Paseo por el lado salvaje. Wild (2016), de Nicolette Krebitz

Carla Leonardi 22 - Septiembre - 2016 Textos

 

“Salvaje” (“Wild”, 2016) de la directora alemana Nicolette Krebitz hace foco en la metamorfosis que sufre la protagonista.
Ania (Lilith Stangenberg) es una joven que vive sola en un departamento en los suburbios. Poco a poco iremos componiendo a lo largo de la película el cuadro de su familia. Tiene una hermana que vive junto a su novio. A su padre nunca lo conoció y de su madre no sabremos nada. Pero tiene un abuelo que está internado en un hospital.
Ania trabaja como secretaria en una agencia de publicidad. Es una joven solitaria, reacia al trato social. Sus días transcurren entre el trabajo y las prácticas de tiro, para luego regresar a su hogar. La puesta en escena la sitúa recatada y poco femenina en su forma de vestirse con pantalones amplios, campera, zapatillas y sin usar maquillaje ni accesorios. Es decir, que no es una mujer que se revista con objetos con valor fálico para seducir al sexo masculino. Su pelo recogido, marca la contención de sus emociones y de todo lo que esté vinculado a la expresión de su sexualidad.
Boris (Georg Friedrich) es el jefe de Ania. La relación que establezca Boris con Ania, implicará que la tendrá a su disposición para que le sirva el café o maneje su combi para hacerle diligencias. Boris se jactará de que Ania es su mejor empleada, porque no le cuestiona nada ni le hace preguntas. La relación de Boris con Ania estará teñida por cierta agresividad y cargada de tensión sexual.
Un día de camino al trabajo, Ania se encontrará en un bosque aledaño con un lobo salvaje, que la mirará fijo. Ella quedará petrificada y él animal desaparecerá en la oscuridad de los arbustos. El encuentro con el animal causará un fuerte impacto en Ania. Y paralelamente al empeoramiento del cuadro de su abuelo, hasta llegar al estado de coma, de quien podemos presumir que era su único soporte en la vida; Ania irá obsesionándose cada vez más con el lobo. Desde su balcón aullará para llamarlo. Un día se internará en el bosque con los anteojos puestos de su abuelo para dejarle un trozo de carne y así detectar si el lobo acaso siga merodeando por ahí. La subjetiva de Ania mirando el bosque con los anteojos puestos donde la vegetación se ve de manera deformada y desfigurada, es un signo de la puesta en escena donde podemos leer un cambio en su percepción de la realidad. También le llevará conejos vivos. Y para cuando compruebe que el lobo sigue allí, se las ingeniará para cercarlo con cuerdas con jirones de tela y adormecerlo con droga que robó del hospital.
Ania llevará al lobo sedado a vivir a su departamento en la habitación que antes era de su hermana, la cual que preparó y destinó para él. A partir de esta convivencia con el lobo, irá operándose una metamorfosis cada vez más radical en Ania. Se aislará aún más de lo social, al no concurrir a su trabajo. Su aspecto se volverá desaliñado, hasta el punto de usar ropa andrajosa y estar sucia. Y también soportará el olor de las evacuaciones que hará el animal. Para ella la barrera del asco dejará de ser un límite, algo por lo cual preocuparse. No obstante se la verá más libre. El detalle de la puesta en escena de su cabello suelto y despeinado, se expresará en una actitud más confiada y ligera para con los hombres. Aunque no se preocupe por su apariencia, será más consciente de sus encantos para seducirlos.
Hasta aquí podríamos plantearnos al lobo como un símbolo de la naturaleza indómita, de los instintos, de lo misterioso, de la libertad. El lobo sería un símbolo de lo Otro, de un alteridad radical, que no pertenece al mundo de lo humano. Tomando esto podríamos pensar que el encuentro con el lobo, es un catalizador que le permite a Ania conectarse con su feminidad. Ania por efecto de la metamorfosis, es ahora una mujer liberada de los límites del pudor, el asco o la moral, que encorsetaban su feminidad, sumiéndola en la inhibición.
A esta altura a Ania ya no le interesará continuar trabajando en la agencia. Se dirigirá al despacho de su jefe para presentar la renuncia. Se topará con él mientras esté en plena escena de seducción y acceso carnal con los empleados de limpieza. Boris y Ania tendrán un encuentro sexual en el escritorio. El acabará en su panza, tomando los recaudos para evitar un embarazo. Ella explicitará claramente que no le interesa un embarazo, que no quiere tener ninguna relación con eso, porque no sabría qué hacer con él. Pero también dejará claro que querrá que Boris la haga gozar más y más. Ania plantea un goce ilimitado, que especifica a lo femenino; que a diferencia del goce fálico, que especifica al hombre, y encuentra un límite en la detumescencia del propio órgano luego de que se llegó al orgasmo.
Cuando Boris se retire, Ania cagará sobre su escritorio como haría un animal y luego prenderá fuego a la oficina, no sin llamar a la policía en el momento justo para que la rescaten. El protocolo policial implicará que el día siguiente vayan a verla a su departamento para tomarle declaración. Ania se refugiará junto al lobo en la terraza para que no la encuentren. También irá a buscarla Boris, que se dará cuenta de que puede estar en la terraza, donde efectivamente la encuentra. Boris, atraído y preocupado por ella, le propondrá que vaya a vivir con él y construir un establo para el animal que cree que es un perro. Pero Ania, deliberadamente soltará a su lobo, quien matará fríamente a Boris. En este punto, al rechazar la posibilidad de un hijo en tanto sustituto del falo y al matar a Boris, Ania no sólo rechaza ser un objeto domesticado por el patriarcado, sino que también entrar en un discurso amoroso con un hombre. Se trata ahora de una posición femenina radical, sin amarre al falo en tanto encarnación de un límite. Quedar sumergida en el goce femenino sin límites, la conduce a un total extravío de sí misma y de los demás, que se refleja en su huida junto al lobo para perderse en la naturaleza.
Vale aclarar que yo elegí leer la película extrayendo alguna enseñanza sobre lo femenino, porque es una temática que me interesa explorar en el cine; pero esto no invalida que se pueda leer este retorno de Ania hacia lo primitivo, y la violencia salvaje en una clave social, como representación de la declinación del orden simbólico en la época contemporánea.
“Salvaje” es una película que bordea por momentos lo experimental, que tiene una carga simbólica muy fuerte y que propone un personaje radical como Ania, con el cual, para el espectador, resultará muy difícil empatizar. Sin embargo es una muy buena película de Nicolette Krebitz por la sutileza con la cual maneja los símbolos en la puesta en escena sin necesidad de caer en explicaciones ni subrayados redundantes, por la calidad de las actuaciones que ha logrado de los actores con los cuales eligió trabajar y por la claridad con que aborda la relación de una mujer con el goce femenino sin regulación por el límite fálico.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

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