Fetichismo de la mercancía. Una especie de familia (2017), de Diego Lerman

Carla Leonardi 14 - Septiembre - 2017 -Texto

 

El director argentino Diego Lerman en su última película “Una especie de familia” (2017) retoma la temática de la desprotección de la infancia que ya había trabajado en la precedente “Refugiado” (2014), aunque aquí lo hace por otro sesgo. Si en la anterior se trataba del desvalimiento respecto de la violencia intrafamiliar, en “Una especie de familia” se trata del desamparo frente a la violencia institucional de la que son víctimas los niños nacidos en condiciones económicas precarias.
La ausencia del Estado sosteniendo de algún modo a las familias de condiciones económicas más vulnerables, así como proveyendo una Justicia más ágil en los casos en que sea necesaria la adopción, deja la puerta abierta a un mercado clandestino y a un manoseo en el cual quedan prisioneros estos niños pequeños que no pueden expresar su voluntad.
“Una especie de familia” es una ficción que se enmarca en el género del realismo social. Si bien son tres los personajes principales, la narración coloca como protagonista a Malena, que es quien lleva adelante la acción. Malena (Bárbara Lennie) es una médica de clase media de Buenos Aires, que cierto día recibe la noticia de que el bebé que está esperando está por nacer.


El prólogo de la película, divide la imagen en dos, mostrándonos el interior del auto de Malena, donde se la ve apesadumbrada y pensativa, y el exterior que muestra la autopista en una noche lluviosa. La siguiente imagen será un plano fijo, subjetiva de Malena desde el auto, donde una señal de transito indicará que hay dos caminos posibles. Este comienzo ya anticipa que Malena, en su viaje al Noroeste argentino en busca de realizar su anhelo de hijo, deberá enfrentarse con un dilema ético.
La cámara irá siguiendo a Malena en planos medios y primeros planos durante su llegada al Hospital, y en su deambular por el pueblo, buscando la identificación del espectador con ella. La camisa de color azul estridente, será el color que la distinga, evocando cierto aire de tristeza y de vacío en lo que hace a la realización de su maternidad. Tintes melancólicos que deja entrever la asociación tanguera que tiene su propio nombre.
Malena tomará contacto en el Hospital con Marcela (Yanina Ávila), la madre residente en la zona, que está a punto de dar a luz un bebé. Quien ha propiciado el encuentro entre estas dos mujeres es el Dr. Costas (Daniel Araoz), médico del hospital. Marcela quiere ceder a su bebé, pues su condición económica no le permite mantenerlo y Malena quiere acceder a ese hijo que no puede tener biológicamente.
Marcela estará preocupada por el parto de este hijo, pues ya ha tenido otros embarazos previos. Malena presenciará el parto y todo saldrá bien. El plano fijo que toma a Malena con el bebé en brazos en una sala, del otro lado de un vidrio, y aun vestida con las ropas del quirófano, la encuadra evocando una “maternidad” que ya no es aquella imagen idealizada que suelen mostrarnos generalmente las pinturas o fotografías.
De entrada llama la atención, la soledad de estas dos mujeres. El esposo de Marcela está preso en Brasil y el esposo de Malena, se encuentra en viaje de negocios.
Cuando Malena se contacte con la Dra. Pernía (Paula Cohen) por los trámites vinculados a la inscripción del bebé, se le pedirá una suma de dinero como condición para poder llevárselo. Esto no estaba para Malena dentro de lo pactado con el Dr. Costas. Malena dirá que no quiere que este hijo quede ligado al dinero. La Dra. Pernía apelará a que lo piense y que lo considere como una contribución económica para la familia.
Enfurecida Malena se dirigirá a ver al Dr. Costas. El doctor planteará su posición de este modo: “Vos pensás que yo hago todo esto por dinero, pero lo hago por el bien de estos niños, que de otra manera no tendrían ningún futuro.”, mientras le muestre una carpeta con fotos de niños entregados a familias pudientes.  Será entonces que se plantee para Malena el dilema ético: ¿estará dispuesta a dejar que su deseo de hijo vire hacia una transacción comercial?
La ética del Dr. Costas es una ética utilitaria, que se disfraza de una ética del bien. Mientras, que Malena sostiene una ética del deseo de hijo. Pero que Malena esgrima este deseo de hijo, no la sitúa como una mujer digna, sino que la muestra como una mujer con contradicciones, pues en pos de este deseo de hijo, aunque no medie dinero, no ha tomado el camino de una adopción legal. Ya vemos entonces que hay en Malena una posición donde en pos de su deseo de hijo, está dispuesta a ir más allá de los límites de la ley.
Marcela tampoco escapa a la lógica mercantil, donde Malena esgrima el amor sin límites por sobre el dinero; Marcela, empujada por su precaria situación económica, decidirá ceder a su hijo y evitará toda situación de contacto con el bebé que la coloque en situación de encariñarse efectivamente con él.


Por otro lado, si tomamos la figura de quién sería el supuesto padre, que debería encarnar la ley del límite al Deseo voraz de la Madre que deje al niño como un puro objeto mercancía, vemos que lejos de funcionar como freno, será el proveedor del capital que asegure la transacción.  Es así que Mariano (Claudio Tolcachir), el esposo de Malena, será convencido por el Dr. Costas e interrumpirá su viaje de negocios para presentarse fugazmente en el lugar con el dinero requerido.
El director muestra claramente cómo se modifican y pervierten los lazos sociales y familiares, cuando éstos no pueden escapar al discurso capitalista, que transforma todo, incluso un bebé; en una mercancía y empuja a los sujetos a quedar reducidos a ser consumidores.
Interesante será la escena donde las dos mujeres discutan cuando Marcela se niegue a salir del hospital con el bebé en brazos como el protocolo lo estipula. Marcela increpará a Malena diciéndole: “Es injusto, ¡los ricos tienen todo!” Posición donde Marcela imagina en “la mujer rica” un goce todo, que no es tal, del cual se siente privada y que por lo tanto envidia. Con su negativa a cargar en brazos al bebé, Marcela buscará de algún modo quitarle ese supuesto goce absoluto.
Los obstáculos que Malena encuentre durante su viaje en la ruta de tierra colorada, serán metáfora del tortuoso camino que deberá atravesar en pos de la realización de su deseo. Y a la vez los planos abiertos,  donde en el auto queden solamente Malena y el bebé llorando indefenso, rodeados por la vegetación selvática o  en medio de un ecosistema semi-desértico,   marcarán  tanto el sentimiento de desamparo de los personajes, como también servirán para crear un clima de tensión en la narración.
Si nos enfocamos en el título, “Una especie de familia”, aludiría a un cierto tipo particular de modalidad de hacer familia, que no se constituiría bajo el modo clásico, donde como producto de un lazo amoroso entre dos personas advendría un hijo, sino aquellas que se constituyen por oferta del mercado legal (alquileres de vientre) o clandestino (como en el caso que nos ocupa).
La última realización de Lerman es valiente al adentrarse en esta temática controvertida y poco explorada por el cine argentino. La película está bien llevada por Bárbara Lennie y Daniel Araoz. A nivel narrativo, el film funciona mejor hasta la primera mitad, donde se delinean más claramente las motivaciones de los personajes y el conflicto ético de Malena; y en la secuencia final, que despierta cierta tensión en ese último derrotero de Malena que nos llevará hacia una suerte de justicia poética.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Una especie de familia