Empujada hasta el límite. “La lección” (Urok) (2014), de Kristina Grozeva y Petar Valchanov

Carla Leonardi 7 - Octubre - 2016 Textos

 

“La lección” (“Urok”, 2014) es una interesante película búlgara dirigida por los directores Kristina Grozeva y Petar Valchanov. Se trata de un drama de tipo social, que ha tenido una buena recepción por parte de la crítica internacional.
Nadehza (Margita Gosheva), apodada Nade, es profesora de inglés en una escuela de un pequeño pueblo de Bulgaria. La película arranca con el ruido de la tiza fuera de campo sobre el pizarrón. Luego vemos a Nade escribiendo en el pizarrón la frase: “Somebody has just stole my wallet.”(1) y pidiéndole a la alumna afectada por el robo que la lea en voz alta. El ladrón no se identificará, pero Nade querrá darle al ladrón la oportunidad de enmendar su error y dejará un sobre para que devuelva el dinero anónimamente. Pero al día siguiente, el sobre estará vacío.
La puesta en escena identifica a Nade, con sus camisas y pantalones de vestir de colores sobrios y aspecto recatado, como una mujer emocionalmente estable y segura, que se erige en un lugar de superioridad moral desde el cual juzgar los actos de los demás. Es así que Nade se obsesionará con el incidente del robo en el aula y buscará la manera de identificar al ladrón para darle una lección y enseñarle la diferencia entre el bien y el mal.
Paralelamente iremos conociendo la otra cara de la vida de Nade. Nade está en pareja con Mladen (Ivan Barnev) y tienen una hija pequeña de 4 años. La situación económica de la familia es precaria. Nade tiene un segundo trabajo como traductora para una empresa pero aún no le han depositado el pago por su labor. Mladen está desocupado, es alcohólico y no logra vender una camioneta.
Los roles familiares clásicos están invertidos: Nade sostiene la economía del hogar y Mladen cuida de la pequeña Dea. Incluso le lee cuentos a la noche a la hora de dormir mientras Nade corrige las pruebas de sus alumnos. Mladen no tiene una actitud amorosa para con Nade. Apesadumbrado por no poder vender la van, cuando ella vaya a tratar de consolarlo, él le dirá: “Bésame el pie.” Esta frase resumirá su modo de relación.
La situación económica se complicará cuando Nade se entere que la casa está al borde de ser subastada por el banco debido a que Mladen no ha estado pagando las cuotas del crédito que habían tomado. El representante del banco les da un plazo de 3 días, hasta que se efectúe la subasta. Este será el primer indicio de la inhumanidad del sistema capitalista para el cual el individuo se reduce a un valor numérico. Los individuos que representan al banco, ya sean oficiales de justicia, empleados de la caja o agentes de seguridad; quedan en su mayoría alienados a los protocolos del aparato burocrático y no serán capaces de hacer lugar a algún tipo de excepción, salvo en el caso de la empleada de caja que le tolere la llegada apenas nomás pasado del horario de cierre porque tuvo una pizca de humanidad para advertir el esfuerzo de alguien que está realmente en serios problemas económicos Es sabido que cuando uno está en aprietos económicos, la solidaridad deja de ser moneda corriente.
La cámara seguirá a Nade, buscando que el espectador se identifique con su circunstancia y con el conflicto que deberá atravesar. Al elegir no utilizar música extradiegética ni artificios sonoros a lo largo de la película, los directores apuntan a evitar generar distracciones o emociones en el espectador que no sean las propias de la situación apremiante que viva la protagonista. Resaltar el sonido ambiente apuntará a enfatizar el realismo y el dramatismo de la encrucijada moral de Nade para hacérselo palpable al espectador en carne propia. Se trata de una película que podemos ubicar en una genealogía con el Neorrealismo Italiano (2) y que se emparienta en la temática con la última película de los hermanos Dardenne “Dos días, una noche” (“Deux jours, une nuit”, 2014).
Así como en la de los Dardenne seguíamos a Sandra (Marion Cotilliard) en su peregrinaje puerta a puerta por las viviendas de sus compañeros de trabajo tratando de recolectar votos a su favor para no perder su puesto de trabajo, aquí también veremos a Nade andar con paso firme por las calles golpeando diversas puertas en pos de hallar una solución mientras sus facciones delaten una bronca e impotencia contenidas, que irán increscendo, y que también experimentará el espectador.
Nade lejos de reaccionar expulsando o exigiendo a Mladen que haga algo para solucionar el problema que él creó; se someterá a sus pies, se rebajará para sostenerlo como un hombre impotente. Pedir dinero implica en sí mismo humillarse ante el Otro, porque nadie presta dinero sin poner una condición, y esto es lo que tendrá que hacer Nade.
Nade pedirá dinero a un prestamista y su situación se complicará aún más cuando no pueda pagarle la deuda. Nade contaba con el pago atrasado de las traducciones para saldar esta deuda, pero la empresa entrará en quiebra y el dueño desaparecerá. El prestamista se aprovechará de esta situación para chantajearla: le dará una extensión de tiempo para pagar según el puntaje que le ponga a su sobrino, que es estudiante de ella y poco estudioso, en la prueba de inglés. A más puntaje, más días de prórroga.
Ante el aprieto económico, Nade irá a pedirle dinero a su padre, que es un hombre adinerado, al cual no ve desde hace un tiempo. El motivo del distanciamiento de Nade para con él es el trato que ha tenido éste para con su madre. El padre de Nade, a poco de fallecer su esposa, inició una relación con Galya, una mujer joven con la cual convive. Los celos de Nade para con Galya, se expresarán en ese arranque infantil en el cual tapará su retrato, que cuelga en la pared junto al de la madre y al de ella, pintándolo con marcador negro. El padre exigirá a Nade que se disculpe con Galya por este incidente como condición para darle el dinero que necesita. De esta manera se reproduce la misma estructura de chantaje y humillación que con el prestamista.
En la casa en la que habita Nade, hay en la pared una gran foto de su madre que captura la atención del espectador. Sabremos que es de la madre de Nade, porque es la misma foto que estará replicada en la casa del padre junto a una foto de ella. Nade visita a su madre en el cementerio y comparte con ella un café. Hay de parte de Nade una idealización de la figura de la madre haciendo de ella una mujer sufriente, una suerte de mártir, por la enfermedad que la llevó a la muerte y por las humillaciones del padre en sus andanzas con otras mujeres. La idealización de la figura materna no le permite a Nade preguntarse qué posición tenía su madre en la relación con su padre, qué parte tenía ella en el asunto, al continuar sosteniendo el lazo con ese hombre infiel. Nade en su vínculo con Mladen, está identificada a la posición de su madre. Ella también sostiene el lazo con ese hombre aunque no circule entre ellos el amor, y lo deja en una posición cómoda al elegir cargar sola con la búsqueda de una solución a su economía.
Las decisiones que va tomando Nade la conducirán a quedar en una posición de degradación ante el prestamista y ante el padre. El dilema ético, que hará vacilar su intachable moralidad, se jugará en la disyuntiva entre ofertarse a la humillación del otro o convertirse en una delincuente.
“La lección” es una película austera en cuanto a lo técnico y lo formal, pero bien resuelta desde el guión y desde lo actoral. Claramente plantea una enseñanza moral, y este es el horizonte del título de la película, pero tiene el acierto de no hacerlo mediante subrayados o moralejas aleccionadoras, sino adoptando la estructura narrativa de la tragedia, donde la caída de la heroína está al servicio de que tanto ella como los espectadores recibamos “nuestro propio mensaje en forma invertida” (3): en una situación desesperada donde se hace difusa la barrera entre el bien y el mal, ya no es tan simple arrojarse el poder de juzgar las acciones de los demás.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Urok