El vendaval


El vendaval: Amparo, luego de la desaparición de su hija, reconstruye su fiesta de 15 años. Durante este ritual, la fuerza de la naturaleza, devenida en un vendaval, le revelan el camino para iniciar una nueva búsqueda en el presente.

 

Proyecciones:

LUNES 8 DE AGOSTO, 16 HS. SALA ROXY 

 

JUEVES 11 DE AGOSTO, 16 HS. SALA RADIO CITY

 

 

Entrevista a Mariana Rojas, directora de El vendaval


¿Cómo surgió la idea para realizar un cortometraje que toca un tema tan duro como la desaparición de un hijo?

Surgió en un momento en el que me di cuenta que la realidad con la que convivo en mi barrio me estaba poniendo en un lugar que tenía que mirar y hacerme cargo. Y que el cine era mi camino para reflexionar e interpretar esa realidad.
Me encontré en un momento rodeada de casos de desapariciones forzadas de jóvenes y de madres que los buscaban. Después de mucho tiempo de lograr traducir la angustia, la furia, la incertidumbre que esos casos me provocaban, propuse a Celeste la guionista, y Daniela, la productora trabajar la idea  de una madre que busca, espera y habita a través de sus sentidos, la memoria, la fuerza y su amor, a su hija. 
Llegar a esta idea fue un proceso larguísimo y hasta podría decir que de muchos años. Si bien es parte de nuestra tesis de la carrera de cine en la ENERC, para mi tiene un significado mucho mas profundo.
Desde que supimos que teníamos que desarrollar un guion con una idea propuesta por el equipo, hasta el momento en que encontramos el camino hacia El Vendaval, pasaron muchos meses.
En esos meses, atravesé el momento más importante en mi vida como estudiante de cine, porque me hice preguntas que nunca antes me había hecho. Me propuse estudiar cine cuando era apenas una quinciañera y en ese momento poco sabía del por qué de esa elección. Los años pasaron, estudié en muchos lugares, en muchos cursos, varios seminarios, dos escuelas, pero por mucho tiempo (hasta el momento en que me di cuenta que tenía que realizar mi tesis) me pregunté por qué filmar,para qué, para quienes y ahí sentí una responsabilidad enorme. Miré hacia atrás, hacia el frente y al lado y me di cuenta que el cine que yo quería hacer siempre estuvo muy cerca de mi. En mi barrio: Gregorio de Laferrere.
En simultáneo a estas "autopreguntas", me pasaron algunas cosas que fueron claves para encontrar esta historia. Durante mucho tiempo en mis viajes de  Laferrere a la facultad, vi en la parada del colectivo 86 el cartel de una niña buscada. Con el correr de los días ese cartel se fue diluyendo. Borrando. Por las lluvias, por el sol, por el tiempo. Hasta que fue tapado por otro cartel. Me pregunté entonces, por qué estas cosas te tapan? Por qué a las familias les cuesta tanto entontrarlos? Por hay todo un sistema que se encarga de taparlos. De borrarlos, de que nadie se entere. Y esas familias, esos amigos, a pesar del dolor, de la bronca, de la impunidad, de los jueces, fiscales y funcionarios que les ríen en la cara, luchan por ellos hasta el fin. Con todas sus fuerzas.
Un domingo a la mañana - mismo año en que ya estábamos pensando en nuestra tesis - a la vuelta de mi casa, un auto con dos tipos intentó llevarse a una de mis vecinas. Con la ayuda de algunas personas que vieron esto y se lanzaron hacia el auto, se salvó.
Por último, ese mismísimo año, un sábado a la noche fuia una proyección del BAFISU en la Plaza Luciano Arruga en Lomas del Mirador. Esa noche, después de la actividad acompañé al grupo que lo organizó a devolver algunas cosas a una casa. Todos entraron y yo me quedé en la puerta. Encendí un cigarrillo. Hacía frío. La puerta de la casa estaba entre abierta y escuché desde adentro la voz de una mujer. Era Mónica Alegre, la mamá de Luciano. Hablaba con algunos jóvenes. Su voz me quedó grabada para siempre. Ya la había visto en fotos, en videos, la había escuchado pero nunca en el mismo espacio.
En esa voz estaba la ausencia de su hijo. La incertidumbre de no saber donde está y a su vez en ella sentí la fuerza de la lucha, de la búsqueda.
A pesar de no estar hablando explícitamente de su hijo, la entonación de las palabras, el tono de su voz, lo evocaban. Esa noche, en medio de ese escalofrío, me di cuenta que definitivamente tenía algo para decir y para filmar en lo que creía mucho.
Nosotros, todos, podemos ser esos hijos, hermanos, primos, amigos desaparecidos. Nosotros, todos, podemos ser esos hijos, hermanos, primos, amigos, madres, padres que los buscan.
De todo esto, salió El vendaval.

 

 

Hay un excelente trabajo de Gladyz Lizarazu y de todos los actores, ¿se realizó un casting o siempre supiste que el papel era para ella?

En el caso de Gladys, fue la primera que probé para el papel de Amparo en una clase de dirección de actores. Lo hice cuando el guión todavía estaba escribiéndose, pero lo que ella me provocó y lo que generó en esa primer interpretación me ayudó muchísimo para terminar de encontrar al personaje.
También ayudó la confianza que había entre nosotras, porque nos conocíamos de varios años. Ella fue mi profesora de dramaturgia cuando fui adolescente y también pude ayudarla en su película cuando filmó “Amor, Etc”.Entonces ya existía una relación que me daba mucha confianza , intimidad y libertad para dirigirla.
A Silvia Geijo, la llamé directamente para el papel de la madre de Amparo. Sabía que tenía que ser ella y
contándole todo lo que conté antes del proyecto, se sumó sin dudarlo.
Mientras tanto, y lo más interesante para mi dentro de lo que fue el proceso creativo del corto, fue una especie de casting “Barrial-Familiar” que hice una tarde en la casa de mis padres. Llamé a algunos vecinos, algunos compañeros y compañeras de trabajo de mi mamá, a mis padres también y les propuse que me describieran a una persona que quisieran mucho frente a cámara. Pasaron cosas increíbles. Me di cuenta que trabajar
 con no actores genera un resultado que es único y que une directamente la experiencia del cine con lo real y eso es muy conmovedor porque el descubrimiento y el aprendizaje es mútuo. Sentía que era justo que ellos  estén en el proyecto porque en parte a ellos me refiero también cuando digo que el cine que quiero hacer está muy cerca mío.
Finalmente llamé a algunos de esos vecinos para que participaran del corto. También hay una amiga y compañera del cine, María Fernanda y dos jóvenes, Mauro y Kito del Barrio de Lomas del Mirador.
 Por último El Novio, Ignacio Gimenez, lo encontré gracias a la asistente de dirección, Lucía Bonells que me propuso que lo llamara a él para el personaje. Nos reunimos pocos días antes del rodaje y estoy inmensamente agradecida con su trabajo. Es un gran actor.

 

 

¿Cómo se financio El vendaval?

Casi en su totalidad con la ayuda de la ENERC. La Escuela nos dió los equipos y el presupuesto para filmar. Pero tuvimos muchos gastos de efectos y traslados que nos llevaron a pensar en una alternativa para recaudar dinero entonces hicimos una fiesta con la que terminamos de completar el presupuesto final del corto.

 

 

¿Qué directores te sirven de inspiración?

Lucrecia Martel y Nicolás Prividera, por sus películas y por ser grandes pensadores del cine, por generarme preguntas. Por inquietarme, por cuestionarme e interpelarme.
Gustavo Fontán por su poesía y sensibilidad.
Los Dardenne por ligar al cine con los trabajadores.
Aki Kaurismaki, por su sencillez y por ser genial.
José Luis Torres Leiva por haber filmado Obreras saliendo de la fábrica.

 

 

¿Cómo ves la actualidad del cine Argentino y hacia dónde crees que se dirige?

La actualidad de nuestro cine me da esperanzas. Hay cada vez más miradas, mas interpretaciones,
mas alternativas para hacer y producir películas, como Campusano por ejemplo. La vez que lo escucho hablar me enciendo y quiero filmar sea como sea. Eso es un buen indicio para mi.
Creo que debemos obligarnos a pensar en cómo queremos filmar y esa decisión es absolutamente política y tiene  estar ligada con la forma en que filmemos.
 No esperar tanto de los otros.  No esperar tantos subsidios, tantos premios. Solo creer mucho en que lo que queremos hacer. Eso es lo mas importante.
Tenemos que generarnos nosotros mismos las herramientas para hacerlo cuanto antes, si no las hay.
 En nuestro país están pasando muchas cosas y el cine tiene que ser un medio para hablar de eso. Para denunciar, para interpelar, para dialogar, para debatir.
Hacer una película no tiene que costarnos tanto.

 

 

¿Te encontras trabajando en otros proyectos?

Estoy desarrollando una nueva idea que aún no sé si será un cortometraje, un mediometraje o un largometraje. Una ficción o un documental, o tal vez las dos cosas.
Mientras pienso en eso, sigo preguntándome por qué filmar. La única convicción que tengo es que quiero filmar otra vez en mi barrio porque vivir acá es lo que realmente me inspira. Es el motor para hacer el cine que sueño.

 

Mauro Lukasievicz

mlukasievicz@caligari.com.ar

@MLukasievicz

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