Lo subterráneo. Viejo calavera (2016), de Kiro Russo

Juan Pablo Barbero 21 - Abril - 2017 Textos - Foco:19º BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional Cine Independiente

 

Viejo Calavera es una extraña y fascinante hibridación entre las dos ramas primordiales del cine, por momentos uno cree estar viendo un documental hasta que por momentos toma preponderancia la ficción y viceversa, una historia que va hasta lo más subterráneo de la narración donde las cosas en la oscuridad se vuelven indiscernibles. Uno en la oscuridad no sabe bien qué es lo que está viendo y Viejo Calavera te hace entrar a un sentimiento por momentos claustrofóbico porque cuando no estamos en las profundidades de la tierra estamos en las profundidades del protagonista, siempre abajo. Un protagonista del que poco conocemos porque no se deja conocer más que su contexto, la muerte de su padre, su abuela, su padrino y un grupo de mineros que respetaron mucho a su padre y así van a tener que hacerlo con el hijo, a pesar de que eso conlleve una responsabilidad enorme y una paciencia mayor, porque el protagonista es un joven indomable, siempre borracho buscando meterse en problemas, el mundo se enoja con él, pero él se enoja mucho más con el mundo; pero lo que logra Viejo Calavera, es encontrar, en lo profundo de aquel joven un poco de corazón.

Es una historia con contenido político porque cuando la ficción se pierde en la oscuridad de la mina los que hablan son los trabajadores unidos como sindicato dispuestos a impedir los despidos o posible cierre. La idea de consolidarse como grupo de verse aliado y así potencia, de mostrarse solidario con su compañero, de acompañar la lucha obrera contra el sector empresario, de combatir hasta con el cine, ya que el cine sirve como arma en el momento del shock, esas máquinas que chillan como si gritaran, la humedad cada vez más oscura, el peligro constante… una lucha que sólo conocen ellos. Lo interesante es aquel énfasis en lo técnico dispuesto a narrar lo documental, y es porque la película es siempre consciente de su hibridación y está siempre alerta, con una cámara que está levitando todo el tiempo, a ese inmediato cambio donde entra la ficción, que en este caso tiene nombre, Elder a hacer de las suyas y romper lo documental para seguir documentando la historia que nos quiere contar. Una historia de un hijo que no sabe para donde correr, un hijo confundido consigo mismo pero con los demás también. El boliche, la calle, la mina, todo es una amenaza para él, pero para el boliche, la calle o la mina también porque para Elder todo sentimiento de compasión está enterrado sin posibilidad de ser socavado.

El espacio habla por su cuenta, no sólo por la particularidad de este de estar bajo tierra, sino por la precisión de un montaje que hace hablar a la mina. La forma de trabajo se pasa a lenguaje cinematográfico no explícitamente narrado, sino a través del puro cine, de sus ritmos y diversas duraciones puede hacer de todo. Un montaje tormentoso que parece hacer explotar la narración, todo lo subterráneo subyace y se vuelve primordial, dejando atrás lo documental, dejando atrás lo ficcional y quedando sólo como un temblor, la herramienta de trabajo como destrucción de lo contado, como un personaje más que se encuentra narrando. Una historia de trabajo forzado que vuelve más forzosa la vida afuera también. Una historia que toma del cine las herramientas perfectas para hacer gritar a los obreros la palabra revolución.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

Viejo Calavera