“Es lindo cuando sin ser famosa te reconocen el laburo”. Entrevista a Inés Palombo


 

Con apenas 18 años, quedó seleccionada para interpretar a la contrafigura de Luisana Lopilato en Rebelde Way, y su carrera tomó impulso. Cultora del esfuerzo y la formación y dueña de una calidez notable, repasa el amor por sus trabajos, el recuerdo de su infancia en su Rosario natal, y su descubrimiento de la docencia, actividad que la apasiona.

 

 

La exposición te llegó de muy chiquita, cuando quedaste seleccionada para interpretar a la contrafigura de Luisana Lopilato en Rebelde Way, y sin embargo siempre mantuviste un perfil bajo. ¿Cómo lo manejaste?

No sé si habrá sido por mi educación. Me vine de Rosario a los 18 años, hice el primer casting y quedé. En ese momento, hace 14 años, era distinto; no estaban las redes sociales. Fue uno de los momentos en que fui más famosa, después hice algo en Pol-ka y ahí también, en Telefe. El trabajo es fluctuante. Creo que fue el momento de más popularidad. No era tanta locura…fuimos de gira a Israel y ahí sí fue terrible, pero nunca me molestó. Y nunca hubo un cambio en mí. Me pareció muy interesante lo que te dijo Pilar Gamboa en la entrevista; yo nunca lo había pensado. Es verdad que cuando sos muy famoso no tenés contacto con la gente. Me pareció muy interesante lo que decía ella. El artista se crea a través de lo que ve. Yo trabajo mucho con la observación, y soy muy buena alumna; si tengo un personaje, investigo. El bajo perfil es un poco por elección y otro poco porque así se dio. No aspiro a estar en otro lugar, pero no le escapo ni a una cosa ni a la otra. En Mi amor, mi amor, yo era mala, y en la calle me gritaban “¡Qué mala!” pero con buena onda. Es lindo  cuando sin ser famosa te reconocen el laburo. Me gusta cuando no viene desde el lugar de fan, sino desde el respeto del trabajo. El amor desde donde venga es lindo. Es un mimo y es hasta motivador.

 

¿Te tomó por sorpresa haber hecho carrera o fue algo buscado por vos?

Yo desde los 8 años estoy sobre un escenario por danza clásica. Después bailé tango, salsa y bachata. El baile es otra parte de mi vida que amo, más terapéutica. Lo único que hice como trabajo con el baile fue Tita, con Nacha Guevara. Estaba en calle Corrientes como actriz y bailarina de tango, y quedé con bailarines profesionales. Fue una experiencia muy rica e intensa. Pero estudié 18 años teatro, desde los 12. Una anécdota que empecé a contar hace poco porque me la había olvidado es que cuando yo firmaba - es muy linda esta anécdota- en un cumpleaños, te ponía entre paréntesis “Futura actriz”. A los 7 años. Con lo cual es algo que creo que estuvo toda la vida. Pero no es heredado; mi papá trabajaba como contador en un teatro. Sí fomentaron bastante lo cultural y artístico; me llevaban al teatro, a museos; lo mamé desde chica. Lo agradezco. Tengo recuerdos de chiquita que te marcan. Estudié comedia musical en el Teatro El Círculo, donde ya desde los 12 años estás sobre un escenario. Y lo amaba. Yo hablaba cuando era chiquita del olor del teatro, de la madera, de lo sucio del teatro viejo. Y a los 18 años se abrió una puerta para mí que fue venir a vivir acá cuando quedé en la producción de Cris Morena.

 

¿Quiénes fueron tus maestros?

Con Augusto Fernandez estuve poco pero fue importante. Con Serrano y Tolcachir fue con quienes más tiempo estuve. Con Bartís y Alezzo también hice cosas. Con Savignone y Osqui (Guzmán) hice clown y comedia del arte.  Cuando terminé con Tolcachir, le pregunté “Claudio, ¿ahora qué hago?”, y me dijo que fuera a clown, lo cual le agradezco un montón porque no me sentía buena. Con Tamara Kiper hice clown. Después hice Chau, Misterix, de Mauricio Kartun, una obra hermosa, de las que más disfruté.  Era teatro independiente, joven, y tuvimos tres temporadas.  Clown me sirvió mucho para mi actriz. En Chau, Misterix, hacía varios personajes muy lúdicos. En el 2014 hice El mar de otras tierras, que era muy clownesco pero sin nariz. Una onda Tim Burton, bailando tango y con títeres y un bandoneón. Una propuesta interesantísima. Según mi papá, uno de mis críticos mayores, lo mejor que hice. Traigo esto como algo que amé y me sirvió mucho como experiencia. Aparte lo creamos entre los dos con  el director. Y el director, Germán Salvatierra, que también era productor y actor, tuvo que viajar y se quedó ahí. Espero en algún momento de la vida volver a hacerla. Dos meses para una obra independiente fue muy poquito. Para el público y para nosotros.

 

Le tomaste el gustito a transitar la comedia…no habías incursionado mucho en ese carril…

Sí, descubrí un lado que me sorprendió. Y él confió en mí. Tampoco había tantas actrices que bailaran tango para este proyecto. Llega un momento en el que querés buscar desafíos y superarte. Hay lugares muy comunes, actores que toda la vida hacen lo mismo, y lo respeto. A mí me aburre.

 

Podés jactarte de haber trabajado en los tres medios: hiciste tanto teatro como televisión y cine.

Cine es lo que menos hice, y tengo ganas. Hice la de Gaby Lichtmann (Cómo ganar enemigos) y Papá por un día, con Cabré y Luisana. Y ahí tuve otro desafío, porque tenía que jugar al hockey. Yo no tenía doble, y tenía que jugar bien. Tenía facilidad. Encima se grabó en el mar, y fue rica con experiencias lindas en la playa. Hice La noche del chihuahua, de Guillermo Grillo. Es una película muy independiente. En la película de Gaby tuve un papel más importante, interesante. Con esa película, el año pasado me fui al Festival Internacional de Cine de Chicago. Viajar a un festival así fue uno de los regalos increíbles que me dio la profesión. Me pusieron una traductora divina. Yo hablo inglés, pero pensé que iba a estar muy nerviosa. Fue hermoso. Ya llegará otra oportunidad. En Cómo ganar enemigos, era mala hasta ahí. Yo trato de no juzgar a los personajes. Soy docente también, y creo que es más rico justificar las acciones del personaje. En televisión muchas veces tenés un malo y no sabés por qué.

 

En la tira Mi amor, mi amor, hiciste maldades pocas veces vistas. ¿Cómo justificás las acciones de ese personaje?

La tele es como un entrenamiento en el gimnasio. Un desafío de todos los días, en el sentido de que nunca sabés con qué te va a salir el guión. Entré a esa novela por cinco capítulos, y me quedé  cincuenta. Como protagonista con las chicas (Jazmín Stuart y Brenda Gandini). Entré como una chica buena y dulce que estaba enamorada. No sé si hubo malas en televisión que hicieran tantas cosas (risas). Estuve presa, en el loquero, apagué una incubadora, casi lo acuchillo a Juan (Gil Navarro), prendí el gas para matarlo…uno como actor se pregunta cómo justificar eso. La chica claramente no estaba bien. Hay que poder contener todo eso, y un guión que te sorprende. Que a la vez se agradece, no lo critico.

 

 

¿Preparaste a Agustina con algún coach o soporte?

No, estudio hace 18 años. Sí he tenido coach para casting. Soy docente hace 5 años, y agradezco todos los días todo lo que aprendo de mis alumnos. Ser docente exige leer, estudiar, no dormirte en un montón de sentidos. Ahora hace uno o dos años no estudio. Me acuerdo de que cuando hacía Media falta me iba a lo de Serrano, que era muy lejos. Tuve siempre muy en claro mi objetivo, y amo mi profesión. Hay actores que nacen con talento y no necesitan nada. Yo creo que una ayuda extra nunca viene mal; siempre podés ir más lejos y descubrir más herramientas.

 

La Frontera como espacio de encuentro.

Los actores jóvenes aprendimos que a todos no nos funciona lo mismo, y es lo que transmitimos con Eliana Gonzalez en nuestra escuela, La Frontera Teatro, que no hay una verdad absoluta; sino que tenemos que brindarles a los alumnos todas las herramientas para que ellos vean qué funciona mejor para cada uno. Trabajamos mucho con la emoción y el cuerpo, cosas concretas en las que uno se apoya. La dos nos compensamos muy bien. Siempre que iniciás un  proyecto necesitás un apoyo. Éramos chicas, 26, 27 años, amigas, y habíamos estado en dos proyectos juntas. Eliana empezó de muy chiquita también, y empezamos a  dar clases a niños. Después nos dimos cuenta con los años de que preferíamos adolescentes, y ahora La Frontera va desde los 14 en adelante. Tenemos 3 grupos, y es muy hermoso. Crecimos a la par de ellos. Nuestra formación no es solo actoral, es para la persona, para que se conozca y suelte. Y uno ve a los alumnos cambiar, y hasta la familia te agradece, porque son otros pibes. Para mí es muy meritorio porque los debemos haber motivado. Algunos entraron en el IUNA. Tenemos desde productores, financistas, mozos, hasta alumnos de colegio. Nosotras los recomendamos cuando podemos, pero ellos hicieron castings y quedaron. Tenemos a un periodista al que adoro, que dice: “Yo espero ese día para encontrarme conmigo”.
Somos dos también porque nuestro trabajo es muy fluctuante, y los alumnos lo saben. Muchas veces estamos las dos, y otras una o la otra. Creo que es interesante para nosotras y para ellos, porque son tres energías distintas cuando estamos juntas o separadas, porque somos diferentes. Siempre aportamos desde la misma esencia y creo que para ellos es hasta rico. Así es como está la dinámica y funciona.

 

Pareciera que te descubriste en un rol que te gustó mucho.

Sí. No sé si la palabra es ayudar, pero te llena mucho ver los cambios o las devoluciones. A veces se emocionan porque se animaron a hacer algo, a descubrirse, a aceptar quién es uno. No quiere decir que sea terapéutico; es teatro. Trabajamos desde las emociones y uno puede recurrir a  imágenes. Por ejemplo, yo sé que para mí hacerle las manos a mi abuela era un momento hermoso.

 

Paola Jarast

paolajarast@caligari.com.ar

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