Te prometo anarquía. Volantín cortao (2013), de Diego Ayala y Aníbal Jofré

Mariano Samengo 28 - Junio - 2017 Textos

 

Mientras veía Volantín Cortao (que traducido del slang chileno sería como decir alguien que es un “barrilete” o un “tiro al aire”), no podía dejar de pensar en dos películas, tan disímiles entre sí: La patota (Santiago Mitre, 2015) por un lado, y Los cuerpos dóciles (Diego Gachassin y Matías Scarvaci, 2015) por el otro. Tanto en Volantín… como en las otras películas citadas, tienen a protagonistas que se desempeñan dentro del ámbito social, que entablan una mayor empatía con los desclasados, los parias y los marginados y que hasta por momentos sienten vergüenza de pertenecer a una clase social más privilegiada. En este caso, la protagonista es una joven de clase media alta llamada Paulina (nombre que comparte de casualidad también con el personaje que interpretó Dolores Fonzi en La patota), que trabaja en un centro de asistencia social para jóvenes problemáticos y de estratos bajos. Lo que hace distintivo al personaje de movida es que, ni bien empieza la película, la vemos a Paulina devolviéndole a un chico su cuchillo confiscado por el centro para el que trabaja con suma complicidad (rasgo que comparte con el abogado penalista Alfredo García Kalb y la forma que se maneja con sus clientes, en el documental de Gachassin y Scarvaci). Acto seguido, Paulina es reprimida por uno de sus superiores, advirtiéndole que debe mantener su distancia respecto a los chicos y que debe respetar las reglas. El problema es que, justamente, Paulina no sabe respetar las reglas. Es una chica tanto o más punk e indómita que los chicos a los que intenta asistir. No es casual que la película comience y termine con ella estando en la calle porque, en definitiva, está tan perdida y huérfana como muchos de aquellos chicos.

Lo que me parece mucho mejor de este personaje en comparación al de Fonzi es que uno cree de verdad en sus actos vandálicos y en su postura clasista. Lo que hace Paulina en La patota se siente más como una operación claramente dramatúrgica de guion, donde el personaje para demostrar una tesis (que es la tesis de la película), se somete a lo que se somete, pero cualquier persona estando en su lugar jamás haría lo que termina haciendo. En cambio, en Volantín Cortao, la película respira adolescencia, calle e insolencia a cada paso que da, del mismo modo en que lo hace Paulina. En ese sentido, tampoco es casual la decisión de filmar casi todo con cámara en mano, con cierta desprolijidad y teniendo a Paulina como su punto de vista principal.

Sin embargo, la película (dado su duración breve) se siente algo apresurada en partes, echando por tierra ciertas puntas que podrían haber sido mucho más ricas de explorar si se les daba el tiempo suficiente, como por ejemplo la relación que Paulina establece con Manuel (un chico de la calle al que conoce mientras viaja en el colectivo), que al principio de transforma en una relación amistosa y de camaradería y que con el correr del relato se va transformando en un romance tierno, pero que sobre el final cobra tintes densos. La secuencia final, si bien no deja de tener una pregnancia potente e incómoda, se hubiese beneficiado muchísimo más con un mejor desarrollo.

Aun así, los valores primordiales de Volantín Cortao residen en su carismática protagonista (gran trabajo de Loreto Velázquez) y en su espíritu anarco, libre y desprejuiciado. Si no, ¿qué gracia tendría la adolescencia?

Mariano Samengo

marianosamengo@caligari.com.ar

Volantín cortao