Shih


Bruno Zaffora. Estudió Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires. Vive y trabaja en Barcelona desde 2007, donde se ha especializado en documental creativo y teatro.

Rafael Ortega Velderrain. Estudió cine en Ciudad de México y se transladó a Barcelona en 2007. Graduado de la Escuela Bande à Part en dirección de fotografía, se ha desempeñado como DF y cámara en videoclips, anuncios y cortometrajes.

 

Proyecciones:

Sábado 30 de julio. 15:00hs

 

Miercoles 3 de agosto. 23:00hs

 

 

Entrevista a Bruno Zaffora y Rafael Ortega Velderrain, directores de Shih


¿Cómo llegaron a la historia de Paola Shih y el reencuentro con su padre?

Bruno: Paola fue de las primeras personas que conocí en Barcelona. Trabajábamos juntos y enseguida nos hicimos muy amigos. Lo que me impactó bastante ni bien la conocí fue que cuando le pregunté de donde era no supo responder; era como si su identidad estuviera repartida por todos los lugares donde había vivido: Venezuela, Taiwán, Estados Unidos, Francia y España.
Yo tenía cierta fascinación por la personalidad de Paola, su frescura y la liviandad con la que se tomaba todo lo que le había ocurrido en su vida. También hice de nexo entre Paola y Rafael. Rafa vivía conmigo en ese entonces y Pao venía cada tanto a casa. Una noche se conocieron y flechazo. En poco tiempo comenzaron a salir. Tiempo después se mudó a nuestra departamento y compartimos casa una temporada, hasta que hicimos el viaje a Taiwán los tres.

Rafael: Nuestra relación comenzó al poco tiempo de conocerla. Paola me fue contando anécdotas de su vida: como había crecido cambiando bastante seguido de países y siempre hacía referencia a que le hacia falta ponerse en contacto con su padre y su parte asiática.
Una noche Bruno y yo estábamos con Paola en un bar y ahí nos contó con detalle su historia: cómo su madre y ella partieron de Taiwán cuando tenía poco más de 4 años…

Bruno: Cuando nos contó que tenía intención de volver a Taiwán a reencontrarse con su padre, pero que no se animaba a ir sola porque no sabía lo que se encontraría, nuestro impulso con Rafa fue "vamos con vos". Ahí surgió la idea de hacer el documental.

¿Cómo les afectó en lo personal el rumbo que fue tomando la historia mientras avanzaba el rodaje?

Bruno: El rodaje fue bastante delicado. Tuvo mucha dificultad a nivel personal tanto para mi como para Rafael, por la cercanía que teníamos con Paola, por la amistad que nos unía a los tres y en particular por el hecho de que Rafa era la pareja de Paola.
Hubo varios momentos en el proceso, sobre todo a medida que se acercaba la fecha del viaje a Taiwán, en donde nos cuestionábamos si había que seguir con la película. De hecho, durante el año previo al viaje, le preguntábamos cada tanto a Paola si estaba segura de que quería hacerlo, y su respuesta siempre era que sí.
En un proceso como este en el que te "inmiscuís" en la vida de una persona tan próxima y a la que querés tanto, te cuestionás cada día si estas haciendo lo correcto y si tenés derecho a intervenir en una situación tan personal. Querés hacer la película y dejar registro de este encuentro para la posteridad, pero al mismo tiempo no querés opacar tu amistad con las personas o intervenir de ninguna manera en el devenir de los acontecimientos. Quieras o no, eso termina ocurriendo y lo fuimos integrando a la película.

Rafael: En mi caso fue curioso porque a medida que iba avanzando el rodaje, yo me fui convirtiendo en un personaje más de la película por ser también el novio de Paola. Por tanto, fue un conflicto para mí tener que despegarme de la cámara y empezar a hacer presencia delante de ella. La exigencia de Paola de que me involucrara más con su familia y especialmente con su padre me obligó a estar más presente y para mi siempre era una preocupación, porque yo prefería estar detrás de cámara controlando la imagen aunque también sentía la curiosidad y el deber de conocer al padre de mi novia.

 

¿Qué desafíos se plantearon al realizar Shih?

Bruno: Algo que nos interesó desde el comienzo fue hacer un film sobre un reencuentro que no tuviera el tono que suelen tener las películas sobre estos temas, que suelen ser bastante cargados y lacrimógenos. Conociendo a Paola, intuíamos que el tono del film podía ser un poco más liviano y que incluso podría llegar a haber momentos graciosos, rozando la comedia.
Otro desafío era cómo integrar el proceso de realización al documental de manera orgánica. Es decir, al tratarse de una suerte de diario de viaje de tres amigos, desde el principio tuvimos claro que no había que intentar disimular este hecho e invisibilizar el dispositivo, sino tornarlo en un elemento constituyente del film. Este elemento se vuelve una suerte de subtrama y de hecho pesa bastante en la resolución del film.

Rafael: En el aspecto de la fotografía, desde el inicio, sobre todo en Barcelona y en Francia –donde transcurre la primera media hora de película- se buscó una propuesta de cámara más cuidada y un look más cercano a la ficción, controlando más la composición, movimientos de cámara, iluminación, etc. La cuestión era que no sabíamos qué posibilidades de hacer lo mismo tendríamos en Taiwán, dado que no teníamos ni idea de cómo iba a reaccionar la gente allá. Taiwán era para nosotros un universo desconocido y ese era el mayor reto a nivel narrativo.

Bruno: Al final logramos integrar bastante las dos formas: un registro más estático previo al viaje y una cámara más espontanea y cruda en Taiwán, lo cual a su vez se correspondía bastante con lo que iba viviendo y sintiendo Paola.

 

¿Qué sensaciones les dejo el filmar en una cultura tan diferente como es la de Taiwán?

Bruno: Me sorprendió mucho encontrar una cultura milenaria y tradicional en muchos aspectos, sobre todo relacionados con la familia, el rol del individuo en la comunidad y como uno se muestra ante los otros, y por otro lado una cultura muy moderna, muy cosmopolita y muy occidentalizada en muchos aspectos. En Taiwán conviven las luces de Neon y la última tecnología, con la tradición, la importancia de los ancestros, el misticismo en la vida cotidiana y sus filosofías: budismo, taoismo y confusianismo. Los films de Tsai Ming-liang, Hou Hsiao Hsien y Edward Yang muestran este cocktail a la perfección.

Rafael: Cuando estábamos por hacer el viaje y temprano en el rodaje, investigamos bastante sobre Taiwán, su idiosincrasia y sus costumbres. En mi caso me encontré con que si bien algunas cosas que leímos antes de llegar coincidían con lo que vimos después, había una gran cantidad de costumbres e ideas que solo las llegas a conocer una vez estando allí, involucrado en el día a día de la cultura. Nosotros tuvimos la suerte de entrar en la cotidianidad de la vida del padre de Pao justo al llegar, por lo tanto se nos abrió un panorama mucho más completo de lo que es su cultura y sus hábitos.
A nivel técnico fue muy interesante porque nosotros llegamos con cierta idea de cómo iba a ser rodar en Taiwán y al final resulto ser otra cosa. La gente allá se mostró muy accesible y cómoda a la hora de tener una cámara delante y para nosotros fue un alivio porque nos sentimos con más confianza de documentar los acontecimientos sin la preocupación de incomodar a Jimmy y a su familia.

 

¿Cómo se financio Shih?

Bruno: Shih se hizo con muy poquito dinero. Durante el rodaje, contamos con el apoyo de la Escuela de Cine Bande à Part de Barcelona, en la que Rafael estudió, que nos prestó los equipos que utilizamos durante el rodaje. Luego, hicimos un crowdfunding (financiación colectiva) en el que contamos con el aporte de muchos amigos que nos hicieron el aguante, y nos ayudó a cubrir los gastos finales de postproducción, DCP, etc.

 

¿Cuánto tiempo te tomo reunir el material necesario para el documental y que tanto tuvieron que dejar afuera en el corte final?

Bruno: El rodaje abarcó un periodo de 4 o 5 meses, aunque la mayor parte del material rodado y utilizado se grabó en el mes que pasamos en Taiwán. Al comenzar el montaje, teníamos cerca de 80-90 horas de material.

Rafael: Si bien teníamos bastante claro que es lo que nos interesaba y que era lo importante de lo que ocurría, grabábamos algunas secuencias aún sabiendo que no las utilizaríamos. Era importante que la cámara estuviera presente en todo momento y que no fuera intrusa o violenta en otros momentos más íntimos. El primer corte duraba 2 hs 40 y fuimos reduciendo hasta llegar a los 97 minutos del corte final.

 

¿Qué tanto conocen y que es lo que mas les gusta del cine Argentino actual?

Bruno: Me gusta mucho lo que se hace ahora mismo en el cine Argentino, aunque no veo tanto como quisiera. Intento estar pendiente de lo que se estrena, de la programación del BAFICI, Festival de Mar del Plata, etc. Aunque debo decir que vi bastante más cuando estaba estudiando en la UBA, antes de venirme a Barcelona.
Lo poco que veo ahora es lo que se estrena acá, lo que puedo ver en algún que otro festival, lo que veo cuando viajo a Buenos Aires, o lo que se cuelga online o en plataformas como Odeon.
Soy muy fan de La Unión de los Ríos: vi hace algunos años Los Salvajes de Alejandro Fadel en el Festival de Sitges y me encantó. También me gustan mucho las pelis de los chicos de Pampero: Mariano Llinas, Alejo Moguillansky, Laura Citarella.

 

¿Se encuentran trabajando en otros proyectos?

Bruno: Ahora mismo estoy comenzando el montaje de un segundo largometraje, esta vez en solitario, sobre el proceso de puesta en escena de una obra de teatro basada en el poemario "Altazor o el viaje en paracaídas" de Vicente Huidobro. La obra de teatro fue dirigida por Jessica Walker, una producción de la Compañía Laboratorio Teatro de Barcelona.
También, estoy desarrollando junto con dos amigos en Argentina, un documental sobre la escena de Jazz de Buenos Aires, visto a través de los ojos de dos músicos del interior. Actualmente estamos en proceso de reunir la financiación y si todo va bien, lo rodaremos en Julio de 2017.

Rafael: Actualmente estoy residiendo en México por una temporada y me encuentro trabajando en proyectos de TV y publicidad dentro del departamento de fotografía, como operador y técnico de cámara. En cuanto a la realización, tengo intención de aplicar próximamente a la Beca de Creadores del Fondo de Cultura (FONCA) para poder financiar mi primera película en solitario como director, que se desarrolla en México y parte en España.

 

Mauro Lukasievicz

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