“La bella y las bestias”. Una mujer fantástica (2017) de Sebastián Lelio

Rocio Molina Biasone 22 - febrero - 2018 Textos

 

 

El tropo del señor maduro que se enamora de una mujer joven y que, por ella, deja a su esposa ha sido tratado de forma exhaustiva tanto en el cine como en la televisión, en la comedia como en el drama, en el cine independiente como en el comercial. Con tópicos tan explotados como éste, a menudo resulta difícil pensar una película diferente, que no caiga en lo estereotipado, en lo obvio. De hecho, a menudo estas narrativas se enfocan en la ex esposa que ha sido dejada, o en el hombre que se enamora irreparablemente de una mujer joven y única que le cambia la vida. Son raros los casos en que la historia toma como protagonista a la “nueva”, los prejuicios que debe atravesar y el rechazo que recibe por la familia de su pareja. Y son menos aún, aquellos en los que la “nueva” es una mujer trans.
Para escaparle al lugar común, Sebastián Leilo nos va introduciendo en la trama de forma minimalista y seductora, jugando con lo no dicho y con las conclusiones que va sacando nuestra mente a partir de la información que se nos ofrece: un hombre grande y solo va a un bar, ve allí a la cantante, mujer joven, intercambian miradas, ¿se conocen? Sí, salen a festejar el cumpleaños  de ella ¿es la hija? No, le dice “mi amor”. Amor, convivencia, no está el aura de lo prohibido, ni de lo clandestino, solo marcas de afecto y de cotidianidad, de una relación.


Las discriminaciones que recaen y convergen sobre Marina son múltiples. Se suman y se complementan. De por sí, a cualquier mujer trans la atraviesan dos discriminaciones: por su género, por enmarcarse como mujer en este mundo; y por su cuerpo disidente, por la biología que la sociedad clasifica como “macho” y construye como “hombre” y que es vista como opuesta e incompatible con la idea de “ser mujer”. Marina, además, tiene que lidiar con el estigma de ser la “ladrona de maridos” — qué coincidencia que los hombres solo reciben el estado de ‘objetos’ si es con el fin de crear un ‘sujeto’ mujer malvado —. Estas discriminaciones se combinan y dan forma a un tipo de odio particular y típicamente dirigido a las mujeres trans y a los cuerpos que no se adecúan a nuestra construcción de lo ‘normal’. El resentimiento por el cambio que se produjo en sus vidas se mezcla con la incomprensión de ese físico. El adjudicarle a ella la culpa de un incidente se suma al miedo y a la curiosidad perversa por una genitalidad que no pueden imaginar.
En imágenes, en escenas y en acciones, Leilo coloca a Marina en la posición de guerrera, no por naturaleza o siquiera voluntad, sino guerrera porque no tiene otra opción. Su seriedad e imperturbabilidad, rasgos inusuales en la representación de la disidencia sexual, son una armadura para que el odio de la familia de su adorado Eduardo no la lastime, que sus intimidaciones físicas y verbales no la atraviesen.
Hay un derecho básico y fundamental que el mundo parece negarle de forma sistemática a las personas trans, y es el derecho a dar y recibir amor, a desear y ser deseados, a vivir el afecto que vive la gente hetero y cis sin que le cuestionen nada, desde hacer el amor o tomarse de la mano, hasta vivir en una misma casa con quien aman. Y con ese derecho viene aquel que nos permite hacer el duelo por la persona amada, despedirse de su cuerpo, llorar junto a todos los que lo quisieron.
El problema que tiene la familia de Eduardo en reconocer a Marina como un ‘ser querido’ del difunto es que, al fin y al cabo, no logran verla como un ‘ser’ en lo absoluto. Asimismo, el problema que tiene el resto de la sociedad, no solo chilena, no solo latinoamericana, sino mundial, para reconocer los derechos humanos de las personas trans, es que no los ven como ‘humanos’.
Marina, así como muchas personas que comparten su experiencia, será detenida por el viento, será interrogada por la autoridad, será amordazada por quienes rechazan su existencia, y será pisoteada con palabras por quienes se asumen ‘normales’.
Marina, sin embargo, será.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Una mujer fantástica