar las 4, y la próxima obra fue Neblina, que la escribimos las 4. Procesos largos, como de 3 años de ensayo, escritura porque es muy difícil escribir entre 4 mujeres, todas con carácter fuerte. Éramos todas muy amigas, somos. Como familia. Y Mariano Llinás aparece viendo la obra, ve Neblina. Neblina la dirigía un actor que se llama Héctor Díaz. Groso. Por medio de Héctor, llega Mariano Llinás a nosotras, ve la obra, queda medio fascinado y nos propone filmar una película.


¿Fue suya la idea del rodaje a lo largo de los años?
No a priori. Fue como un romance con una pareja. No se planteó “esto va a durar tanto”. Uno empieza a salir y no sabe cuánto va a durar.


Qué romántica la declaración.
Es que fue como una historia de amor con El Pampero Cine, la productora de Mariano. Ellos trabajan en grupo hace mil años, hicieron Historias extraordinarias. Nosotras también trabajamos en grupo mucho tiempo, entendemos muy bien cuáles son las dinámicas grupales, nunca estuvimos muy apresurados por el tiempo. Las cosas que se hacen de a muchos y en general son democráticas son difíciles. Difícil en el mejor de los sentidos: hay que llegar a un acuerdo, consensuar, escribir, reescribir, ensayar, reensayar. Como que nos enamoramos El Pampero cine y las Piel de lava y entonces empezamos a filmar. La película son episodios. Como una gran máquina de ficción. El tercer episodio que es el de las espías rusas de la guerra fría la filmamos en Berlín, cuando yo estaba de gira con las obras de Mariano Pensotti, pero no con estructura de viaje de película, sino que yo me iba. Yo me iba con Mariano Pensotti de gira, estaba haciendo una obra que se llamaba El pasado es un animal grotesco. Mariano venía, filmábamos a la noche y yo me ponía el vestuario de la película, él, yo y nadie más. Elisa filmó en el Transiberiano en Rusia, Laurita Paredes filmó en París y Vale filmó en Colombia. En febrero terminamos de filmarla, hicimos el último plano de la película. Posiblemente se estrene a fin de año. Hay que empezar a editar y de eso se ocupa Mariano. Una tarea titánica porque el material de 7 años…No sé cómo la va a plantear, si se va a pasar toda junta, en episodios. Nosotras aprendimos a hacer cine. Cuando empezamos a filmar La flor en San Juan yo tenía 28. Cuando yo empecé con Mariano, ninguna de nosotras sabía nada de cine. Nadie había hecho nada. Él fue un gran maestro. Es uno de los directores de cine que más admiro. En el mundo entero te diría. Por una cuestión de que me identifico mucho con su forma de ver el mundo, de pensar el arte. Para mí somos re privilegiadas. Toda la película armada en función de nosotras 4. Eso no pasa muy seguido. Fue re emocionante el último plano de la película. El nivel de llanto… Fue muy hermosa la experiencia de hacer La flor. Todavía quedan algunas cositas en Buenos Aires.


Por lo que contás te llevás gente de cada proyecto.
(risas). Piel de lava para mí tiene lo mejor de una familia, y no tiene lo peor de una familia. Además de la amistad de muchos años, y de la familia que somos ya las 4, seguimos siendo un laboratorio de experimentación. Piel de lava es un grupo donde yo puedo probar en actuación todo eso que no puedo probar por fuera. Porque cuando a uno lo llaman tenés que hacer lo que dice el guión. Con ellas la manera de trabajar es más anárquica. Las obras surgen en función de lo que nos dan ganas de probar como actrices. A mí hace bien, me centra tener ese laboratorio donde poder volver y experimentar y estar con ellas pensando la actuación.


¿Tenés deseos de docencia?
Nunca di clases. Reemplacé a alguna de las chicas en alguna de las clases que no podían dar. Las 3 dan clases. Después tengo el otro grupo, Compañía del silencio, con Romina.  Surgió con los Estebanes, Bigliardi y Lamothe. Hicimos Algo de ruido hace y después El tiempo todo entero, que se sumó Susana Pampín. Por último Fauna, que Esteban Lamothe se fue del grupo porque iba a ser papá. Y entró Rafa Ferro a reemplazarlo. Ahora estamos en un parate, aparecieron muchos hijos en el grupo. En Piel de lava también. Ahora está medio frenado pero siempre el germen de trabajar con todos ellos está. Creo que si tengo que decidir son los actores que más admiro en el mundo. Romina como directora y dramaturga.


Fernando Salem ahora está adaptando su novela, Agosto.
Sí, ¿vos leíste la novela?


Aún no.
La editó Entropía. Está re buena. Ahora Romi va a publicar la próxima. La dinámica de los grupos me es muy afín. Me gusta pensar entre muchos lo que hacemos. Me parece que la actuación es colectiva. Salvo que hagas un monólogo, aunque si hacés un monólogo, estás con un director afuera mirándote. Soy de las que se apoyan mucho en el otro.

¿Te cuesta encontrar colegas que compartan tu mirada?
Algunos sí y otros no. Pero por formación, no por ser más o menos egocéntricos. Yo me formé en estudios de teatro como lo de Bartís o Catalán, donde vos te juntás con otros. Y la formación del actor es más completa en un sentido. El actor es capaz de generar sentido en todos los ámbitos, puede escribir. Romina era compañera mía de actuación en lo de Bartís y después terminó escribiendo.


Todos tus vínculos son históricos.
La conozco hace mil años. A Lamothe lo conozco de lo de Drut. Lamothe es amigo mío desde que tenemos 19. Nos conocimos muy chicos. El otro día pensaba cómo puede ser un termómetro de gente que te interese. Yo ya quiero conocer gente que tenga amigos de más de 10 años. Me parece que hay algo de poder sostener y construir en el tiempo. Me gusta eso, la gente que construyó vínculos largos. Porque no es tan fácil. Yo ahora estoy en esa tesitura. Me parece que el desafío es durar y no bajarse del barco. En la actuación me pasa lo mismo. Me volvería loca si no actúo. La tarea en sí misma tiene algo de presente puro. La entrega es tan genuina cuando eso sucede…Me parece que si vos pensás en lo que viene te asustás. Si pensás “ahora tengo que narrar esto”, te asustás. Es difícil, porque ya tenés la cabeza pensando en eso que tiene que pasar y que tenés que transmitir. Es a puro presente, ser lo más genuino en ese presente y a partir de ahí construir. Las relaciones de amor, la amistad, la actuación. Yo la emparento mucho con eso. Cuando la actuación empieza a ser individual…son los actores que a mí menos me interesan. Yo la veía a Marilú (Marini) filmando. Marilú es una de las actrices que a mí más me gustan. Sentadita en el medio del desierto, dejándose dirigir por un chico con su primera película. Me parece que a los 30 años podés ser viejo si creés que ya no vas a aprende más nada. Y podés ser un alma vieja. Yo la veía a ella, que es una señora grande, y todo el tiempo preguntando “¿te parece que está bien, mi amoroso, que haga esto?”. Y yo pensaba  que lo que te mantiene vivo es el aprendizaje y la aventura. En el momento en que un actor cree que ya consiguió todo lo que podía conseguir, se va a pique, se repite.


¿Quiénes son los actores que más te interesan?
Marilú. Mirtha Busnelli me encanta. Pensaba en mujeres. Está lleno de actores que me inspiran. Gena Rowlands. Pelis que hizo me volvieron loca, fueron muy iniciáticas. Están filmadas también muy colectivamente. Hay gente joven talentosísima y que le va a bárbaro, y ya no se deja dirigir. ¿Por qué? No existe el mejor actor del mundo. No hay.


En Cómo funcionan casi todas las cosas nombrás a Darín.
Ese parlamento lo inventamos con Fer en un ensayo. A mí Darín me encanta, me parece un actorazo. Es como el genio del cine argentino. Yo le decía a Fer: “Fer, tiene que haber una película argentina donde se lo nombre a Darín”. Nos juntábamos con Vero a leer las escenas varias veces, a leerlas y encontrar un lenguaje común entre nosotras para poder actuar. Improvisando con el texto de los extras, nombré a Darín y Fer me dijo: “Dejémoslo” (risas). Todo lo anterior no lo decía por Darín que ni lo conozco; me gusta como actor. Los actores, y las personas en general, creo que lo que te mantiene joven es el riesgo, sentir que todavía te queda mucho mundo por descubrir y conquistar. Asumir ese riesgo es vertiginoso y yo soy una actriz que me reconozco que vengo de lo independiente, pero aún así toco la tecla de lo comercial. Trato de fluctuar. Es una pavada, ya no existe lo independiente y lo comercial. Un actor es un actor. Me pasó que se me dio así, tocar todos los formatos, y está buenísimo y lo agradezco siempre mucho. El otro día un chico que no conozco, un actor que estaba iniciándose, me escribió un mensaje de Facebook preguntándome cómo había hecho yo para que me fuera bien. Si tenía algún tip para tirarle. Me dio mucha ternura porque me puse a pensar y yo jamás me lo planteé. Hay una gran cuota de suerte, no digo que no, y después una gran cuota de trabajo. Yo hace 12 años ininterrumpidos que hago funciones de teatro. Porque fui autogestionada. En esos 3 años mientras con Piel de lava estábamos haciendo funciones de una, yo a la vez estaba ensayando con Romina y haciendo funciones de Compañía del silencio. Me parece que la única clave es trabajar mucho con honestidad. Yo trabajaba de otras cosas. Tenía un trabajo formal donde cobraba. Yo vivo de la actuación hace 8 años. No es tanto. Es un montón de tiempo y lo agradezco todos los días, te lo juro. Cuando lo conocí a Lamothe, yo trabajaba en YPF y él de mozo en La Caballeriza. Nos juntábamos en el living de la casa de mis viejos después de nuestros trabajos a ensayar la obra que después hicimos que se llamaba La ternera, en lo de Catalán. Me parece que tiene que ver con una especie de cosa que te arrasa, porque es el único lugar que te da placer cuando tenés un trabajo que no te gusta. Me iba del trabajo corriendo para ir a ensayar. No podía planteármelo de otra manera. Para mí haber descubierto la actuación como esa forma de expresar, bastante inconsciente, no podía parar de hacerlo. Y yo no ganaba plata. Durante un montón de tiempo no gané plata como actriz. Pero hace 12 años que no dejo de actuar. Le contesté un poco eso. Es difícil decirle al otro qué es lo que hay qué hacer, yo no soy nadie para decirle eso. Pero me quedé pensando mucho. No es que haya una estrategia, como tampoco la hay en la vida. Lo cual no significa no desear, proyectar. Todos los hacemos. Hay algo que está escrito. Transcurrir el presente con honestidad, ser genuino con lo que uno hace. Yo me acuerdo que nos juntábamos a ensayar en el living con Esteban. Con Julián Krakov, también actor y Cristian Francucci, que es un actorazo, que ahora se fue a vivir a Villegas, su pueblo. Uno de los mejores actores que conocí. Éramos nosotros 4. Pero teníamos escenas con Lamothe solos, entonces hacíamos ensayo parcial. Y nos juntábamos en la casa de mis viejos  y yo corría el sillón. Como si hubiese gente en ese living mirándonos. El teatro sucedía. No había nadie, y sin embargo había un nivel de compromiso y de creencia. Es una cuestión de fe.


¿Siempre tuviste la determinación de ser actriz?
No, era histriónica, me gustaba, pero siempre pensé que iba a hacer una carrera universitaria. Estudié Letras 3 años. Pero en un momento estudiaba, ensayaba y trabajaba.


¿En tu familia hubo en algún momento preocupación por que no pudieras vivir de esto, o ya había artistas en tu familia?
No, mi papá es un músico frustrado; le encanta el arte. Yo dejé de trabajar porque me había salido una obra en el San Martín. Pedí licencia de 3 meses en el trabajo, sin goce de sueldo; me la dieron e hice la obra. Después volví al trabajo, y ya habiendo trabajado de actriz, que me pagaban y todo, volver al trabajo me fue muy difícil. Sonaba el despertador para ir a trabajar y yo me largaba a llorar en la cama. Y ahí renuncié definitivo y creo que se preocuparon. Les dije: “No se preocupen, a mí me va a ir bien”. Nunca ellos me ayudaron económicamente. Somos todos clase trabajadora. Si no salía laburo como actriz, en un momento forraba muebles en un taller. Hice de todo hasta que en un momento se armó. No es por llorar la carta. También era obvio que se me tenía que armar, si no paraba de actuar. Los miércoles hacía Algo de ruido hacen, los jueves Automático, de Javi Daulte.


Te han dirigido los mejores.
Javier después hizo su recorrido enorme. Yo lo agarré un poquito antes de todo ese recorrido. Fue espectacular. Sábados y domingos hacía Acassuso, de Rafa Spregelburd. Ese año con el bordereaux de todas esas obras juntas de teatro independiente pagaba el alquiler. Para vivir tenía que hacer otras cosas. Tuve que tomar decisiones difíciles. Me llamaron para hacer Los Únicos. Había hecho Para vestir santos, pero fue una experiencia cortita. A su vez ese año tenía gira con El pasado es un animal grotesco, de Mariano Pensotti. Por Europa, y yo no conocía Europa. Me acuerdo de que cuando tuve la reunión les dije: “Tengo re ganas de hacer esto de la tele, pero pónganse en mi lugar, no conozco Europa. Y me voy a ir haciendo teatro.” Y se re coparon. Iba de gira un mes y medio, volvía. Creo que les enterneció que les dijera que no conocía Europa (risas). Yo quería hacer tele. Me agarró grande, tenía 30 años. El fenómeno de ese formato me agarró grande, más plantada. Hay algo más de actriz. Igual me costó como si no supiese actuar. Me re ayudaron. Yo preguntaba todo el tiempo, si no hubiera arruinado todos los planos hasta el final de la tira. De mucha exposición. Pero yo estaba transitando con alegría.


Nombraste la palabra “fenómeno”. Con el fenómeno de Los Únicos te llegaron las fans apasionadas.
Te voy a ser sincera. De ese grupo de fans quedaron 3, que son lo más del mundo. Vienen a ver todas las obras que hago. Una vive en Córdoba, presenté El incendio en Córdoba y vino. Fue re linda toda esa experiencia. Algunas chicas nunca habían ido al teatro. Fueron al Callejón a verme actuar. Yo dije que estaba haciendo una obra en el Callejón, y aparecían. Re copadas con las obras de teatro. A alguna la acompañó el padre de Tucumán. Y a mí me re emocionaba eso. En ese momento tenía muchas fans, ahora quedaron poquísimas (risas).


Pero ahora no estás tan expuesta.
Claro, una tira para adolescentes con Mariano Martinez y Nicolás Cabré. Eran todos los chicos de la tele juntos. Yo no tenía Facebook, no tenía Twitter. Sigo sin tener Twitter. Me sorprendía mucho y a la vez me daban ternura. La tira tiene como  algo de gimnasia de la actuación. A veces a la noche ves el capítulo que grabaste en el día, cuando se atrasa. Tiene como un nivel de vértigo.


¿Algún formato que te guste más? ¿O lo decís de manera descriptiva, no crítica
En el teatro puedo probar. Es el lugar donde siento que toco la tecla de la actuación que más me interesa. Quizás es porque es como mi hábitat natural desde hace muchos años. Los otros formatos hice, pero tampoco tanto. El teatro tiene algo de lo primario de la actuación, el olor del actor creando esa ficción, el público ahí. Yo soy bastante fanática de la gente que cuenta  anécdotas y se puede tomar todo el tiempo del mundo, eso es como el germen de lo teatral. El contador de cuentos. Escuché a De Caro el otro día en la radio, contaba una anécdota con Szifrón que me hizo mucha gracia. Creo que fue en el programa de Wainrach en Metro. Gracioso, divino, me hizo morir de risa. El teatro me vuelve loca. Me gustaría ver más de lo que puedo ver, pero es difícil ver mucho teatro cuando uno está haciendo mucho teatro. Es un acto de fe tan enorme. La gente decide creer en eso que el actor le va a contar. Tiene algo tan infantil esa creencia del espectador de que esto es verdad. Si todos sabemos que es ficción, como una especie de pantomima enorme. Una convención entre el que paga la entrada y el actor, y sabe que lo que estamos contando es ficción. Ninguno de nosotros le va a dar crédito a eso que ya sabemos que es así. Me parece re mágico eso. Entre la gente y el actor. Además el teatro tiene la posibilidad de la revancha si te salió mal una función. Y el actor de teatro no se ve a sí mismo, como después de una película, en la que queda todo plasmado. Creo que por eso me apasiona tanto el teatro e ir a ver teatro. Y más en Buenos Aires, que es una especie de olla a presión de todo lo que sucede teatral.

 

¿Viste alguna obra que te haya gustado mucho?

Me gustó mucho La Pilarcita, que parece una burla por mi nombre (risas). La de María. La de Paula también la quiero ver, Yo no duermo la siesta. Me gustó mucho Jarry, la  de Mariana Chaud. La fui a ver a Mara (Bestelli) en Según Roxi, la obrita de teatro. Me morí de risa. Qué graciosa, madre Pachamama. El año pasado vi poco porque me era muy difícil terminar la función a las once de la noche y salir corriendo después de actuar. Esta obra que es tan intensa. Terminaba media cansada como para sentarme en una butaca a ver. Cuando ahora se empiece a estrenar todo, empiezo a ver.


¿Cuán difícil es conciliar tu profesión de actriz con la exposición de la vida privada que muchas veces se demanda del actor?
Para mí no es difícil porque no es que soy una persona que voy en el subte y la gente me reconoce. Salvo cuando hacés tele. Salvo que seas ya, Griselda Siciliani, o Esteban Lamothe ahora. Pero como yo voy y vengo, voy mechando, no lo sufro. No lo padecí nunca porque nunca fue abusivo. Lo más raro fue en el momento de Los Únicos. Iba en el subte y pensaba, por qué me miran así. Me caía después la ficha. Yo voy en mi mundo. Uno es una hormiga en la ciudad. Vos o yo, si queremos que nos miren, nos van a mirar. Y si no querés que te miren, hacé la prueba, no te mira nadie. Uno por suerte puede invisibilizarse (risas). Las veces que a mí me reconocieron me pasó mucho por las obras de teatro. “Vos sos la de El tiempo todo  entero. Me encantó la obra.” Lo manejo re bien porque no pienso para nada en eso.


Tanto en la peli de Fer Salem como en El incendio de Juan Schitman hay mucha carga dramática. ¿Cómo te desconectás de días de rodaje tan intensos?
Para mí la actuación es tan lúdica, y tan juego, que quedo muy cansada, si tengo que ser sincera, emocionalmente. Casi deportivamente cansada. Como si hubiese jugado un deporte. Viste ese sueño de cuando dormís a la noche después de haber hecho actividad física. Cuando actúo me pasa un poco. No quedo enroscada con lo que le pasa al personaje. No tengo una manera tampoco de trabajar la actuación muy psicologista. Obviamente en todos los personajes hay una zona mía que cuando lo hago con esa zona de verdad emocional hay una zona propia que me toca, pero yo prefiero no pensar en eso. Después me doy cuenta, pero me hago medio la boluda con toda esa zona, porque no me interesa, me parece el fantasma de la locura, y yo no me quiero volver loca. El actor actúa desde donde puede. Si piensa en su madre muerta para actuar, a mí no me importa. A mí no me pasa de esa manera. Para mí es tan lúdico que cuando se apaga la luz ya quiero tomar una cerveza. A mí me pasa que si la obra termina con un llanto, prenden la luz y es re difícil no llorar. No sos un marciano, ahora saludo y ya no lloro. Uno va abandonando lo físico del estado de a poco y ese lugar de emoción que tocó y esa tecla de tristeza que obviamente tocás, pero se apaga la luz y yo no me dejo engañar ni un minuto más. Listo, todo esto fue un engaño para todos, para ustedes, para mí. Espero que no me pase nunca porque sería la parte de la locura, decir “quién soy, el personaje o la persona”. Si está todo medio mezclado. Yo prefiero no mirar. Está en esa coctelera medio diabólica de  la profesión que tenemos y está todo el tiempo funcionando, pero yo de ese brebaje no tomo. Para mí es como cuando yo era chiquitita y jugaba con mi hermana a que éramos vecinas, y yo me ponía un pañuelo de mi mamá, y ella tenía una muñeca en la mano y era exactamente eso lo que estaba pasando. Cuando ves dos nenes jugar que es hipnótico. Armar las reglas del juego y empezar a jugar ese juego que armaron. Eso es la actuación también. Después en un momento ese juego se termina y empieza la vida real, ir a tu casa, tomar el subte. Un actor no es más que un plomero, son todas profesiones. Eso no significa que yo no admire a los artistas iluminados y que no crea que esté lleno de artistas iluminados. Es más una manera de mirarlo. A mí me parece que está un poco sobrevaluado el fenómeno. A mí no me importa nada la vida personal de los otros. Del consumo de eso. Yo siempre que estoy haciendo una película, pienso, ahora estoy acá, pero podría estar perfectamente del otro lado del micrófono sosteniendo la caña.  Son oficios. Si alguien te dice “sos actor, eso es mentira”, tendría razón. Se le da algo a la figura del actor, y entra en un lugar que para mí solo perjudica el trabajo de la actuación, que es creerse que una especie de entidad divina lo está tomando…está actuando, y después sale, se come un choripán y es una persona. Todo lo que es más hermético, que se sube a la camioneta y se va…A dónde te vas, a Saavedra, a tu country de no sé dónde. Lo real no está ahí, en el escenario. Está abajo. Y si no te sabés nutrir de lo que está abajo…de la vida común, de las personas, de cómo caminan. El tipo que no puede caminar en la calle porque lo vuelven loco. Se le arma toda una estructura de tener que ir en su camioneta a la salida del teatro a su barrio cerrado porque la gente lo vuelve loco, a mí me da mucha tristeza porque se pierde de ver la cara de la persona sentada tomando un café, porque uno se nutre mucho de esa observación para la vida, para actuar ni hablar. Nada de lo blindado es interesante. Cuando el actor trabaja solo. Cuando el actor está pensando primero en su proyección más que en la obra. Lo real para mí de la vida es absolutamente lo otro, ver cómo camina una señora por la calle, cómo le cae una hoja en la cabeza y se sienta y no se da cuenta, o la literatura.


¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Julio Chavez en Signos y El Pampero? ¿Alguna vez solicitaste la mirada de un coach, como él la de Lili Popovich?
No, de hecho yo observé mucho esa relación entre Lili y Julio porque no es algo muy común que  un actor llegue al set con su coach. Tienen una relación de años. Yo le pregunté mucho a Julio sobre eso, el rol de Lili. Hablamos un montón porque a mí me interesaba mucho saber ese sector. Y él me decía: “Las decisiones estéticas las tomo yo”. Él toma la decisión de cómo va a componer ese personaje, cómo ese personaje va a existir. Lili lo que hace es recordarle si la agujita se le está yendo más  o menos de lo que él decidió. Julio es muy trabajador. Sabe perfectamente todo. Para mí la experiencia de trabajar con él estuvo re buena. Fue muy respetuoso conmigo. Me da pena lo que se dice. A mí no me importa nada en ese sentido. Yo decía: “Voy a hacer una película con Julio” y me decían: “Uy, agarrate”. Yo me levanto, voy a filmar una película y estoy saltando en una pata de alegría. No voy a entrar ni un segundo en una zona…eso no me convierte en una Sarah Kay. Tengo opinión sobre las cosas, las opino, digo. Trabajo con gente hace muchos años. Pero a la vez soy democrática. Se trata de tomar decisiones en conjunto. Me morí de risa con él, tiene un humor espectacular. Haciendo la película me reía mucho, por momentos de la tentación casi no podía ni filmar. Me llevé espectacular con él. Y me parece que está bueno dejar de hablar del ogro. Tiene una metodología de trabajo muy distinta a la mía, y a mi formación. Además él es un formador de actores. Yo lo miraba mucho trabajar. Siempre es un aprendizaje trabajar con gente que ha recorrido mucho más que uno. Podés estar más o menos de acuerdo, pero aún así, hay algo de la figura del maestro que a mí me interesa siempre. Yo la veo a Marilú, más allá de que forme o no, y ella es una maestra para mí. Cuando hizo Las criadas acá. Y esa voz que tiene, esa expresividad. Lo mismo con Julio, gente que uno tiene que callar y observar. Callar no en el sentido de la sumisión. Para aprender. Me parece que eso vuelve todo más amable y generoso de todos los lados.


¿Hay algún género que disfrutes más transitar?
Lo último que me tocó fue drama. Ahora la película que voy a filmar de Constanza (Novick) es una comedia con Dolores (Fonzi). Estoy contenta con eso, hacer una comedia. No diría que hay un género que me interese más que otro, a mí me encanta actuar.


¿Alguna anécdota del rodaje de Cómo funcionan…en San Juan?
Para mí fue muy fuerte y me daba mucho miedo al principio filmar en la Difunta Correa. Estábamos en el hotel de la Difunta. Soy bastante respetuosa de los santos populares, el Gauchito Gil. Entiendo esa devoción. Me parece un lugar de mucha energía. Me acuerdo de estar en el hotel y despertarme…yo soy un poco miedosa. Todos en el mismo piso, pero viste que el miedo es inexplicable. Yo me acuerdo cuando era chica que me habían contado que la virgen se le había aparecido a una mujer en Luján que era analfabeta, Gladys se llamaba la señora. Me  acuerdo de ser muy chiquitita y pedir por favor si existía todo que no se me apareciera a mí del miedo que me daba. Que no se le ocurra a la virgen aparecerse. ¡Bien egocéntrica! Por qué se me iba a parecer a mí la virgen (risas). Googleá la historia porque es muy interesante. La gente le deja ofrendas, por ejemplo un camión entero en el santuario le dejan los camioneros, pidiendo cosas. Fer le llevó la claqueta. Nosotros pedimos que el rodaje entrara en presupuesto, que termine en tiempo y forma y que no le pase nada a nadie. No creer absolutamente en nada me parece aburrido. Yo no soy devota de nada pero  tengo fe en otras cosas, como en el teatro.


Hablaste en el Malba sobre Vicente (Esquerre), tu hijo en la película. Comentaste que el personaje de Raquel era muy alejado a tu experiencia.
Para mí fue muy buena la experiencia del personaje de Raquel, porque era muy diferente a lo que yo había hecho, una madre que tuvo un pibito joven. El amor por su hijo está intacto pero en un punto es una carga para ella. Para mí estaba bueno componer esa madre y trabajar con un niño, nunca lo había hecho. Pobrecito Vicente, era chiquito y nosotros todos exigiéndole un esfuerzo de grande.  Se descompuso, pero el padre un genio, lo re manejaba. No era un niño actor. Para mí era muy difícil eso, porque yo tenía que gritarle en las escenas y retarlo y él se ponía mal de verdad. Entonces le tuve que explicar, entre todos, con Fer, que es un encanto de persona. Yo terminaba de hacerle todo eso y después me iba a jugar con él y abrazarlo porque me daba una culpa…Yo estaba mucho con él. Le decía: “esto es mentira, después dicen corte y nos queremos”. Me divertí mucho haciendo a Raquel con Fer.  Estoy re contenta con la nota.

Paola Jarast

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