"Siempre fui eligiendo cosas que creía que tenía que aprender". Entrevista a Moro Anghileri


Desde hace más de una década es una de las actrices más convocadas del cine independiente. Con varias obras de teatro de su autoría elogiadas por la crítica en su haber, sueña con dirigir su primer largometraje, al tiempo que confiesa su pasión por el trabajo y la maternidad. 

 

Mantuviste desde tus comienzos un perfil muy bajo hasta que en el 2013 trabajaste en la novela brasilera Flor do Caribe, que hasta te legó un club de fans activo. ¿Cómo fue esa experiencia tan masiva? 

Buenísima. De hecho la idea era sumarme a otros proyectos de Globo, pero no pude porque quedé embarazada: las cosas que me ofrecieron tenían que ver con embarcar en una tripulación y no admitían niños. De hablar portugués y vivir en Brasil durante un año. Allá tenía profesora de portugués y de baile y canto, porque el personaje era una cantante guatemalteca.  Tuve muchos maestros y aprendí un montón. Me costó mucho ir a Brasil, me daba temor, porque son muy populares las novelas de Globo. Pero todo lo de Brasil lo llevé re bien. Tal vez porque era divino estar ahí. Fue un gran viaje familiarmente. Fue un año para recordar.

 

¿Te cambió la perspectiva de trabajar en una novela? En su momento te lo propuso Borensztein y te negaste por temor a que te embruteciera…

Sí. Lo de Borensztein fue a los 22 o 24…yo estaba haciendo Bernarda Alba en el San Martín. Probablemente en ese momento me hubiera embrutecido en el sentido de estar todo el día grabando una tira. También era mi prejuicio. Igual hubiera estado buenísimo y probablemente hubiera cambiado el rumbo de mi carrera; era un protagónico en tele, que  nunca  había hecho. Y con él, que es un genio. Pero yo en ese momento estaba dirigiendo teatro, y me iba a dirigir teatro a Madrid. Para mí era mucho más rico e interesante eso. Ahora estoy cercana a los 40 y reveo un montón de elecciones hacia atrás, no con arrepentimiento, pero sí dándome cuenta del recorrido. Creo que uno va eligiendo en esos momentos clave de decisiones en los que rumbeás para un lado o el otro. Aparte de las oportunidades que vienen a vos.

 

Dijiste hace poco en una entrevista que pese a  no haber tenido demasiados “hits” estabas conforme con la dirección de tu carrera…

Sí. Siempre fui eligiendo cosas que creía que tenía que aprender. El desafío de algo que me aportara. Y no necesariamente en cosas que fueran exitosas. Siempre pensé que hay algo que tiene que ver con el ejercicio de actuar y estar produciendo material, experimentar personajes. Una vez alguien me dijo que lo mío tenía muchos  altibajos, que había hecho cosas que estaban muy buenas y otras que no tanto.  En relación al resultado final del producto. Para mí era parte del aprendizaje. Yo igual no me arrepentía porque sentía que tenía que atravesar por eso. Creo que hay algo que uno tiene que aprender, más allá de lo que dicta el mercado. Más allá de lo que vende y lo que la gente elige como “hit”.

Mencionaste Madrid. ¿Qué balance hacés de esa experiencia laboral afuera?

Dimos clases con Juan Branca, que es un amigo muy amigo. Trabajamos juntos en distintos roles e hicimos gira con Hija, la obra que habíamos hecho juntos. Allá hice una obra para un festival. Me habían llamado de Casa de las Américas y de Cuarta pared para hacer una obra que fuese escrita para algún lugar de allá. Yo venía de hacer Tres ex, que era una obra a la que le fue muy bien acá. Habíamos arrancado haciéndola en mi casa, una casa bastante particular en el Abasto. Y de ahí nos fuimos a Impa, que después fue un centro cultural pero antes era una fábrica. A los programadores de España les gustó mucho y me llamaron para que hiciera algo parecido en un espacio de allá. De muchos lugares públicos que me mostraron hubo algo del Palacio de Linares que me encantó. Y de ahí volví con algunas ideas y escribí acá con Mariana Chaud Alicia murió de un susto, obra que después fui a hacer allá. En medio de un seminario que di, elegí algunos actores españoles y otros argentinos.  Después la hicimos acá. Trabajar en otros países me parece muy enriquecedor.

 

¿Cómo te posicionás frente a la autogestión?

Creo que podría posicionarme mejor. Hay un envión que se da naturalmente con respecto a los proyectos o a trabajos que te dejan cierta visibilidad pero siento que no tengo muy acertada la parte de lobby.

 

Pero has viajado con tu propio material.

(risas). Pero podría hacerlo mejor. Hay una  parte que hago, y está bueno que te convoquen pero hay otra que tiene que ver con saber vender, y no lo trabajo muy bien. No me gusta y no me siento muy bien haciéndolo. Creo que es la parte más reprochable que tengo hacia el  trabajo conmigo misma. Siento que eso podría haber dado más frutos si yo fuese una persona más hábil en ese sentido.

 

¿Con amigos o compañeros nunca fundaron una compañía?

Sí, total. Hay mucha gente a la que le va muy bien en ese sentido, pero no es la gente con quien más trabajo. Vengo trabajando con la misma gente, que son amigos. Gustavo Tarrío, Juan Branca. Mariana Chaud. En su momento estaba Paola Barrientos. Monina Bonelli. Personas que admiro mucho y quiero, con las que me encanta trabajar y cruzarme en el trabajo. Pero todos vamos haciendo un recorrido distinto. Diego Velazquez. Somos todos medio un grupo que en algún momento trabajó juntos y nos volvemos a juntar. Ahora estar bajo la dirección de Gustavo Tarrío en la obra Esplendor me encanta. Con Valeria Lois. Luego hay otra parte que tiene que ver con lo comercial, que en este momento en el que no hay muchas oportunidades para la cultura es más difícil todavía. Es una parte del trabajo que no tiene que ver con lo artístico y no a todo el mundo le sale bien. Tampoco sé si hay que tenerlo, pero siento que esa es la diferencia entre que te vaya bien y que no. No tiene que ver con la queja si no con que creo podría haber hecho un camino más largo, una autocrítica. Me siento afortunada. Soy bastante exigente conmigo misma y me critico cosas que hice mal, y amigos me dicen “pero che, te va re bien”. Y tienen razón, no es mi intención quejarme. Es un  milagro vivir de actuar. Creo que es lo que hace al éxito de las cosas, no a la calidad, y las personas que tienen la capacidad de ocupar espacios de poder, que no siempre son las más preparadas pero tienen facilidad para acceder a esos puestos de trabajos. Es otro tipo de persona, pero hay algo de eso que quisiera afinar. Igual nunca voy a ser de esa manera; va en contra de mis principios en un sentido.

 

Diste clases en España. ¿Le tomaste el gustito a la docencia?

Más o menos. Creo que es notable cuando te cruzás en la vida con un maestro. Cuando estuve dando clases la pasé genial, y creo que los alumnos también, pero no me siento una maestra. Yo me siento muy agradecida con esas personas que me puso la vida y me abrieron puertas. No siento que haya tantos maestros. Cuando di clases fue con Juan Branca, que es un genio dando clases, y como nos divertíamos entre nosotros, se armaba algo bueno. De investigar y mostrar una forma de trabajo que en ese momento era muy novedoso en España. Nada del otro mundo, pero que tiene que ver con como nosotros trabajamos. Respeto un montón a los buenos maestros.

 

¿Quiénes fueron los tuyos?

En Brasil me crucé con una maestra de canto. Y fue mágico el encuentro, para mí habilitador de algo que estaba buenísimo, que era cantar. De golpe alguien te muestra el camino de una manera tan simple y esclarecedora y te da las herramientas como para que vos puedas hacerlo fácilmente. Acá Raquel Sokolowicz. Ella enseña clown, máscara neutra. Y fue también habilitadora de un mundo. Bartís, que es claramente un maestro. Mi hija estudia violín y siento que está con un re maestro. Tuvo pocas clases, pero veo lo que le está pasando cuando la veo paradita con su violín. Me encanta eso, me parece muy valioso.

 

Te declarás fan de Sábado, que creo fue tu primera experiencia en cine.

Sí. Creo que también tuvo que ver con eso, con que era la primera. Yo estaba estudiando cine en la FUC,  Juan Villegas era compañero de ahí, y se dio de manera muy natural estar en un equipo donde todos éramos de la FUC. Si bien ellos estaban un año más arriba. Camila Toker era compañera de él, yo hacía con él una materia cuyo nombre no recuerdo. No éramos amigos pero sí nos llevábamos bien en las clases. La que ahora es mujer de Juan, Celina Murga, era la asistente de la película. Era un equipete. Lo fueron a buscar a Daniel Hendler a Uruguay, que en ese momento estaba arrancando. Creo que todavía no había hecho El abrazo partido. Estábamos todos en el comienzo, entonces había algo de mucha expectativa y de pasarla re bien haciéndolo. La mayoría veníamos de estudiar cine, entonces también había algo de las puestas de cámara, de respetar el código y el género de la película. Estábamos todos muy conscientes. Nos quedábamos viendo la escena del otro. Fue alucinante. Había algo de equipo lindo.

 

¿A qué estás abocada ahora? Tengo entendido que se acerca el estreno de la película de Fabián Forte.

Sí, el otro día lo vi a Fabián y me dijo que los productores quieren estrenar El muerto cuenta su historia en agosto. Estoy con la obra Esplendor, de Santiago Loza, que dirige Gustavo Tarrío. Estamos parados porque Vale Lois tuvo un problema en la rodilla, pero ya está todo bien. Hay bastante cuestión física y no se podía hacer con la rodilla a medias. Es una actriz a la que vale la pena esperar. Es un grupo super lindo también. Patricio Aramburu, Eddy García y yo. Estamos muy conectados y todos preferimos esperarla y seguir profundizando en eso que estaba pasando que arrancar de cero con un reemplazo. Loza es el dramaturgo de este momento. Hay un montón de público que va a ver la obra de Loza, otro público de Tarrío, público que va a ver a Vale. Hay de todo por delante pero está en el aire porque quedó suspendido, al menos lo que a mí me tocaba. Las series, lo audiovisual. En tele se bajaron miles de proyectos. Cine también, lo que subsidiaba el INCAA. Ayer me llamaron de una película declarada de interés especial por el INCAA. Muchas veces me llaman de películas para que lea el guión, y si me interesa, hacer carta de intención para pedir plata en el INCAA. Muchas veces participo de la película o tal vez toma un rumbo que no me interesa, pero me copa apoyarla. Venía con la costumbre de tener mucho trabajo. A mí me está costando bastante acostumbrarme y entender qué es lo positivo del cambio. Ahora empiezo a filmar Kryptonita, la miniserie. No es que no tenga trabajo, pero para el volumen de trabajo que manejaba, y para la cantidad de producciones que había el año pasado, lo que está pasando es una vergüenza. Sobre todo porque veníamos con un envión de crecimiento grande en lo audiovisual. No me di cuenta de que el cambio de gobierno podía tirar por la borda todo lo que se construyó.

 

Escribiste el guión El día termina a las diez. ¿En qué quedó ese proyecto?

Me encanta ese nombre. Lo empecé a escribir en el taller de Daulte. Estaba re copada, y cuando salí del taller y quise empezar a trabajarlo con Fernando Spiner, que lo iba a producir me fui enredando entre sus duras críticas.  Es muy amigo mío y lo hizo con todo su cariño. Recorrí muchos caminos con el tema de dirigir una película, y el punto débil es el guión. Después de enredarme empecé a buscar libros. Me enamoré de uno de Bizzio, y hablé con él, pero ya lo había comprado Guillermo del Toro. Hay libros que me parecen espectaculares, pero no me siento capaz de recrearlos o entrarle a ese universo que no me pertenece y desconozco. Es encontrar algo propio pero ajeno a la vez, que venga de otro. Creo que lo voy a hacer pero no quisiera filmar solo por el deseo de filmar sin tener un guión sólido, porque ya trabajé en muchas óperas primas y sé que es muy difícil, que hay varios problemas que resolver que no dejan espacio para lo creativo, si bien el rodaje en sí mismo es creativo, pero la creatividad muchas veces tiene que ver con que uno tenga experiencia para resolver con cintura. No teniendo la experiencia de haber dirigido antes, creo que eso se vería contenido por un buen guión. No me siento preparada sin un buen guión para salir a filmar y resolver problemas. Van pasando los años y todavía no filmé mi película. Tendría que releer ese guión, porque ya entré en muchas otras historias posibles buscando guión, pero me gustaba mucho esa. 

 

El muerto cuenta una historia será tu segunda colaboración con Fabián. ¿Es tu primera incursión en el género de ciencia ficción o fantástico?

No sé cuál es el género, es rarísimo. Tiene humor, hay zombies. No me quiero mandar una burrada porque Fabián sí es fanático de la ciencia ficción y es muy específico con los géneros. Fuera de La corporación, que podría ser comercial, es atendible. Al principio cuando leí el guión no lo entendí. Si hubiera venido de cualquier otro no le hubiera dado bola. Pero viniendo de Fabián nos sentamos a que me cuente (risas). Mi rol es el más cuerdo, el que baja a tierra. Por fuera del género de ciencia ficción, hay algo del machismo y el feminismo que tiene que está buenísimo. Es divertida y está bien actuada. Está Lautaro Delgado, que es increíble. Trabaja mucho, es muy bueno.

Uno de tus “hits” fue Buena vida delivery. ¿Esperabas semejante repercusión?

Me encanta esa película. La hicimos en el 2001, en plena crisis, y fue muy complicado, no para mí si no para la producción. No había cómo llegar a la filmación porque estaba todo cortado. Cuando se estrenó fue una sorpresa para todos. Para mí merecía tener esa repercusión.

 

Estás muy poco querible en la película. Pobre Toselli. El personaje de Nacho padece mucho los manejos del tuyo. 

Total. Él me encanta en la película. El Festival de Mar del Plata fue muy lindo. Estábamos todos juntos. Ese festival me encanta. La gente es muy impune. Te dicen lo que piensan. Yo la había visto por primera vez en el Festival de Róterdam. Nunca te imaginás cómo va a quedar cuando estás actuando. Tenés unas imágenes que viste en el monitor nomás. La vi con el director, Leo di Cesare y fue una alegría. Y en Mar del Plata estábamos casi todos los actores. Estaba en Competencia Oficial. Todos en primera fila y cuando terminó la gente aplaudía. Nacho no la había visto antes y nos apoyamos uno en el otro. Mucha emoción. A la salida una señora me dijo “Te odio” (risas). Esa es una ópera prima con un buen guión, y por eso se pudo sostener con todos los quilombos que tuvo. El ancla para que llegase a buen puerto. Muchas veces siento que un guión no está bueno, pero hay algo que me interesa investigar del personaje. Creo que una de las grandes dificultades del cine argentino son los guiones, que no es que estén mal o no sean interesantes. Les falta algo que le da una fuerza o una potencia especial a la historia. Un golpe de horno. Yo digo siempre lo que pienso, y muchas veces eso me lleva a quedarme afuera. De todos modos me reúno y digo por qué no. No es muy simpático, porque un director que quiere filmar está ilusionado. No quiere escuchar críticas, si no que está todo bien y que vas con todo.

 

¿Cómo te gustaría que siga tu carrera?

Estoy en el punto de pensar y pedir deseos. Como si empezara otro ciclo. Hay algunas certezas de que me gustó mucho todo lo que hice hasta ahora. De pensar qué cosas son del orden de lo real en relación al deseo, y si sigo deseando las misma cosas. Tengo dos hijas y hay algo del orden de distribuir la energía. Dirigir teatro me encanta y antes era un proyecto permanente. Es algo que me encanta también, tener dos hijas, y esas dos producciones que son muy importantes van creciendo y se va pasando ese momento de sus vidas. Y me gusta estar ahí y no perdérmelo.

 

Paola Jarast

paolajarast@caligari.com.ar

Contacto