El deber familiar. Wajib (2017), de Annemarie Jacir

Rodrigo Zimerman 24 - Noviembre - 2017 Textos- Foco: 32 Festival Internacional de cine de Mar Del Plata

 

“(…) Sobre esta tierra hay algo que merece vivir:
Sobre esta tierra está la señora de
la tierra, la madre de los comienzos, la madre de los finales.
Se llamaba Palestina.
Se sigue llamando
Palestina.
Señora: yo merezco, porque tú eres mi dama, yo merezco vivir.”
“Sobre esta tierra” de Mahmud Darwish

 

Nazaret se encuentra en Israel/ Nazaret se llama “La ciudad perdida”/ Nazaret/ carga con la cruz/ La cruz de una historia de conflictos religiosos y políticos/ Nazaret es la cuna del/ Cristianismo/ Nazaret/ es la cuna de Abu/ Nazaret es la cuna de Shadi/ Pero Shadi/ prefiere no mecerse en dicha cuna/ Ya encontró una mejor/ Una cuna que no le traicionó/ Que no lo expulsó/ Una cuna que respeta sus ideas/ Una cuna que no lo hizo/ Exiliado/ Abu y Shadi/ cargan con la cruz del abandono/ El abandono/ de su/ Esposa/ Madre/ así como/ El abandono/ de/ La tierra/ Sin embargo/ Está la familia/ el amor/ Y la tradición/ Lo que harán que Shadi/ vuelva a su cuna/ por el deber/ El deber familiar.
De las colinas de Nazaret se desprende un poco de tierra que es levantada por los autos que pasan y las suelas de trabajadoras/es y niñas/os que caminan por el pueblo. Esta tierra tiene la memoria del pueblo y de vez en cuando, con el viento, le llega a alguna persona que no tapa los conflictos que son evidentes en la ciudad con más árabes en Israel. La historia transcurre en Nazaret en el contexto de los días previos a Navidad y narra cómo Shadi, un joven arquitecto, vuelve a su ciudad natal, desde Roma, para ayudar a su padre  Abu, un viejo profesor del pueblo, con los preparativos del casamiento de su hermana Amal, cumpliendo con la tradición palestina de entregar todas las invitaciones personalmente, casa por casa.


Annemarie Jacir, la directora de “Wajib” (Deber), desprende, como la tierra, un relato dramático, sensible y conflictivo en donde la tradición y la familia van a ser el foco de una película que esconde pequeños granos de diversas temáticas desde el conflicto por la estética de una media sombra hasta la discusión del trabajo de un infiltrado político. Es interesante la forma en que la directora plantea contar la historia de Abu y Shadi a partir de un día en la vida de estos. El auto será una pieza importante de la película ya que no solo sirve como medio de transporte sino que también es allí donde los personajes establecerán diálogos y conflictos generados a partir del uso del vehículo. El auto como escondite de vicios; el disentimiento de un disco de música escuchado en la radio; el estacionamiento fortuito para entregar las cartas; el tránsito; la muerte que viaja como otro vehículo por las calles; el atropellamiento; si pinchan una goma hay que cambiarla, si hay que cambiarla hay que ir al mecánico, por ende, llevar una carta más para el casamiento. La directora, también, se preocupa por contrarrestar aquellos planos y diálogos en donde aparecen la marginalidad, el drama y el horror de la vida cotidiana con la presencia de conversaciones y situaciones cómicas. Por otra parte, una carta importante de la película es la rol de la mujer. La mujer es un punto de encuentro, reconciliación pero a la vez genera también discrepancias entre los personajes. La mujer que genera el encuentro es el personaje de Amal, la hermana que se casa, la cual hace que Shadi vuelva a Nazaret y se relacione en parte con su pasado pero principalmente con su padre y sus mañas de hombre viejo. La vuelta al hogar, las relaciones con las mujeres, el trabajo/estudio, la vestimenta, micro fascismos, los ideales serán los temas de discusión entre padre e hijo. Mientras que en el fuera de campo también estará la figura de la madre Shadi y Amal y ex esposa de Abu. Será ella quién generará una de las tensiones más importantes para el casamiento de su hija y quien, pese a no estar físicamente, acechara, desde la memoria de la gente del pueblo y/o la de su familia, el conflicto de un abandono y la mirada posterior que recaerá sobre su posición como mujer y madre.
“Wajib” es un camino de regreso, a donde la memoria habla.

Rodrigo Zimerman

rodrigozimerman@caligari.com.ar

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