Ícaros


Conversamos con Georgina Barreiro. Nacida en Buenos Aires, estudió diseño de imagen y sonido en la UBA. Trabajó como realizadora y editora en documentales para Encuentro, el INADI, Canal (á), Proa TV, Discovery Channel y la Biblioteca Nacional. Produjo y editó Octubre Pilagá (2010). Ícaros es su primer film como directora.

 

Proyecciones de Ícaros:
Jueves 18 de junio, 20:30 hs.
(Alianza Francesa - Av. Córdoba 936
)
 
Lunes 22 de junio,16 hs.
(Gaumont 3 - Av Rivadavia 1635)

 

 

Entrevista a Georgina Barreiro.


¿Cómo llegaste a la Ayahuasca y al mundo de los chamanes para que sean el tema de tu primer largometraje?


En un comienzo estaba interesada en los tintes naturales, que son aquellos pigmentos que se extraen de la naturaleza, como flores, raíces, barro. Realicé un primer viaje a la selva peruana en busca de artistas que trabajaran con estos tintes. En una comunidad nativa cercana a la ciudad de Pucalllpa conocí a un grupo de shipibos que pintaban las visiones que tenían durante el viaje de ayahuasca. A partir de las pinturas me introduje en la cosmogonía del mundo espiritual shipibo y me di cuenta del importante rol que tiene la ayahuasca en la comunidad. En ese mismo viaje conocí a la familia de chamanes que aparece en la película, la curandera Wasanyaca y su hijo Mokan Rono y allí surgió la idea Icaros.


¿Cómo fue la selección de los testimonios y como generaste la confianza para lograrlos?
La película está planteada como una propuesta de observación donde los personajes hablan entre ellos y construyen la narración de un joven shipibo que desea interiorizarse en el conocimiento de la ayahuasca y comenzar el camino del chamanismo. Trabajamos con Mokan Rono en la construcción de algunas escenas que tenía planeadas de acuerdo al guión y a partir de esos lineamientos surgía la interacción entre los personajes. Ellos hablan en shipibo, su idioma originario, entonces cuando grabábamos no sabía con exactitud de lo que estaban hablando, de regreso en Pucallpa trabajamos con una maestra shipiba en la traducción y a partir de ahí se resignificó la historia y se abrieron nuevos caminos hacia el montaje y la construcción narrativa. La selección tuvo más que ver con aquellos relatos que contribuían a contar el camino del chamanismo y expresar la sensorialidad de la selva y los vínculos entre los personajes y la naturaleza.
Sucede frecuentemente que la gente de afuera se acerca a las comunidades y saca provecho de los recursos de la selva y de los habitantes y no regresa más, eso va desgastando la confianza. El hecho de mantenernos en contacto y volver al lugar luego de dos años, afianzó nuestro vínculo con la gente. Fue muy cálida la estadía con ellos. Las comunidades shipibas se encuentran aisladas y la manera de sobrevivir es a través de la recolección de frutos y de la pesca mayormente, entonces cuando uno vive allí depende de una familia, quienes tienen las tareas distribuidas. Fue necesario generar una relación de confianza mutua, por nuestra parte como visitantes, aceptar e integrarnos con respeto a sus hábitos y costumbres y por su parte creer en nuestro trabajo.

 

¿Abordas el tema científicamente también?
Si bien está retratado el proceso de preparación, la recolección de las plantas y la realización de la bebida, no hay información científica sobre el tema. La película apunta a mostrar la relación con la ayahuasca desde el punto de vista de los shipibos y sugerir a través de los relatos vivencias espirituales que se relacionan con la experiencia del chamanismo.

¿Fue difícil el traslado del equipo en un lugar tan poco accesible como la selva amazónica del Perú?
Lo más importante al momento de armar el equipo fue buscar personas que estuvieran dispuestas a trabajar en condiciones precarias y adaptarse a la forma de vida en la comunidad. El equipo fue reducido, de 4 personas, Matias Roth (productor), Leonardo Val (DF), Emiliano Biaiñ (sonidista).
La película fue filmada en dos comunidades aisladas que se encuentran una hacia el norte y otra hacia el sur a 20 horas de navegación por el Río Ucayali de la ciudad de Pucallpa. Los barcos que realizan estos trayectos son en su mayoría de carga, con lo cual los horarios son muy informales, no salen todos los días y dependen de factores climáticos entonces fue difícil respetar un plan de rodaje y fue compleja la movilización con los equipos.
Durante el rodaje dormimos en carpas, podría decir que uno de los mayores obstáculos para trabajar en esas zonas son los mosquitos y adaptarnos a comer durante varios días la comida del lugar. El cima húmedo y la lluvia constante representó en varias ocasiones problemas con los equipos y también la electricidad limitada.


¿Cuanto duro el rodaje?
El rodaje duró un mes y medio. Viajamos con el productor, dos semanas antes para resolver locaciones y armar el plan de filmación. Algunos personajes que proyectábamos que estuvieran en el documental ya no vivían allí, entonces el plan se modificó sobre la marcha. En ese tiempo surgió la idea de ir a una comunidad nueva que no conocíamos. Luego llegó el resto del equipo y partimos hacia la primer comunidad.


¿Porque el titulo “Ícaros”?
Los shipibos creen que todo lo que existe en el universo tiene una vibración que puede ser cantada. El chamán a través de la ayahuasca recibe estas melodías y las expresa a través de Icaros, que son cantos que sirven para invocar ciertas energías, para curar.
Me parece que los ícaros expresan la esencia de una manera de percibir el mundo.


¿La fotografía de la película parece ser extremadamente cuidada, te involucras mucho?
Trabajamos en conjunto con el DF, que también hizo la cámara, con la propuesta de contar la selva y los personajes de manera poética. Su sensibilidad y mirada tuvieron una gran influencia en el tratamiento de la imagen. Tenía la idea de tomar la estética de las pinturas visionarias, que representan escenas relacionadas al mundo espiritual, por eso hay muchos planos generales y fijos y decidí darle tiempos contemplativos a las tomas para que el espectador pueda sumergirse en la selva.

 

¿Como se financio Ícaros?
Obtuvimos un subsidio de la quinta vía del INCAA para documentales digitales, el cual financió la mayor parte de la película, aunque fue un presupuesto muy reducido para realizar un proyecto en el exterior pero fue posible gracias a la buena voluntad del equipo y personas que confiaron en el proyecto y colaboraron de diferentes maneras en la realización.

¿Con la participación en diferentes festivales, como fue la recepción del público hasta el momento?
La película se estrenó en Toulouse, Francia y tuvo muy buena aceptación. En Canadá participó en varios festivales, es un país con bastante inclusión indígena y mucho interés por las culturas originarias.
El otro estreno importante para mí fue en el Festival de Lima, tenía curiosidad por ver como el público recibía una película extranjera sobre su cultura. Fue muy linda la experiencia, tuve intercambio con gente que trabaja con temas relacionados a la amazonia y con comunidades y destacaron el respeto con el que se retrató el tema y para mí eso es lo más importante.

 

¿Tenes proyectos a futuro?
Me gustaría seguir explorando las culturas originarias. Estoy trabajando en algunas ideas en la amazonia.

Mauro Lukasievicz

mlukasievicz@caligari.com.ar

@MLukasievicz

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