Generación artificial


Generación artificial: Generación Artificial es una mirada subjetiva sobre la historia de los Video Jockeys, con un énfasis nostálgico en la relación entre arte y tecnología. De la mano de un VJ pionero que busca hackear el cerebro, el director de esta película se interna en el laberinto de una discusión metafísica sobre los límites de la experimentación, el artista y su público, y la videorrealidad como futuro de la especie humana.

 

Proyecciones:

MIÉRCOLES 10 DE AGOSTO, 19.15 HS. SALA MELANY

 

VIERNES 12 DE AGOSTO, 21.30 HS. SALA MELANY

 

 

Entrevista a Federico Pintos, director de Generación artificial


¿Definirías Generación artificial como un falso documental, un ensayo o tan solo cine experimental?

Entre las tres, me quedo con la de ensayo. No creo que sea cine experimental en el sentido tradicional sino que este lenguaje, como otros, está inserto en algunos momentos de la película. Tampoco considero que Generación Artificial sea un falso documental, es más, se me hace difícil pensar en el cine como algo falso. Sólo habría que determinar qué se está documentando en esta película, ¿es la evolución de la poética audiovisual?, ¿cierto imaginario del artista contemporáneo?, ¿el universo V.J.?. Entiendo a Generación Artificial como un híbrido y lo que nos permitieron los elementos de ficción dentro de la película fue abrir la narración en múltiples capas de sentido con un gran abanico de realidades que reflejaban temas -aparentemente- tan disímiles como la realización de videos para fiestas sociales y la neurología.

 

¿Qué experiencia personal tenes en cuanto al videoarte y que te llevo a realizar un film sobre Video Jockeys?

La primera vez que me encontré con la disciplina Vjing en el marco de una muestra (o sea fuera del ámbito de un boliche) pude ver algo denso, profundo, hipnótico: el producto de la combinación de una máquina y una mente humana. Era una forma de llevar las herramientas prácticas del video a su punto de quiebre.
Pero, ¿cuál era el problema? Cuando hablábamos de hacer una película de Vjs, todos pensaban en los VJs de Mtv, así que teníamos que partir de la base de que -la mayoría de- la gente, no sabe realmente qué es un VJ. Nuestra intención no era quedarnos con un documental explícito e informativo de nicho, si no mostrar lo que para nosotros era interesante de esta disciplina: su relación de outsider respecto del mundo del arte, los problemas relacionados a su inserción en un mundo laboral, su capacidad de experimentación con público en eventos masivos.

También nos parecía interesante  el hecho de que reciban, usualmente, tan poca atención, como si el flujo de imágenes que producen saliera de las pantallas mismas. No podíamos entender cómo una disciplina que nos parecía tan interesante todavía fuese un territorio virgen, poco estudiado (existen sólo cinco libros en todo el mundo y ningún documental). En ese momento nos hicimos con Julián Urman (co-creador de Generación Artificial) una pregunta bien básica: “¿quién dice qué es arte y qué no?”. Y sobre este interrogante empezamos a construir el relato.

 

¿Cómo crees que las nuevas tecnologías e internet cambiaron este ámbito?

La web cambió todo paradigma conocido, marcó, entre otras cosas, una línea de tiempo hacia el pasado y garabateó las reglas de comportamiento del presente. Internet nos permitió ser más conscientes de nuestras propias obsesiones y de su universo transfinito, volviendo más difusa la figura del intermediario “especialista” que era una suerte de guardián del contenido. En la web, todos podemos ser curadores y creadores, es una avalancha de opiniones, para bien y para mal. Por eso no creo en lo “nuevo”, sino en la innovación como percepción de algo nuevo. Nuestro universo cultural desde internet está sujeto a la apropiación, en un vasto y enigmático remix autoral que sólo el uso político de las nuevas herramientas tecnológicas puede transformar en un espacio de mayor libertad, o en una prisión virtual sin salida.

 

¿Cuánto tiempo te llevo la producción en total y como se financio?

Desde la primera carpeta del proyecto hasta su estreno en BAFICI fueron siete años. Fuimos la primera camada que obtuvo mecenazgo pero era un presupuesto irrisorio que alcanzó para algunos días de rodaje. El resto fue financiado con el sudor de mis amigos que, como valientes samuráis, acompañó con infatigable constancia todos estos años.

 

¿Qué directores te sirven de inspiración?

Creo que por cada proyecto que uno está realizando, cambian las obras que lo inspiran en base a la búsqueda inquieta del proceso creativo. Un día puede ser uno y a la mañana siguiente, otro; se transforman en relación a nuestras inquietudes. Siempre trato de considerar a mis contemporáneos como referentes, me interesa lo que se está investigando en otros campos, como los científicos, la literatura, las películas, los videojuegos y los discos que se hacen hoy. Ahí es donde encuentro las claves para entender el pasado, conectar con el presente y, quizás, hallar imágenes de posibles futuros. Decían de Sartre que, para escribir un libro, se iba a una fiesta a charlar con su círculo social y ahí encontraba las ideas. Me gusta pensar que todos estamos para ser referentes del otro.

 

¿Cómo ves la actualidad del cine Argentino y hacia dónde crees que se dirige?

Con respecto a la actualidad del cine argentino, depende de qué aspecto. En el creativo, mejor que nunca. En el resto de los aspectos, en serios problemas. Las dificultades en materia de distribución y exhibición son bien sabidas pero también hay otras: la saturación de la industria, la financiación y una política cinematográfica ¡actualizada a los tiempos que corren!, y en unión con todos los sectores. Porque hay un sector muy amplio de realizadores como Piñeiro, Llinás, Andrizzi, Moguillanski, Roselli, entre tantos otros, que no están financiados por el INCAA pero que contribuyen en gran medida a construir una cinematografía de calidad en Argentina y en el mundo.  Este sector parece invisibilizado para el INCAA y, no quiero demonizar al Instituto porque tampoco me parece justo, pero sí habría que pensar por qué se genera este fenómeno y en qué medida influye la política del Instituto y los sindicatos. Pero bueno, es un tema amplio y complejo de tratar.

 

¿Te encontrás trabajando en otros proyectos?

Desde hace tiempo me interesa imaginar cómo la ciencia va a afectar al mundo del entretenimiento y explorar la web como un mundo de cambiantes arquitecturas sociales y constantes formas narrativas. Sobre esos temas, estamos escribiendo los nuevos proyectos con Julián Urman que por el momento son módulos de Realidad Virtual, una película sobre el trabajo y un proyecto transmedia.

 

Mauro Lukasievicz

mlukasievicz@caligari.com.ar

@MLukasievicz

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